Después del informe revelado por UNO sobre la detección de mercurio en el líquido, los responsables de Obras Sanitarias y del EPRE se reunieron con el líder de la investigación de la UNCuyo.

El Gobierno y la UNCuyo acordaron trabajar juntos para detectar focos de contaminación en el agua potable

Por UNO

El Ente Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS) y Obras Sanitarias Mendoza aceptaron el desafío

planteado por el grupo de investigadores que detectó la presencia de mercurio en el agua

potable. Ayer, Gonzalo Dávila, interventor estatal de OSM, y Javier Montoro, titular del EPAS,

escucharon los argumentos de Alfredo Castro Vázquez, director de la investigación, y acordaron

iniciar un trabajo conjunto con el objetivo primordial de detectar posibles focos de contaminación

de los cauces que proveen de agua a las plantas potabilizadoras.

El investigador, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Cuyo y el Conicet,

calificó de "auspiciosa" la primera reunión con los funcionarios responsables del agua potable

después de que Diario UNO difundiera los resultados del estudio que encabezó durante los últimos

cinco años.

"Fue una reunión preliminar a la que Dávila y Montoro vinieron junto a algunos de los

técnicos que trabajan con ellos. El encuentro fue muy positivo. Es la primera vez que hablamos del

estudio con los funcionarios a cargo por parte de la Provincia", consideró Castro Vázquez. Antes de

que se concretara la reunión, el secretario de Ambiente, Guillermo Carmona, dijo estar sorprendido

por los resultados del estudio y adelantó en diariouno.com.ar que le pidió una audiencia al rector

de la UNCuyo, Arturo Somoza (ver aparte).

Posteriormente se produjo el encuentro entre los responsables del EPAS y OSM con el director

de la investigación.

Tras el cónclave, Castro Vázquez advirtió que en adelante se puede hacer un trabajo conjunto

destinado a prevenir el vertido de desechos contaminantes a los cauces. También podría repetirse la

investigación en humanos que cerró la primera etapa del

trabajo

revelado el viernes pasado por este medio.

En ese aspecto, la investigación determinó que seis de 15 personas que consumen habitualmente

agua en dependencias de la Facultad de Ciencias Médicas, en el parque General San Martín,

presentaron niveles de mercurio en el organismo que rayan por encima y por debajo los valores

tolerados. Al mismo tiempo, sobre una muestra de 19 personas que consumen habitualmente agua en la

Facultad de Ciencias Agrarias, en Luján, sólo una presentó alto valor de mercurio.

"Los resultados en humanos no son alarmantes", recordó ayer Castro Vázquez, pero advirtió que

lo ideal sería que no existiera ningún valor de mercurio en el organismo de las personas.

En el primer acercamiento entre el investigador y los funcionarios se puso énfasis

principalmente en la técnica utilizada en el estudio que financiaron la Facultad de Medicina y el

IHEM-Conicet para detectar la presencia de metales en el agua. Los investigadores usaron caracoles

Pomacea canaliculata como biodetectores de contaminación (ver ficha).

La idea primaria sobre la que comenzarán a trabajar los científicos y los organismos

estatales vinculados con el agua potable es la determinación de un punto en el río Mendoza para

someter a estudio en agua mediante la ingestión del líquido por parte de los caracoles. "A los

funcionarios les interesó la técnica y mostraron disposición para aplicarla. Ahora vamos a ver cómo

avanzamos en el futuro", sostuvo Castro Vázquez.

Si nada interrumpe la relación entre los funcionarios y los investigadores, el próximo paso

será la determinación del lugar indicado para tomar el agua de muestra. Otra cuestión a zanjar es

el elevado costo que tiene la última etapa de la detección del mercurio.

Ésta se lleva adelante en el Instituto Balseiro, adonde se someten los caracoles a una

exposición a rayos nucleares. El resultado de ese paso es la presencia o no de metales en el

organismo de los moluscos.

O, lo que es lo mismo, la presencia de metales en el agua consumida por los caracoles

mientras estuvieron bajo la supervisión del equipo científico. Eso impide que los metales sean

ingeridos junto con alimentos.