Por Gonzalo Poncegponce@diariouno.net.ar
Así lo señalan especialistas en educación. Las estrategias y programas se centran en los chicos con problemas de aprendizaje. En cambio, los alumnos que tienen un nivel más alto desperdician su potencial.
No hay en Mendoza escuelas o institutos para niños con capacidades superiores
Abril, 2012. La cúpula de la Dirección General de Escuelas (DGE) planteaba los lineamientos para toda la gestión en conferencia de prensa. El enfoque presentado apuntó a una educación de calidad que sostuviera a los chicos con problemas de aprendizaje y sobreedad. La titular de la cartera, María Inés Abrile de Vollmer, señalaba que se ampliaría la cantidad de aulas de recuperación y habló de programas de aceleración y clases personalizadas, que en los últimos años han mostrado buenos resultados.
Sin embargo, cuando se le consultó acerca de qué se hace por aquellos chicos que muestran un rendimiento superior a la media, Vollmer reconoció como una “falencia del sistema” su atención. “Es un punto que deberíamos desarrollar también”, dijo.
Hoy no existen instituciones educativas de gestión pública o privada ni programas que se dediquen exclusivamente a chicos que sobresalen del resto.
No se trata sólo de superdotados, la categoría máxima y menos frecuente. Existen al menos otras dos categorías: los precoces y los de capacidad elevada, que suelen abundar en los distintos grados.
“En algún momento asesoré al colegio Norbridge, que tenía un proyecto muy interesante. Pero se diluyó cuando comenzaron a funcionar cursos más numerosos. En Mendoza hay escuelas con muy buena calidad educativa, pero que sean exclusivamente para talentos especiales no”, sostuvo el psicopedagogo Alejandro Castro Santander.
Sin embargo, el Norbridge tiene un programa destinado a chicos con altas capacidades (ver aparte).
Castro Santander dijo que los alumnos con estas características no tienen otra opción que asistir a una escuela masificada que termina cercenando las posibilidades de crecimiento. Y que a la inversa sucede con los chicos que tienen problemas de aprendizaje y se los exige más para que encajen con la media. “Yo lo llamo el síndrome de Procusto”, señaló.
En la mitología griega Procusto era un posadero que ofrecía alojamiento a los viajeros solitarios. Cuando dormían, los ataba y amordazaba. Si el hombre era muy alto para la cama, cortaba sus extremidades. En cambio si era muy bajo los descoyuntaba a martillazos para que se adaptaran a la cama. Curiosa y clarísima comparaciónMónica Matilla, doctora en psicopedagogía, señaló coincidentemente que las nulas propuestas para chicos de Mendoza que están por encima de la media marcan una clara tendencia a nivelar para abajo.
“Generalmente estos talentos se adormecen en el sistema, terminan sus estudios primarios y secundarios de taquito y se pierde un potencial enorme”, analizó.
Ahora bien, determinar que un chico (por lo general a los cuatro o cinco años) tiene capacidades superiores no es fácil. Siempre hay que recurrir a estudios profesionales (ver infografía).
Una vez que se establece que ese chico tiene capacidades especiales superiores comienza un camino que debe ser acompañado por los docentes de la escuela y los familiares.
“Los docentes deben dedicarse a estos chicos de manera diferenciada, como lo hacen con aquellos que tienen problemas. Pero es un tema complejo porque en las escuelas hay un número elevado de alumnos, con características diversas, realidades diferentes y es difícil llevar a la práctica lo que se plantea”, resumió Cecilia Sayavedra, directora del Profesorado Universitario de Educación Primaria.
Ante la ausencia de ofertas para aquellos chicos que piden más en un esquema de educación mezquino para sus posibilidades, no es mala idea buscar actividades extraescolares.
A esta altura los padres comienzan a preguntarse si tener un hijo talentoso no es tanto o más complicado que uno con problemas de aprendizaje.
Los especialistas consultados por Diario UNO contestaron afirmativamente con una sonrisa.
En este caso es importante seleccionar muy conscientemente qué actividades son las más convenientes para estimular la inteligencia superior de los chicos, pero sin sobreexigirlos.
“No es nada fácil porque, al igual que los test científicos, no sólo hay que tener en cuenta las habilidades clásicas como leer, escribir, sumar y restar sino también la inteligencia emocional”, subrayó Castro Santander.
Matilla agregó: “Los papás deben descubrir qué cosas son las que les interesan a sus hijos y buscarles actividades alternativas. Salir un poco del aprendizaje de idiomas, por ejemplo, y probar con otras opciones artísticas, sociales o deportivas para evitar que estos chicos se aíslen, algo muy común”.