Por Paola Alé
Se encuentra en Cacheuta y no tiene mantenimiento. Tras idas y venidas, se supo que el Gobierno pretende restaurarla. Allí fue donde el gobernador presentó a sus principales funcionarios.
La residencia veraniega del gobernador acumula medio siglo de olvido y saqueos
Se trata de una propiedad ubicada sobre la central hidroeléctrica de Cacheuta. Dicen que se usaba como casa de verano. Nadie sabe a qué ministerio pertenece. Tiene 100 años, ha pasado la mitad de su existencia desocupada y es víctima de permanentes saqueos.
En medio de la precordillera, una casa solitaria se inclina hacia el río Mendoza, completamente desmantelada. Ya casi no queda nada de su antiguo esplendor, ni siquiera las persianas de madera que resguardaban su interior del viento de la montaña. Su brillo de antaño se fue perdiendo conforme el olvido de los dirigentes.Un capítulo aparte merece la incierta posesión de la casona abandonada. Consultados acerca de quién debería hacerse cargo de la restauración y puesta en valor de la propiedad, los comunicadores oficiales protagonizaron una suerte de comedia de enredos interminable.
La gente de la Dirección de Patrimonio fue el primer eslabón en esta cadena de desentendidos. En esta repartición aseguraron no tener ni siquiera conocimiento de la existencia de tal edificio. La segunda estación fue el Ministerio de Turismo. Allí hubo otras idas y vueltas. Finalmente, el dato obtenido fue: “Le pertenece a la Secretaría de Deportes”. En esta repartición no existía dato alguno al respecto de la “casa fantasma”, a esta altura. “Es de Turismo”, aseguraron. Otra vez la dirección de las preguntas viró hacia la cartera que dirige Javier Espina. Allí la subsecretaria, Verónica Sottano, dijo que existe una idea de restauración, de esta y otras casas oficiales, pero no dijo cuándo, cómo, ni tampoco qué harán con la de Cacheuta. Si bien Turismo parece ser la repartición pública responsable de la vivienda, sigue existiendo una contradicción, ya que el jefe de la Inspección Potrerillos aseguró que esta pertenece al Ministerio de Infraestructura. En definitiva, nadie sabe a ciencia cierta a quién le pertenece la mansión “fantasma” y quiénes son los responsables de que la provincia no la pierda para siempre.