En la Mendoza del siglo XIX, la llegada del 9 de Julio –como del 25 de Mayo– marcaban un antes y undespués en la monotonía y en el aspecto de la ciudad, las villas y los parajes. Durante la semana
perfecta para beber y apostar fuerte, y pasar horas guitarreando tonadas y bailando cuecas y gatos. El antecedente de los bodegones fueron las antiguas casas de chingana o parranda, que parafuncionar necesitaban la autorización de la autoridad, que duraba un año, durante el cual sehabilitaba a expender bebidas alcohólicas, alimentos y hacer música, bailar, cantar y jugar en ellocal. En cambio, para los bodegones la autorización se limitaba a unos días –como la fiesta por laIndependencia–, aunque los rubros que ofrecían eran los mismos. Los bodegones se levantaban en los baldíos y otros sitios desocupados de la ciudad, lasvillas y los pueblos rurales. El folclorista local Alberto Rodríguez destacó en especial los de lacalle Larga (hoy Pedro Molina), la Carrodilla (Luján), la Plaza de El Matadero (luego del terremotode 1861, donde estuvo el Cabildo y hoy se encuentra el Museo del Área Fundacional) y en particularlos de la plaza Independencia, "con pretensiones de mayor jerarquía social, porque en ellos habíafuegos artificiales y banda de música. Con tonadas, cuecas, gatos y habaneras, con versospicarescos y ágiles zapateos con densa polvareda de humo y de tierra, con aguardentosos gritos delos animadores". Alcohol, comilona y juegos Debido al poco tiempo que funcionaban, estos locales se construían en forma muy ligera,generalmente con techos de ramadones, con una sola puerta de acceso o dos en caso de funcionaralgún anexo. Pero eran muy grandes, ya que daban espacio a buena cantidad de bebedores, por lo cualtenían muchas mesas y sillas, sobre las que corrían vino, chicha y pichanga (tipo de vino), y asadocon cuero, empanadas o cazuela, entre otras típicas comidas cuyanas. También había mesones de juego y bancos para el descanso de madres e hijas. Ese mobiliario seubicaba de tal forma que dejaba un buen lugar para el sector principal: la pista de baile. Emperijiladas para bailar El movimiento en la pista se iniciaba con la llegada de los guitarreros y cantores, queatraían al público: estaban los que serían protagonistas de la fiesta o espectadores. Estos últimosacudían en familia "y era de ver aquellas cabalgatas y caravanas que se formaban y en profusiónllegaban, entremezclados hombres y mujeres, viejos y jóvenes, todos con un solo designio:divertirse", describió el historiador local Urbano N. Ozán. Una vez que se colmaban deconcurrentes, se organizaban las secciones del bodegón, que se mantenían en actividad día y noche,con un público que variaba en calidad según las horas. Rodríguez destaca personajes infaltablescomo el "tonto pícaro" o el "curadito". Ozán describió un bodegón al cual fue invitado y adonde entró cuando irrumpían los primerosacordes de una cueca, y las parejas de pie y pañuelo en mano estaban preparadas para iniciar elbaile. "Aquellas criollitas que poco antes habíamos visto descender de sus caballos o de los de susfamiliares o amigos que las conducían en ancas, bien arrepolladas y por cierto, emperijiladas,luciendo sus lindas chapecas trenzadas por los extremos por cintillos patrios, eran precisamentelas elegidas en esas parejas", relató. Entonces, arrancaba la orquesta, conformada por dos guitarras y un requinto (instrumentopequeño de cuerdas). Se unían las voces entusiastas de uno o varios cuequeros, "los dicharachos delos animadores que nunca faltan y los palmoteos de estilo al compás de la música –reseñó Ozán–. Conbien templadas voces de los cantores, arranca la cueca, que es bailada por esas parejitas a tonocon el desbordante entusiasmo impreso por aquel conjunto, o sea en forma impecable, ya por lamaestría criolla de los bailarines ya por su singular elegancia". Hoy los bodegones sobreviven apenas en esos patios de comidas típicas que se organizan paracada 9 de Julio. Aunque son la esencia de las muy concurridas fiestas que anualmente se hacen enLavalle, como la de la Virgen de Asunción o la de las Lagunas del Rosario.
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A diferencia de las otrora “casas de parranda”, los bodegones sólo podían abrirse para ocasiones especiales, como el 9 de Julio.
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La riña de gallos era uno de los atractivos de los bodegones.