No será tan lindo y sexy como la puertorriqueña Alessandra Rampolla, pero José Luis Rodríguez es unsexólogo mendocino muy popular y que se lo puede leer todos los sábados en este diario en su
sección "Sexo sentido". Además, tiene un agregado muy especial: es mago.
Rodríguez estudió medicina en la Universidad de Córdoba, pero además es psicoterapeuta yespecialista en sexología clínica. –¿Cuándo descubrió su inclinación por la medicina? –Soy hijo de inmigrante. Mi papá era español y siempre se dedicó a la gastronomía. En mifamilia, por el lado de mi padre, fui el primero que tuve un título universitario. Pero dicen quedesde los cinco años ya decía que quería ser médico, seguramente inspirado en la serie del doctorBen Casey. Después fui a un colegio religioso y en un tiempo pensé ser cura y después dije que no,porque tengo alergia al celibato (risas). Y desde los 17 años me interesé en el tema de lasexualidad cuando encontré en la casa de una tía muy adorada un libro con las tapas forradas. Eselibro era el Informe hite sobre la sexualidad femenina, una socióloga norteamericana entrevistó aun montón de mujeres que contaban sus experiencias y eso me abrió la cabeza... Luego en 1984,comienzó a salir la revista Humor que saca Sex Humor, que en Mendoza estaba prohibida, pero como yoestudiaba en Córdoba la conseguía allá, aquí venía siempre un informe muy serio sobre sexo querealizaba Luis Frontera y este periodista entrevistaba a los primeros sexólogos que trabajaron enel país. Esas secciones aún las tengo guardadas en mi casa. Además, cuando ya estaba recibidoconocí a la médica uróloga Silvia Kraamt, que estaba haciendo un curso de sexología con Juan CarlosKusnetzoff, y ella fue la que me hizo el contacto para que fuera a Buenos Aires a estudiar con él. –¿Hay más hombres o mujeres que consultan? –Empecé a trabajar en 1989, en el Hospital Central y desde ahí que vengo realizandoestadísticas. Los pacientes varones que consultan en su mayoría tienen 35 años, esto es sacando unpromedio matemático. En las mujeres ronda los 33. En esa época era bastante pareja la demanda entrehombres y mujeres. En cambio, en el consultorio privado el 70% eran varones y el 30% mujeres. Loque no quiere decir que los hombres tengan más problemas, pero lo que les ocurre es que cuandotienen un problema no pueden simular una erección. En cambio, la mujer puede simular un orgasmo,aunque a la larga le va a traer problemas. –¿Cuáles son los temas por los que es más consultado? –Los motivos de consulta en el caso de varones mayores de 40 años son problemas de erección yen el caso de los más jóvenes por eyaculación precoz. También asisten por el trastorno del deseoque está muy vinculado con el estrés. En menor cantidad, consultan por eyaculación retardada poranhedonia, entre otros temas. En las mujeres más jóvenes es la anorgamía y en las mayores de 30,por trastorno de deseo. También consultan por el vaginismo, que es una de las causas del matrimoniono consumado, las dispareunias y las fobias sexuales. Cuando vienen a la consulta en pareja, esmucho más fácil trabajar para uno que cuando viene una persona sola. –¿A su consultorio van en igual cantidad heterosexuales como homosexuales? –No. Tengo un 14% histórico. ¿Por qué? Cuando trabajaba en el Hospital Central, que fue enlos albores del sida, empecé a tener consultas de algunos pacientes homosexuales para cuidarsemejor ante la posibilidad de contagio. Así, comenzaban a consultarme sobre algunas de susproblemáticas y comenzó a correrse la voz entre ellos de que en el Central había un tipo con elcuál se podía hablar sin problemas. Así comenzaron a consultarme hombres y mujeres homosexuales porproblemas de pareja, de discriminación tanto en la sociedad como en su propia familia y hasta vinoalgún padre con su hijo para que lo curara. Cuando me fui del hospital ese porcentaje me haseguido. –¿Y por problemas sexuales no consultan? –Lo hacen con menos frecuencia. Pienso que como tienen muy claro que la sexualidad es másamplia y no es reproductiva, sí exploran todas las posibilidades y lo pasan muy bien. Y al teneresa posibilidad de exploración es muy difícil que fallen. Cuando uno está muy preocupado por si sele va a parar, probablemente eso no ocurra y cuando a uno no le calienta, es posible que se lepare. Además, si al homosexual no se le para, disfruta igual, aunque hoy la mayor problemática esla salida del armario: "Si cuento qué soy, a quién se lo cuento". –Hay una pregunta obligada: ¿el sexólogo tiene una mejor relación sexual que cualquier otrapersona o es sólo un mito? –No, es parte de la fantasía. Es una fantasía que suele aparecer en los pacientes y eso es unriesgo. Primero, porque quien consulta puede sentirse disminuido ante una persona que se suponetiene una capacidad amatoria importante. Y, segundo, es perjudicial porque el sexólogo puedeconvertirse en el ideal para algunos y nosotros lo que hacemos es trabajar. Yo siempre insisto conlos pacientes y con mis alumnos universitarios en que para ser ginecólogo no hace falta ser mujer,para ser pediatra no hace falta ser niño y para ser sexólogo no hace falta tener una sexualidadextraordinaria. Hace falta estudiar, nada más. Lo único que uno puede es asumir un miedo de unamanera distinta a otros. No soy el más vivo de la cuadra ni la tengo súper grande. (Risas). –Algo particular que usted tiene con respecto a otras personas y a otros sexólogos es que hacemagia... –(Risas) Soy un aficionado entusiasta a la magia. He leído muchos libros y he visto muchosvideos. Me reúno ocasionalmente con la agrupación Magos sin Galera, que hacen trabajos solidarios,pero por falta de tiempo no puedo participar todo lo que desearía. Ahora, en las fiestasfamiliares, es inevitable hacer algún truquito y en las clases también. –Y cuando tiene relaciones sexuales, ¿hace magia? –(Risas). No, imposible (más risas). –Y por último, ¿lo cargan mucho con su nombre? –Sí, totalmente. Pero ya lo tengo asumido. Es más, cuando me presento ante mis alumnos lesdigo: "Soy José Luis Rodríguez, el Puma". Si no lo digo yo, me lo van a decir ellos. Lo tomo conmucho humor.


