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Pablo Montalto (19), quien recibió varios golpes en la cabeza en el interior de un una disco, dialogó con Diario UNO. Dijo que prácticamente regresó de la muerte.

"Milagrito" le pusieron en el hospital al joven que fue agredido en un boliche

Por Juan Manuel Porollijmporolli@diariouno.net.ar

Milagrito. Así le pusieron de apodo enfermeras y médicos del Hospital Central a Pablo Montalto, el chico de 19 años que fue golpeado en varias oportunidades con una botella en la cabeza, dentro de un boliche, el 29 de julio.

, y luego de haber estado al borde de la muerte, sentado en el sillón de su casa admite que no recuerda detalles de lo que pasó esa noche.

“Tengo referencias de mis amigos, que me contaron. Pero, de la nada, este chico me pegó en la cabeza con una botella de champán, intenté cubrirme con el brazo y me hizo un profundo corte. Después de eso, recuerdo que me arrastré hasta el baño para intentar limpiarme y después me desvanecí”, relató Pablo.

-¿Y qué te dijeron que pasó ahí?-Ahí fue cuando apareció el Turco (Martín Mafauad), quien fue el que me ayudó. Primero me aplicó un torniquete en el brazo para parar la hemorragia y llamaron a una ambulancia, pero no venía. Cuando llegó, era un utilitario que no podía hacer traslados. Nadie me quería llevar. Entonces, el Turco se puso las manos en el corazón y las balas en el pecho, y no le importó nada, y en su auto me llevó al Hospital Central. Si hubiera llegado diez minutos más tarde, no contaba la historia. Así me dijeron los médicos.

-¿Pudiste verlo al Turco después de ese día?-Hoy (por ayer) tuve la oportunidad de darle las gracias personalmente. Él me salvó la vida y eso nunca lo voy a olvidar. El domingo quedamos en un asado y, después, ir juntos a misa. Porque la verdad es que me di cuenta de que la fe mueve montañas.

-¿Sabés por qué te agredió?-Sinceramente, no tengo problemas con nadie. No sé por qué lo hizo, pero vino por atrás y me pegó con una botella. Ni siquiera de frente me encaró.

-¿Que harías si te lo cruzaras?-No le diría nada. Pero prefiero no cruzármelo al que me pegó, porque no sé cómo reaccionaría.

En el living de la casa del barrio UTMA, en Villanueva, Guaymallén, también está el padre de Pablo, Daniel, quien asegura que vivió uno de los peores momentos de su vida.

“A las 4 me sonó el teléfono y me decían que Pablo había tenido un accidente. Me dijeron que no era nada grave. Pero cuando llegué al hospital me di cuenta de que el panorama era otro”, cuenta Daniel.

Y sigue: “Cuando le hicieron estudios, me dijeron que tenía coágulos en la cabeza y que debían operarlo porque si no, moriría. Pero a la vez me decían que corría riesgo de muerte en la intervención también. Salió muy grave, y cuando terminaba el domingo me dijeron que no pasaba la noche. La situación era crítica. Los órganos se estaban quedando sin oxígeno y me dijeron hasta cómo iba a morir esa noche. Sólo lo podía salvar un milagro”.

Y eso fue lo que finalmente ocurrió: en sólo tres días ya mostraba grandes signos de mejoría y ocho días después fue trasladado de terapia intensiva a intermedia.

“Nos dijeron que podían quedar secuelas, pero nada de eso ocurrió y desde ese momento le empezaron a decir Milagrito o el chico del milagro. No podían entender cómo en poco más de una semana había recuperado todas sus fuerzas”, cuenta Daniel.

En lo referido a la causa en sí, el fiscal Gustavo Farmache, de la Fiscalía de Menores Nº3, es quien lleva a cargo la investigación, ya que el agresor es menor de edad. El padre de Pablo aún no radica la denuncia oficialmente, aunque se actuó de oficio y comenzaron las declaraciones de los testigos. 

La verdad al desnudoLa agresión que recibió Pablo Montalto plantea dos preguntas que debería responder el actual director de Diversión Nocturna, César Maturano.

La primera es ¿qué hacía el chico en ese boliche, ya que los menores tienen prohibida la entrada? Y la segunda, y más importante: ¿dónde estaba el servicio de emergencias con el que, por ley, deben contar los boliches?Otra: ¿por qué Montalto no fue trasladado en ambulancia?

No hace falta hacer un gran trabajo de investigación para darse cuenta de que la noche de Mendoza está fuera de control. Las taquillas no cierran a las 2.30 como deberían, ni la barra a las 4.30.

También es cierto que la Dirección de Diversión Nocturna cuenta sólo con 15 inspectores para cubrir todos los boliches que tiene Mendoza.

La otra pata de la mesa son los padres. ¿Saben éstos lo que hacen sus hijos cuando salen? Sin dudas, empezar a aplicar la ley serviría de ejemplo para poder hacer frente a esto, que no va por buen camino

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