Mendoza Domingo, 4 de diciembre de 2016

La fiscal que incineró su carrera por no saber manejar Facebook

Publicó en la red social fotos suyas de sus vacaciones en Brasil cuando estaba con 10 días de licencia por una lumbalgia aguda. Negligente en el manejo de la popular red, terminó autoincriminándose. Lleva 26 años en la Justicia y está en edad de jubilarse

Una cuenta de Facebook en poder de una persona grande es tan peligrosa como poner un arma en las manos de un niño. Sus múltiples prestaciones que chiquillos y adolescentes aprovechan al 200% casi sin mirar son una verdadera amenaza para los mayores de 40, amanecidos a la vida, en los tiempos de la TV en blanco y negro. Esa amenaza latente para los que desconocen las mañas de las redes sociales, fue lo que sepultó a la fiscal correcional Anabel Orozco, ya conocida popularmente como la fiscal viajera.En su afán de hacer lo que le da la gana, en su picardía ventajera, en su impunidad por vacacionar en Brasil valiéndose de un parte médico, terminó prendiéndose fuego a lo bonzo cuando decidió reflejar su felicidad brasileña en el concurrido Facebook.De hecho, el escándalo no se supo por los organismos de control del Estado sino por obra y gracias de la red social más popular.O mejor dicho, para ser justos y no quitar méritos, fue gracias al cándido clic de la magistrada, chispazo virtual con el que incineró su cargo, su carrera y su imagen pública, hasta ese instante desconocida y ahora amplia y negativamente conocida.Así es la era de las redes sociales de incomprendido y subestimado poder. No alcanza con la viveza. Las redes exigen reflejos y conocimiento.Rompió todas las marcasLa fiscal Anabel Orozco cuenta a partir de ahora con un récord sin precedentes: será la primera magistrada de Mendoza expulsada de su cargo por las redes sociales.A esta altura, lo que hagan con ella, el Jury de Enjuiciamiento o el gobernador Alfredo Cornejo, quienes tienen la llave legal de su salida de la Justicia, ha quedado en el ámbito de la formalidad. Las horas de Orozco están contadas, porque atada de manos para remontar el escándalo, ya presentó su renuncia sin siquiera intentar reincorporarse al trabajo. Le resta esperar si Cornejo acepta su dimisión, o la rechaza y deja correr el juicio de destitución ya impulsado contra ella por su propio jefe, el procurador Alejandro Gullé. El ojo del Gran HermanoLas redes son así y no hay retorno. Son el ojo del Gran Hermano, que ni siquiera está en manos de un oscuro y tirano psicópata como en aquella vieja novela futurista de George Orwell llamada 1984, llevada varias veces al cine.Mucho peor, está en nuestras manos. Todos tenemos nuestro propio Gran Hermano (nuestra cuenta en las redes), con el que reflejamos y publicamos nuestra intimidad con insoportable frescura y a voluntad.Todo esto a puros clics, tan rápidos como un gatillo y con una infinita capacidad de disparar posteos al muro con la efectividad de un proyectil.En eso andaba la fiscal Anabel Orozco cuando vacacionaba con sus amigas en Brasil bajo el velo de un certificado médico por lumbalgia aguda. Hacía tiro al blanco con fotos propias a su muro de Facebook, usando estas simpáticas armas virtuales. Así , sin ni siquiera notarlo, se disparó virtualmente a la cabeza. Tanto no se dio cuenta que tuvo resto para volver al país, extender la licencia médica otros 10 días e irse a jugar un torneo de bridge a Potrero de los Funes, en San Luis.Y otra vez volvió a chocarse con la tecnología al aparecer, sonriente y relajada, disputando la competencia de naipes, delatada por una foto que cualquier teléfono puede tomar, porque los teléfonos, como las redes sociales, también cambiaron y poco tienen de teléfonos. Hoy son mucho más que eso, son cámaras fotográficas, procesadores de texto, componentes de música, radios portátiles, son computadoras de mano conectadas a las redes. La ignorancia o la desidia en el manejo de la herramienta, como les gusta decir a los informáticos, estrelló a la fiscal contra su propio cargo.Las colgó y las borróRadiante, Orozco subió en su muro de Facebook las fotos de su maravillosa estadía en Brasil y lo hizo sin que su cuenta tuviera filtro alguno para quien ingresara a verla. Mucho menos previó colocarlas en un grupo cerrado de amigos que blinda cualquier intromisión ajena.Claramente Orozco no tiene idea del tema y sus pasos posteriores delataron como siguió golpeándose en la cabeza con la herramienta.Dos