El recorrido, que parecía un simple paquete de agencia turística, arrancó con firme objetivo: convencer a una pareja de porteños de que el vino es rico. El resultado no fue el esperado.

Diario UNO se subió a un tour por bodegas boutique con 17 turistas

Por UNO

Éramos 3 mendocinos y a 17 turistas los que emprendimos un recorrido con degustación de vinosmendocinos. De entrada una pareja de Morón, Buenos Aires, aclaró que no les gustaba para nada

nuestra bebida. Hacerlos cambiar de opinión se convirtió en el principal objetivo del recorrido.

Puntuales, a las 2 y media empezamos (con la guía y el chofer) a recolectar a los turistas

que querían pasar la tarde conociendo y tomando algunos vinos mendocinos.

En temporada alta hay empresas en Mendoza que ofrecen paseos de lunes a viernes y algunos

días una sola empresa moviliza hasta 50 personas. Los recorridos cuestan $65 y te pasean por Luján

y Maipú.

Los primeros minutos del viaje fueron para conocernos. La guía, cual señorita en el primer

día de clases, nos fue preguntando de dónde éramos, si nos gustaba más el tino o el blanco, si

sabíamos cuántas bodegas tenía Mendoza y si estábamos contentos. En la combi había 4 jóvenes

brasileros, una pareja de chilenos (oriundos de Santiago), varios de Buenos Aires (entre ellos los

dos de Morón), 4 marplatenses y una pareja santafesina.

Las dos bodegas que visitamos eran tipo boutique: ambas producen en pequeña escala y exportan

algo del 80% de su producción, mientras que lo restante lo destinan a la venta dentro de las mismas

bodegas.

Después de la primera, la guía debería haber vuelto a preguntar si estábamos contentos... creo

que la respuesta hubiera sido otra ya con algunos taninos encima. En Carmine Granata (Luján) una

guía de unos 23 años nos llevó por piletas, toneles, cavas y escaleritas para finalmente llegar a

la sala de degustación donde probamos dos vinos, empezando por un malbec.

Primero observar el color, segundo el aroma, oxigenar el vino, volverlo a oler. Uno por uno

seguimos los pasos y después los turistas fueron invitados a comprar algunas botellas de recuerdo.

Yo seguí con la vista a los de Morón: nada.

Con los cachetes colorados y la sangre caliente volvimos a subirnos a la traffic para nuestra

segunda parada: Vistandes, en Maipú, que abrió sus puesrtas hace 4 años. Allí conocimos una forma

más moderna de producir vino, con maquinaria de última generación.

Algunos comenzábamos a sentir el mareo. Si bien eran sólo degustaciones ya habíamos tomado 4

vinos distintos, de reserva, jóvenes y viejos, blancos y tintos, de madera, cuero, pera, manzana,

de todo.

Algunos volvieron a comprar botellas y los de Morón de nuevo nada. En nuestro tercer y último

destino, una olivícola en donde nos sorprendimos de qué muchas aceitunas se necesitan para hacer un

litro de aceite, pude toparme de frente con la parejita que volvía de hacer compras.

Venían llenos de bolsas con aceitunas, pimientos, cerezas y botellitas de aceite y antes de

subirse a la traffic alcanzaron a decirme: "esto sí nos gustó" y se rieron.

La misión fracasó completamente, a los de Morón no logramos convencerlos, pero los demás

quedaron con una sonrisa de oreja a oreja.