Todo periodista que en los últimos 20 años haya pasado por la redacción de un diario mendocino la conoce. Ella, avasallante y glamorosa, subida en sus tacones, con minifalda y llevándose por delante a cualquiera que osara interponerse en su imparable carrera como periodista de policiales: desde un jefe, hasta un abogado, juez, fiscal o policía. Catherina Gibilaro es, fue y será implacable para trabajar. Una sola palabra la define: apasionada. Tanto que trabajó con el mismo entusiasmo y tenacidad desde el primer día hasta el último, antes de jubilarse: el 31 de marzo. Sin embargo, la Cather no se ha ido, ni se irá mientras haya un policial para cubrir. Seguirá pululando en la redacción de su querido Diario UNO. Su historia es un vendaval de anécdotas, tantas que es difícil sintetizarlas. Aquí algo, una muestra apenas de su frondoso trabajo como la única jefa de Policiales de este diario durante 24 años.-¿Cuándo llegaste a la Argentina desde tu Italia natal?-Vine cuando tenía 10 años. Estudié en Córdoba, en la escuela Ítalo Argentina Leonardo Da Vinci, después estudié en la Escuela de Periodismo El Centro de la República, porque no había facultad de periodismo. Después se creó en Río Cuarto. Dependía del Arzobispado de Córdoba y de los Lores Martínez, que eran los dueños del diario.-¿Tuviste hermanos?-Uno, que falleció; era decano de la Facultad de Ciencias Políticas en Córdoba. Él tenía un hijo que ahora vive conmigo, es como mi hijo. Yo que no tuve hijos. -¿Cómo empezaste a trabajar?-Arranqué trabajando en Télam Córdoba. Terminé siendo jefa de la sucursal, que es la segunda en importancia en el país por el movimiento de noticias. En 1976 había sólo tres mujeres en el país: la de Ushuaia, la de Posadas (Misiones) y yo, en Córdoba. Tenía 29 años. Pasé a ser jefa de la agencia, con 5 personas a cargo. -¿Pero te fuiste a Italia?-Sí, en 1980 me envían a Roma como corresponsal. Ahí me toca cubrir la noticia policial más importante de mi vida: el atentado a Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1981. A las 17.19. Eso no me lo puedo olvidar aunque quiera.
-¿Cómo llegaste a Mendoza?-Por razones de trabajo de mi marido. Empecé a trabajar en FM Andes, con Juanjo Cuaranda, también viví en San Juan y trabajé en radio Colón y radio Sarmiento. Rony Vargas y Mario Pereyra -conductores de Cadena 3- eran mis compañeros en radio Colón. -¿Te sentías cómoda en cualquier soporte?-En todos, hice televisión, radio y gráfica. Nunca tuve problemas para adaptarme a los distintos medios. La radio es un medio muy querible y familiar para mí. -¿Te gustaría volver a hacer radio?-Me encantaría, porque es un medio sumamente importante, si te dan la libertad de expresión necesaria podés hacer grandes cosas, si te limitan, bueno, es otro tema. -¿Cuándo empezaste a trabajar en Mendoza?-En 1987, en radio Nihuil. Después por razones familiares tuve que dejar. En 1993, que falleció mi madre, un mes después, empecé en Diario UNO. Es toda mi vida el diario. Si vos pensás que son 24 años de la vida de una persona, es toda una vida. Yo recuerdo con amor a la agencia Télam, pero del UNO estoy enamoradísima. -¿Siempre en policiales?-Sí, y en 1993 ni se pensaba que una mujer podía hacer policiales. No estaba en la mentalidad mendocina eso. Don Alfredo Vila me dijo, "Gibilaro, usted venga para acá que va a ser la nueva jefa de Policiales".-¿Desde cuándo fuiste jefa?-Empecé siendo jefa de Policiales en febrero de 1994 y dejé de serlo el 31 de marzo de 2017. Fue una decisión del entonces director, Alejandro Gómez y de don Alfredo Vila, que confió en mí para esa tarea. Lo que más llamaba la atención en Mendoza era cuando llegábamos a hacer una cobertura de policiales dos mujeres, porque en esa época yo salía mucho con la fotógrafa Florencia Manganelli. Llegábamos a las 12 de la noche a cubrir un asalto a mano armada. Con Manganelli tenemos cientos de anécdotas, imposible contarlas todas.