días después de haber posteado las imágenes en el vecino país, que fueron furor en la red y también en los medios, su cuenta aún seguía generosamente accesible para cualquier mortal, amigo, enemigo o neutral que quisiera ojearla. Incluso su primera reacción ante el revuelo no fue blindar la cuenta con un filtro, que era lo previsible. Al contrario, ni siquiera se le ocurrió. Atinó, en cambio, a eliminar rápidamente las fotos de las vacaciones que la incriminaban, con lo cual quedó a la vista de todos que podían seguir viendo su muro de Facebook que las había sacado después del escándalo. Conflicto de poderesComo nunca antes, una magistrada acababa de generar con su inconsciente clic una crisis de Estado entre el Poder Ejecutivo y el Judicial que ella integra. La conducta de Orozco disparó quejas justificadas y prejuicios exacerbados del Gobierno y la clase política contra la Justicia. Lo supieron los mismísimos jueces de la Suprema Corte, cuando el gobernador Alfredo Cornejo les recordó en público (tras entronizar a José Valerio como juez del tribunal) que de vez en cuando una sanción a los que violan los reglamentos en el Poder Judicial no vendría nada mal aunque sean magistrados.Los ministros del máximo tribunal siguieron los comentarios del gobernador con gesto adusto y protocolar mientras, quizás, pensaban en la doctora Anabel. Hasta que Cornejo, por las dudas, les puso el ejemplo con nombre y apellido, citando el caso de la fiscal viajera, y animándose a sugerir que Orozco ya habría hecho antes lo mismo bajo sus propias narices, o aún peor, que no es la única que se vale de esta práctica.Por la ventanaMuchos pares de Anabel Orozco aún hacen un esfuerzo por entender cómo fue que la fiscal tiró su privilegiada posición de magistrada por la ventana. Es que la fiscal viajera, que hoy tiene 64 años, lleva 26 en el Poder Judicial. Conoce al milímetro lo que se puede hacer y lo que no, los códigos de los doctores y lo carísimo que se paga un descuido cuando este queda públicamente en evidencia en la tapa de los diarios. Ingresó como fiscal a la Justicia en 1990, en los años en que se llegaba allí por padrinazgo político, portación de apellido y además capacidad ya que no existía el Consejo de la Magistratura ni el concurso para acceder al cargo. Orozco cumplía todos los requisitos. Su capacidad no se cuestionaba, su padre, William Orozco, había sido un histórico dirigente peronista y un respetado abogado de la matrícula en los pasillos del Palacio Judicial. Como si fuera poco, su marido, el eminente neurocirujano infantil Carlos Pesce, quien falleció en agosto pasado, era hermano de Félix Pesce, ministro de Gobierno en los '90 e histórico funcionario del peronismo hasta el año pasado. Esas referencias le valieron el ingreso a la Justicia, porque el justicialismo tenía el poder para nominar desde el Poder Ejecutivo y para aprobar su pliego en el Senado. Ya en la Justicia, Orozco cumplió con su rol de fiscal sin descollar pero con eficiencia y practicidad según los que la conocen: "Era muy práctica para investigar y llevar a juicio las causas y eso en una fiscalía correccional es fundamental", recordó un allegado que prefirió el anonimato. Su puesto no era para brillar sino la mismísima trinchera donde a diario llueven delitos menores de cualquier pinta. Fuera de su labor, en los tribunales era conocida por su irresistible adicción a las vidrieras, su encantadora cortesía cuando decidía desplegarla, como también su insoportable jactancia al hacer valer su condición de magistrada para poner distancia. El instante fatalEl momento y la oportunidad que hace más de 20 años la entronizaron como magistrada hoy la descabezaron sin piedad.Así como llegó a la Justicia cumpliendo todos los requisitos, los formales y los informales, que pesaron en el momento indicado en que se presentó, ahora se irá de la Justicia porque caerá en el medio de una dramática disputa político judicial entre el Poder Ejecutivo y la Corte por la cabeza de algún magistrado.Anabel no tiene salvación por evidenciar una conducta propia de un estudiante de secundario y no de un magistrado que hace justicia. Se convertirá en la ocasión ideal para que los que tienen que decidir su suerte den el ejemplo y manden un mensaje al resto. Y esa decisión será justificada e indiscutible porque la principal testigo contra Orozco es ella misma... y su Facebook.

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