Por Pablo Abeleira
Juventud y militancia son palabras que caminan de la mano y que encabezan el glosario de la política contemporánea argentina. Instaladas en el colectivo social, suelen vincularse a la esfera de agrupaciones afines al Gobierno nacional.
Pero al margen de aquella afinidad las juventudes partidarias opositoras intentan llevar a la sociedad un mensaje diferente del que propone el kirchnerismo.Desde la denominada derecha, con representación en la juventud demócrata y la nueva corriente PRO mendocina; pasando por la Juventud Radical, con fuerte arraigo histórico; hasta la lucha de la izquierda, todos pujan por instalar sus ideas a través de su vínculo con la sociedad y, en especial, con los jóvenes.
Tradición radical
Por historia, la Juventud Radical es uno de los espacios más importantes. De inmediato, los jóvenes ligados al radicalismo intentan diferenciarse de las agrupaciones K alegando su pertenencia a la organización de un partido nacional.
“Nosotros no tenemos un referente, no respondemos puntualmente a dirigentes. Contamos con una organización interna a nivel nacional: tenemos presidente, vicepresidente, secretarios y tres delegados en cada provincia”, asegura Leonardo Encina, actual secretario de Derechos Humanos del Comité Nacional y delegado por Mendoza de la JR nacional.
Afiliado a la UCR desde los 18 años, Encina dice: “Los jóvenes radicales podemos compartir posturas, porque somos militantes políticos, pero no nos consideramos soldados de nadie. Un soldado acata órdenes sin mayores discusiones y eso es centralismo democrático. El nuestro es un espacio que permite discusiones. No está bueno que a los jóvenes se les dé el lugar de soldados de un dirigente o una gestión”.
En los últimos días, la juventud radical tomó protagonismo luego de presentar una denuncia penal contra María Inés Abrile de Vollmer, titular de la DGE, tras la irrupción de La Cámpora en varias escuelas de la provincia. “La medida que tomamos es única en todo el país y fue una denuncia contra el adoctrinamiento. Y lo hicimos los jóvenes, lo que es una clara muestra de que podemos llevar a cabo acciones concretas que nos vinculen con la sociedad”, rescata Encina.
Los jóvenes de la JR son parte de un proceso de renovación por el que pasa el radicalismo en todo el país y del que se sienten protagonistas. “Nuestro desafío es la innovación. Tenemos que instalar en el seno del radicalismo ideas y debates que tengan más relación con los tiempos que corren”, cierra el joven dirigente.
La segunda fuerza
Estos tiempos encuentran a la Juventud Socialista de Mendoza reposicionada políticamente, tras la confirmación del Frente Amplio Progresista (FAP) como segunda fuerza política nacional. “El socialismo ha tenido un crecimiento sostenido, anterior y posterior a octubre del año pasado. Aún así, entendemos que la mayor participación de los jóvenes se da en organizaciones no políticas, como las ambientales y las redes solidarias”, dice Sebastián Melchor, integrante de la mesa ejecutiva nacional del FAP.
Según Melchor, los jóvenes que se suman a la JS tienen plena conciencia de las contradicciones del Gobierno nacional. “Nos damos cuenta de que la mayor parte de los trabajadores sin condiciones estables en el ámbito laboral somos nosotros, los jóvenes. Nos damos cuenta de que existe un relato de la juventud maravillosa que se aleja bastante de nuestra realidad y consideramos que en Argentina hay muchas cosas que se pueden cambiar”, asegura Melchor, quien se refiere a la JS como un espacio de construcción en el marco del diálogo y la democracia.
Para la JS, la irrupción de agrupaciones K en las escuelas está ligada al derecho a votar de los chicos de 16 años. En este espacio no niegan la existencia de la política en las escuelas. “Nosotros creemos que hay instancias de convivencia democrática que se deben fortalecer. A los chicos hay que permitirles participar a través de sus representantes. Pero la irrupción de La Cámpora no es positiva, porque se confunde el interés del Estado con el partidario”, concluyó.
Al lado del trabajador
La izquierda joven de Mendoza se hace visible toda vez que una huelga o una manifestación social gana las calles. Allí, levantando banderas rojas, los jóvenes del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) se muestran en favor de reclamos que creen justos.
Candidato a gobernador por el PTS en octubre de 2011, Nicolás Del Caño valora la fidelidad de los jóvenes de este espacio para con los trabajadores y asegura: “Los van a ver junto a los sindicatos, los obreros vitivinícolas y junto a todos aquellos que luchan por condiciones de igualdad”.
El PTS es un espacio claramente de izquierda y sus jóvenes cuestionan las gestiones que se encuentran en manos de agrupaciones vinculadas tanto al radicalismo como al kirchnerismo. “La verdadera alternativa está por fuera de estos partidos que históricamente ocuparon posiciones de poder y ejecución. Nosotros peleamos para que los trabajadores tengan real representación en un marco democrático”, afirma Del Caño.
Un punto importante de diferenciación respecto de otras facciones es el hecho de que los dirigentes del PTS no ocupan cargos en el Estado. “Estamos en contra de la militancia rentada, algo para lo que las juventudes radicales y kirchenristas son hábilmente utilizadas”, remarca el dirigente del PTS.
Para el PTS, los jóvenes son una pieza clave en busca de un cambio social que encontraría en el marxismo una herramienta para combatir lo que consideran el estadío más salvaje de un sistema capitalista que atenta contra los derechos de los trabajadores.
El PRO también crece
Llevan tres años de militancia y están comprometidos con la estrategia que posiciona a Macri como candidato a la presidencia en 2015. Son los Jóvenes PRO, que hace poco abrieron una sede en calle Agustín Álvarez.Aunque tildada de “gorila”, la juventud macrista se autodefine “de centro” y apunta al trabajo social. “Llevamos odontólogos y nutricionistas a barrios carenciados. Queremos devolverles a los jóvenes una sonrisa momentánea”, afirma Gustavo Senetiner, presidente de Jóvenes PRO Mendoza.
Desde este espacio, comparten la militancia en las escuelas, pero se alejan del adoctrinamiento. “Los chicos nos identifican, pero no vamos con insignias. Vamos a apoyarlos en las materias que les resultan difíciles y organizamos paseos. Pero no bajamos ninguna línea política”, aclara Senetiner.
Apertura demócrata
Con fuerte raigambre demócrata, a principios de año nació Actitud Positiva: un movimiento que encuentra su referente político en la figura del diputado nacional Omar De Marchi (PD). La amplitud es el concepto bajo el cual este espacio de centro ha decidido ir en busca de los jóvenes. “No somos anti-K, somos un espacio de construcción que levanta las banderas de la libertad, el federalismo y el respeto por las instituciones”, señala Álvaro Martínez, secretario general de Actitud Positiva.
Con la premisa de abrir el juego a otras facciones políticas, en Actitud Positiva participan jóvenes demócratas, radicales y peronistas, entre otros. “Los jóvenes estamos reclamando discursos alternativos. Queremos escuchar menos confrontación y más construcción. Ese es nuestro objetivo”, cierra Martínez.



