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La versión local de la organización que lidera Milagro Sala recibe fondos de la Nación y gestiona a través de 22 cooperativas. Desde Lavalle se expandió a nueve departamentos. Tiene seis mil militantes.

La Tupac Amaru hizo 341 casas en un año y apuesta a la política

Por Cecilia Osorio

“El año que viene vas a venir acá y vas a ver que las viviendas se duplicaron”. No es una expresión de deseo. Es la realidad que tejió en Mendoza la agrupación barrial Tupac Amaru, que la líder Milagro Sala creó en Jujuy y replicó en el país.

Los tupaqueros convirtieron la copa de leche en ladrillos y luego en trabajo, consiguiendo adhesiones allí donde, según ellos entienden, el Gobierno estaba ausente.

Cualquier agravio queda chico cuando las cifras hablan: en un año la Tupac sumó 341 casas en Mendoza (pasó de tener 72 a 413) y expandió su presencia desde Lavalle hacia 9 departamentos, gestionando barrios para sí mismo o vinculándose con uniones vecinales y trabajadores rurales a los que les ayudan a canalizar su necesidad.

El trabajo territorial se fortaleció a tal punto que hoy aspiran a ser un partido político de cara a las elecciones legislativas de 2013. La organización cuenta con 6.000 militantes en la provincia (más de 70.000 en el país), cifra que la habilitaría para consolidarse como fuerza política a nivel nacional.

El mecanismo es eficaz y levantan viviendas en menos de cinco meses. Su capacidad de gestión es actualmente inagotable y en breve duplicarán las construcciones: 417 viviendas sociales más ya fueron aprobadas por la Nación y están en circuito de pago, por lo que comenzarían a edificarse el año que viene.

“Nos vienen a buscar grupos vecinales, que tramitan desde hace tiempo sus proyectos sin resultados. Y siempre les decimos: Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires, bueno, nosotros vamos a buscarlo a Buenos Aires”, dice Nélida Rojas (57), referente de las delegaciones que hacen pie en territorios inhóspitos o en asentamientos.

La Nación los avala

“El trabajo de Milagro molesta, porque nosotros hacemos sin tener nada”. Así es como Nélida responde a los agravios que surgieron, esta vez, después de un informe difundido por el periodista Jorge Lanata, quien reunió algunas denuncias contra la agrupación.

El Programa Federal de Integración Comunitaria, que depende del Ministerio de Planificación, que comanda Julio De Vido, es la piedra fundamental sobre la que actúa la Tupac Amaru. Se despliega a través de 22 cooperativas de trabajo –empezaron con 5– ya autorizadas por el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social.

En cada departamento hay una de estas organizaciones que puede trabajar con 16 obreros. Aunque, como explica Rojas, dada la expansión que tuvieron se les permitió tener 80 trabajadores por cooperativa, si éstos se dividían en distintas obras.

Nélida Rojas explica el procedimiento: “Armamos un expediente con el Municipio (factibilidad, luz, agua, etcétera) para la Subsecretaría de Vivienda de la Nación. Enviamos la documentación al IPV que la verifica y solicita el financiamiento. El subsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda, Luis Bontempo, aprueba la cantidad de casas solicitadas”.

Los terrenos son en general fiscales o se compran a privados con fondos que la Municipalidad tiene destinados para sectores vulnerables.

“¿Por qué a ellos sí?”, se le pregunta al director de Viviendas de Lavalle, José Blanco: “Su fortaleza es estar organizados, no sólo para gestionar sino para construir. También depende de cada Comuna que destine los fondos para comprar tierras”.

La Tupac accede a los materiales por compra directa, lo que al decir de Nélida Rojas les permite encontrar buenos precios y ahorrar para otros proyectos como la fábrica textil, jardines maternales y hasta una pileta.

Todo para el barrio“Si el Estado está ausente de las necesidades sociales, alguien se tiene que hacer cargo”, deja en claro Rojas. Y mientras comparte un mate con los vecinos aclara que lejos están de la violencia que muchas veces les adjudicaron: “Violencia es que Lavalle tenga el más alto nivel de mortalidad infantil, que la gente pase hambre”.

“Todo se vuelca al barrio”, añade una colaboradora de Rojas, mientras mujeres y hombres siguen atentos a sus máquinas de coser. En dos meses, las 45 personas del barrio de Villa Tulumaya que allí trabajan confeccionaron 3.000 guardapolvos y una cifra similar de ropa de trabajo.

Es que otra de las leyes propias de la Tupac Amaru es que la dignificación de los sectores desprotegidos no sólo llega con la vivienda, sino también con el trabajo y la educación.

Por eso los adjudicatarios de las casas aprenden a construirlas y se ganan el sustento y el oficio, a la par del techo. Además de capacitar a los hombres y mujeres para que aprendan a coser o a edificar, pueden acceder a programas de terminalidad educativa. 

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