Insólito, impensado, desopilante, un hecho sin precedentes: el flamante juez del máximo tribunal de Justicia de Mendoza, José Valerio, indignado porque no les daban espacio para trabajar a sus asesores jurídicos (según versiones de su propio entorno), estalló de bronca y armó un inesperado e histórico piquete en la mismísima Suprema Corte de Justicia.
Lo hizo allí, en el pasillo común y blindado al público, que comunica los despachos de los siete jueces de la Suprema Corte mendocina.
Allí, donde se respira protocolo y reverencia, donde los miembros del tribunal que conviven a diario buena parte de sus vidas se tratan, sin excepción, de usted y de doctores.
Atrincherado en ese sagrado ambiente de tránsito que utilizan los doctores y sus asistentes, está instalado con su escritorio José Valerio desde el lunes pasado.
Contrariado, el supremo sacó todo el mobiliario de su despacho y lo instaló en el fondo del pasillo de la Suprema Corte de Justicia, donde trabaja a la vista de todos.
Valerio hizo vaciar la oficina y les cedió su despacho a los tres relatores (cuya tarea es confeccionar resoluciones y sentencias) que trabajarán para él de ahora en más.
La razón de tal medida es que los relatores no tendrían asignado el espacio físico adecuado para desempeñar sus tareas como el resto de sus colegas.
La protesta de Valerio es contra la Sala Administrativa que gobierna la Suprema Corte, responsable de asignar los espacios para el trabajo.
Desde la presidencia del máximo tribunal no se han referido a los acontecimientos. Tampoco lo ha hecho Valerio, a pesar de los intentos de Diario UNO para contactarlo.
Pero se trata de un hecho, no un rumor. Los allegados al supremo en protesta han confirmado lo que está ocurriendo.
Algunos referentes de la Corte admiten avergonzados en off el escandalete y aseguran que el nuevo ministro del tribunal se ha extralimitado, teniendo en cuenta que empieza la feria judicial en enero.
Perturbados, los jueces del máximo tribunal tratan infructuosamente de que él desista. La novedad corrió a la velocidad de la luz, ganó la calle y es la comidilla judicial del año.
No hay modo de que pase inadvertido para los abogados, funcionarios del Poder Ejecutivo, del Legislativo y los empleados judiciales que tuvieron que ir a la Corte esta semana
Una vez que ingresaban, se encontraban, para su sincero asombro y sin alcanzar a entender lo que estaba pasando, con el juez José Valerio sentado a su escritorio, al fondo del pasillo, trabajando fuera de su despacho.
Un arribo conflictivo
Desde el entorno del juez José Valerio apuntan a la Sala Administrativa de la Corte y a los supremos que están vinculados al peronismo, a quienes acusan de ponerle palos en la rueda, apenas ingresado.
Un incidente previo se habría vivido antes de Navidad. El nuevo supremo solicitó a la Sala Administrativa los cargos para nombrar a sus tres relatores.
Pero los miembros de la sala integrada por el radical Pedro Llorente y los referentes del peronismo, Omar Palermo y Julio Gómez, se habrían demorado más de la cuenta en habilitar las designaciones, que según los conocidos de Valerio, eran intencionalmente bloqueadas para que no pudiera desempeñar su tarea.
La situación llegó a tal punto que en una comida previa a la Navidad, el juez Valerio les planteó a sus pares que si no le designaban los relatores saldría a denunciarlo a los medios.
Siempre adictos al bajo perfil, los supremos le habilitaron las tres designaciones hasta que los nombrados llegaron a trabajar y vino lo peor: "No había espacio físico para ellos", asegura gente del radicalismo.
Fue entonces que el flamante supremo hizo su primer acto en la Corte y clavó un insólito e histórico piquete en el mismísimo tribunal, dejando flaco el espíritu navideño. Quizá las vacaciones de enero puedan encarrilar el escándalo.
Disconforme. Valerio estaba enfadado con la presidencia de la Corte por la demora en el nombramiento de sus relatores, encargados de confeccionar sus resoluciones.
Solución. El problema se resolverá cuando los relatores del juez tengan un espacio laboral que satisfaga al magistrado, definición que podría tener que esperar hasta febrero del 2017.
La disputa política que viene detrás de su designación
El inesperado desplante del juez José Valerio con un piquete de protesta en la Suprema Corte de Justicia es el primer incidente grave de una disputa político jurídica que ya estaba anticipada antes de su llegada pero que los observadores políticos y judiciales imaginaban en los expedientes judiciales y no en la convivencia.
La llegada de Valerio tiene por meta abrir una dura batalla en la Sala Penal cuya pulseada será cómo se deben interpretar y aplicar las leyes contra el delito.
La misión de Valerio fue encargada por el propio gobernador Alfredo Cornejo, quien públicamente explicó que su elección tiene como meta frenar los criterios garantistas del juez Omar Palermo, a quien le achacan los males de la histórica puerta giratoria de entrada por salida del delito.
Palermo preside hoy la Sala Penal, que la completa el juez Mario Adaro, quien se las arregla para no quedar atrapado ni entre los garantistas ni los mano dura, pero como es peronista y fue puesto ahí por el justicialismo, como Palermo, el Gobierno asume que en principio Valerio está en minoría.
Esa batalla jurídica de cambiar los criterios sobre cómo se castiga el delito es una confrontación larga y de caballeros que no dará resultados de inmediato, muy lejos del estilo de protesta que ha inaugurado Valerio el lunes pasado.


