Por Enrique Pfaab
SAN MARTÍN– Nadie habla abiertamente de ellos y la pregunta: “¿Sabés si acá hay?”, será respondida con otra pregunta: “¿Por qué preguntás?”. Después de muchas consultas a personas y de mucho tiempo dedicado a asegurar anonimato, finalmente, todos aceptaron una verdad ineludible: hay “caranchos” en los hospitales del Este, como los hay en todos los de la provincia. Hay personas dedicadas a detectar potenciales clientes que puedan necesitar los servicios de un abogado. Para llegar antes y primero a la víctima se contactan con personal del hospital, con policías y con cualquiera que tenga contacto directo y frecuente con una emergencia. Hasta con los periodistas.
Empecemos con el ON, lo oficial, lo que se puede decir abiertamente.
Gustavo Patti, director del hospital regional Alfredo Perrupato, convoca a su oficina al asesor legal y después acepta dar muy pocas precisiones. “Esto es como las brujas: todos decimos que no existen pero que las hay, las hay”, bromea y acota: “La versión de la existencia de los “caranchos” en los pasillos es algo que siempre existió, pero es de difícil comprobación... La salud pública es donde operan estos personajes porque aquí llegan todos los accidentes”.
Víctor Sosa, el vicepresidente del Colegio de Abogados y Procuradores de la Tercera Circunscripción Judicial y vocal titular del Concejo de la Magistratura por el Colegio Federal de Abogados, dice: “El Colegio viene bregando por el ejercicio responsable y ético de la profesión. Por ese motivo repudiamos la utilización de tarjeteros y de este tipo de personajes denominados “caranchos”, para lograr clientela. Hay diversos actores en la emergencia: los médicos, los enfermeros, los policías y todos pueden estar colaborando con algún estudio jurídico para contactarlos con posibles clientes”.
En OFF , la verdadera historia
El carancho es un ave carroñera. Vuela en círculos sobre algún animal moribundo que, allá en el suelo, busca la última bocanada de aire y espera el milagro. El carancho es como el buitre, el cuervo, el chimango, pero también como el hombre. Si no, basta con recorrer los pasillos de los hospitales públicos.
“Quédese tranquilo. El estudio jurídico para el que trabajo no se mete con los médicos, ni con el hospital ni tampoco con el Estado. El objetivo son las compañías de seguro”, dijo tranquilizador el “carancho” que actualmente tiene mayor actividad en el Perrupato.
Hoy este hombre se mueve por los pasillos del hospital como si fuera uno más, pero tiene prohibido en el ingreso a las salas de internación y administrativas. Sin embargo, se las arregla para obtener datos de allí. Antes, hace como 15 años, un antecesor suyo trabajaba directamente en la secretaría de Traumatología de donde extraía y fotocopiaba las historias clínicas y radiografías que le parecían interesantes al estudio para el cual trabajaba. Cuando fue detectado por las autoridades, fue sacado del hospital y fue trasladado al Área Departamental, pero no recibió otra sanción.
“Lo vi personalmente. El mismo estudio jurídico y el mismo traumatólogo que actuaban en la zona Este también captaban gente en Guaymallén y se ayudaban para ubicar domicilios con personal policial”, reconoció un empleado del hospital.
El actual “carancho” recibe suculentas comisiones por cada caso que lleva al estudio, después de que la Justicia resuelve los porcentajes indemnizatorios. A su vez el “carancho” les da un porcentaje, si es necesario, al médico, al enfermero, al cuidador de pacientes, al policía o a quien le haya hecho el contacto con el familiar de la víctima, que terminó contratando los servicios del estudio.
No es ilegal, pero no es ético. Para resolver esta modalidad la única forma sería que el propio Estado, en estos lugares a los que concurren las víctimas de alguna emergencia, las asesoren gratuitamente, y les aclaren cómo y de que manera pueden ejercer sus derechos y garantías, eligiendo siempre libremente a quien pueda representarlas mejor.
“Yo lo sufro en carne propia. Por año me llegan no más de 15 accidentes de tránsito de poca gravedad, mientras que hay estudios que en el mismo período trabajan sobre 100 o más casos de mucha gravedad en donde se maneja mucho dinero”, reconoció un abogado de la zona Este.
Allí están los “caranchos”. Aquí, guardados, están sus nombres y las direcciones de los estudios para los que trabajan. No delinquen, no vulneran la ley. Sólo sobrevuelan sobre el moribundo, el que necesita ayuda, no para ayudarlo, sino para comérselo.



