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Con el corazón partido entre Italia y Argentina, este inmigrante forjó su patrimonio con trabajo y esfuerzo desde joven. Fue un bodeguero visionario.

Quién fue Pascual Toso

Luciana Moránmoran.luciana@diariouno.net.ar

La habilidad para los negocios lo acompañó desde su llegada a Mendoza, en 1884. Al igual que Bautista Gerónimo Gargantini, con quien más tarde se asoció, los saberes que trajo desde Italia acerca de cómo elaborar vino iniciaron un camino brillante.

La firma Toso, que hoy mantiene sus bodegas en Guaymallén y Maipú, nació justamente de la sociedad entre Pascual Toso y Gargantini.

Era 1890. San José fue el lugar elegido para fundar la empresa. Dos hermanos de Pascual –Juan y Sebastián– se sumaron al emprendimiento al igual que el concuñado de Gargantini, Juan Giol.

La sociedad se mantuvo por unos años, hasta que Giol y Gargantini decidieron crear su propio emprendimiento vitivinícola. Los hermanos Toso quedaron solos. Al poco tiempo, en 1904, murió Juan y, en 1907, Sebastián decidió separarse de la empresa familiar.

A partir de ese año, Pascual quedó a cargo de la bodega de San José junto con su esposa, Catalina Albertolli, con quien tuvo siete hijos: Clotilde, José, Juan, Alberto, Aldo, Elena y Hugo. Todos fueron enviados a estudiar a Europa, excepto Clotilde y Hugo, quienes murieron a corta edad.

Desde abajo

Pascual nació el 24 de octubre de 1859 en un pequeño pueblo del Piamonte italiano llamado Canale d’Alba. Sus padres eran agricultores y de ellos aprendió acerca de viñedos. Luego de terminar sus estudios secundarios, a los 25 años decidió viajar a América, donde Mendoza fue la latitud que lo inspiró para volcar toda su fuerza.

En un principio trabajó en un molino. Su escaso sueldo apenas lo dejaba vivir. Mientras tanto aprendió español a la perfección y se arraigó en Cuyo. Años después de vivir con privaciones, todo comenzó a ir mejor y se hizo bodeguero de lo que luego fue La Germania. Al mismo tiempo se dedicó a importar vasijas de roble para añejamiento. Allí floreció su suerte, como relata Jaime Correas en su libro Historias de familias.

Guaymallén fue el departamento en el que Toso tuvo su trabajo inicial y su primera bodega, y también el terruño en el que se convirtió en un hombre de prestigio entre los vecinos.

Además de dedicarse a la elaboración de vinos, tuvo una vida social activa. A fines del siglo XIX organizó una milicia armada de inmigrantes italianos para defender a Argentina si continuaba agravándose el conflicto limítrofe con Chile. Afortunadamente, su grupo nunca debió luchar.

La expansión

Luego del fallecimiento de su hermano José y de que Sebastián se abriera del emprendimiento familiar, Pascual apostó a ampliar el negocio. En Barrancas, Maipú, construyó otra bodega, que llamó Las Barrancas.

Por esos años también apostó a la apicultura. Compró un campo de 1.300 hectáreas en San Carlos, donde llegó a tener más de mil colmenas, convirtiéndolo así en el colmenar más grande de la provincia en aquella época. En esas tierras también se dedicó a la ganadería.

En 2001, la bodega de Toso, que por esos años seguía en manos de descendientes de Pascual, apostó a la elaboración de vinos de alta calidad, tarea que se continúa realizando hasta hoy. Reconocida internacionalmente, Bodegas y Viñedos Toso ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales. Sus productos llegan a más de 30 mercados, ya que la segunda gran expansión de la empresa –después de la hecha por Pascual cuando levantó la bodega en Maipú– fue la apertura a la exportación desde 2000.

El terruño

Si bien Toso echó raíces en Mendoza, tenía la costumbre de visitar todos los años su pueblo natal, donde poseía una casa de veraneo. En Turín también tenía otro inmueble. En una de sus visitas, Pascual donó lo necesario para construir el hospital que hoy lleva su nombre en Canale y sus descendientes ampliaron esa generosidad donando la propiedad que usaban para vacacionar. Por esto, Pascual Toso recibió el nombramiento de Caballero de la Corona. En uno de sus paseos a Europa, Pascual murió. Fue sepultado en Italia. Era 1929 y estaba por cumplir 70 años.

En Mendoza, además de la bodega que lleva su nombre, una calle en su querido Guaymallén y la escuela Nº1-330, ubicada en el carril Barrancas, Maipú, le rinden honor.

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