Por Alejandro Gamero
La jueza de Familia de Tunuyán María Lizán todavía no digiere la cruda novedad de haber sido suspendida por el Jury de Enjuiciamiento. Afirma que no lo puede creer ni tampoco puede entender qué es lo que le reprochan de su trabajo.
Enérgica y a la vez angustiada, brama a los cuatro vientos que el caso de la entrega en adopción de una menor de 4 años por el que se la cuestiona “no tiene errores y el expediente es un ejemplo de cómo se debe trabajar una adopción en la Justicia de Familia”.
Indignada por la encrucijada que debe atravesar, Lizán contraatacó: consideró una barbaridad que se sospeche de un comercio de menores y concluyó que está a las puertas de un Jury por las acciones de la jueza Susana Barrigón.
Se defendió resaltando que, al momento de las irregularidades, ella estaba de licencia y recordó que Inspección Judicial de la Suprema Corte no encontró ninguna anormalidad en el caso. Por eso, no entiende que la Sala Administrativa de la misma Corte la haya denunciado.
En diálogo con Diario UNO, Lizán junto con su abogado, Daniel Sosa Arditi, dieron sus argumentos.
La mujer exclamó: “No puedo creerlo ni encontrar la falla en mi conducta para que se me haga este Jury. Todas las mañanas me levanto pensando en eso y no puedo hallar un error. El expediente es un ejemplo de cómo se lleva un caso de adopción en Familia”.
Y continuó: “He revisado esto millones de veces y no puedo entender lo que pasa por la mente de algunas personas. Acá parece que estuviéramos hablando de una banda o no sé de qué, porque desde el principio se instaló la idea de que hay plata de por medio. ¡Eso es una barbaridad!”.
Lizán sentenció: “La vergüenza que ha pasado mi familia por esto, a mi hermano le tuvieron que llamar la ambulancia cuando escuchó un reportaje en el que se habló de plata por un niño. ¡Es muy triste y muy grave, y no es cierto! No soy tan inmoral como para jugar con la vida de un niño”.
–Todo este caso está cuestionado por una irregular visita en la que se llevó a los actuales adoptantes al hogar para conocer a la niña antes de que se los eligiera.
–Las irregularidades que este Jury ha puesto de relieve ocurrieron cuando yo estaba de licencia porque mi madre se había quebrado la cadera.
–¿Pero usted se enteró de la visita que la jueza Susana Barrigón hizo con los adoptantes para ver a la niña?–Me enteré cuando volví de la licencia. Me lo informó el titular de DINAF, le pedí que lo hiciera por escrito e hicimos un acta. Nunca se ocultó.
–¿Y está bien lo que hizo la jueza Barrigón o está prohibido?–Cuando uno conoce a la doctora Barrigón, sabe que ella puede hacer esas cosas, son criterios. Yo trato de no tomar contacto con los inscriptos en la lista de adoptantes hasta tanto se presenta una situación de un niño que esté en esas condiciones.
–¿Y por qué ella sí lo hace?–Es su forma de manejarse, yo no puedo hablar por ella (por Barrigón). Yo no lo hubiera hecho, porque tengo muy claro cuál es mi función como juez. El hogar es manejado por DINAF y yo sí puedo ir a visitar a los niños que están a cargo de mi juzgado.
–¿Y puede ir con los inscriptos de la lista de adoptantes a mostrarles niños antes de que sean elegidos?–¡Ah nooo, no! Yo no hago eso.
–Pero el caso de esta niña era suyo, usted tenía que resolver la adopción y la doctora Barrigón hizo esta visita. ¿Le dio ella alguna explicación?–Es que para ella está bien lo que hizo. Qué sé yo, que DINAF o que el Jury se lo cuestionen es un problema del Jury, de DINAF y no mío.
–¿Cree que esta conducta, este accionar de Barrigón arrastró a usted y a la jueza Adriana Rodríguez al Jury?–Aunque parezca loco, creo que sí. Y con la jueza Adriana Rodríguez podríamos haber hecho algo, pero nos denunciaron penalmente a todas de inmediato.
–¿Que hayan inscripto adoptantes de Buenos Aires no fue irregular?–Yo no los inscribí, lo hizo Barrigón, pero no hay irregularidad porque lo que se exige es que tengan residencia en el lugar y ellos tenían domicilio en Tunuyán. Su situación estaba bien.
Una madre abandónica y una nena en problemas
“Voy a reivindicar todo lo que se hizo porque he trabajado muchos años con esta familia. Hemos tenido una paciencia infinita para que esta mujer, esta mamá, pudiera conservar a sus hijos, pero ha sido imposible”.
Así se refirió María Lizán a Sandra Barroso, madre de la menor de 4 años que la jueza entregó en adopción en diciembre de 2011 y cuyo caso provocó su suspensión en el cargo luego de que Barroso junto con su abogado particular denunciaran penalmente a la magistrada y a otras dos juezas, Adriana Rodríguez y Susana Barrigón.
Barroso tuvo ocho hijos y no pudo mantener a ninguno con ella. Todos están en adopción, guarda o con su abuela.
Lizán señaló que “por la incapacidad y negligencia para ejercer el rol de mamá, se hizo imposible dejarle a la chiquita que ella misma dejó”.
Destacó que “la menor estuvo casi un año internada, los informes periciales dieron cuenta de su mal estado. En la primera visita con los adoptantes se aferró a ellos”.
“Los peritos y la asesora de Menores aconsejaron avanzar en el proceso y la mamá nunca la reclamó”, dijo.