-¿Con qué periodistas trabajaste?-Con Juan Quibar, José Luis Verderico, Salvador Moncada, Ariel Cubells y Rosana Villegas, con la cual tuve el gusto de trabajar 10 años extraordinarios. Para mí fue la mejor periodista que tuve, lejos. -¿Eras como una maestra de policiales?-A ellos les enseñaba qué era lo que quería para la sección, nunca quise chabacanerías, no me gustaba que se utilizara la palabra "caco" para hablar de un ladrón. Esa terminología nivela para abajo. -¿Qué priorizaste, tu vida personal o el trabajo, en este tiempo?-Increíblemente yo estaba doble turno. A la mañana estaba en tribunales, después cruzaba la vereda y entraba al diario a las 3 de la tarde, y me quedaba hasta las 23. Mi hogar quedó muy postergado. -¿No tuviste problemas por eso?-No, porque gracias a Dios tuve un compañero que entendió mi pasión. Lo que siento por el periodismo es pasión malsana, como digo yo. -Siempre se notó tu pasión profesional, parecía que tenías el amor intacto por la profesión.-Me lo dijo uno de los editores, Gustavo De Marinis. Una de las últimas notas que fui a cubrir fue el homicidio de una mujer justo frente al multimedio. Yo decía: "Si no hay auto vamos a pie", después nos fuimos con El Siete, cruzamos y nos fuimos. De Marinis me dijo: "Catherina, son las 11 de la noche y nunca vi tanta pasión para trabajar, ojalá que todos la tuvieran". -¿Siempre fuiste así, desde el comienzo?-Yo tengo un poquito de carácter fuerte. Lo reconozco. Y a lo mejor eso implica ser muy exigente. Pero para mí dos páginas de policiales, y ergo para el diario, eran una responsabilidad. Quería lo mejor. -¿Qué te llevás de los años de profesión?-Mucho cariño de mis compañeros, cuando me fui me hicieron una despedida, y hasta me llamaron dos corresponsales de San Rafael, a los cuales los volvía locos, exigiéndoles más y más. "Tal noticia no merece 10 centímetros, escribí más, mandame 30cm por lo menos", y lo hacían. Ellos me despidieron también y con mucho amor.
-¿Te hubiera gustado ser directora, editora, otra tarea dentro del diario? -¡No!, nunca. No quería dejar de hacer policiales, era mi pasión. Y lo sigue siendo. Yo soy callejera. Sinceramente. Si me tuviera que definir me definiría como una periodista callejera. Dentro de una redacción me muero, me angustio. Nosotras con Rosana Villegas nos peleábamos para ir a cubrir las notas, fijate el nivel de pasión que había para una sección que, mal que les pese a algunos, es una de las más importantes del diario. Esto me lo dijo un jefe que tuve: "El diario se lee de atrás para adelante". -Objetivamente, policiales es una de las secciones que más se leen.-Por eso, esa sección había que mantenerla con temas importantes, y esos temas no se encuentran dentro de una redacción ni sentados en un escritorio. Se encuentran en la calle, en las historias que se escuchan en los pasillos de tribunales. Hay que "pasillear". El edificio de tribunales lo he recorrido por completo, lo he "pataconeado" de una manera extraordinaria. -¿Vos siempre transmitiendo desde el lugar de los hechos?-Siempre, he trabajado en la madrugada, con lluvia, con frío, calor. Daba igual. Lo importante era estar ahí.-¿De qué casos te acordás más? Que te hayan conmovido. -Todos los casos policiales me conmueven. Detrás del aspecto que puedo dar de persona dura, es un escudo. He llorado muchas veces en los móviles, de regreso de los casos que cubrí. -¿Alguno puntual?-Recuerdo dos hechos imborrables para mí. En 1993, en Chapanay, un padre degolló a sus cuatro hijitos e intentó suicidarse. Fui con Gustavo Parra, que era el fotógrafo. Me tuvo que sostener porque estuve a punto de desmayarme cuando vi que sacaban a los chicos de la casa. Otra vez que me conmoví realmente fue cuando mataron a una embarazada frente a su hijo de un año en el persa. Ahí hasta el jefe de la Policía, Juan Carlos Caleri, lloraba. El bebé se agarraba de la pierna de su abuela mirando a su mamá muerta en el suelo. Después con mi marido íbamos a llevarle juguetes para el Día del Niño. Me partió el alma ese pequeño. -¿Cuál fue, entre todas, la noticia que rescatarías, desde que entraste en Diario UNO?-En el 2000 fueron hallados los restos de un avión de Lancastrian -llamado Star Dust- perdido en 1947. Esa primicia mundial fue de Diario UNO, y tuve la suerte de cubrirla. La gente que realizó el rescate nos proporcionó un rollo fotográfico en el que se veían imágenes impresionantes, sobre todo por el grado de integridad de los cadáveres. La recuerdo porque la nota del Lancastrian provocó que Diario UNO fuera conocido a nivel mundial, fue un orgullo para mí.



