La imagen es cada vez más nítida. Un elefante destrozando todo a su paso por un bazar de cristalería. Pasa y no le importa el valor de lo que pisa. Es un animal.
Así de simple es la historia del incendio del ECA del 18 de enero pasado: una negligencia tras otra de quienes gestionaron un arreglo de $1 millón para limpiar los vitrales, impermeabilizar la cúpula y mejorar la instalación eléctrica. Rápido y barato. Eficiente y ahorrativo.
Y resulta que en la Secretaría de Cultura compraron con esa plata un elefante, cuyo daño les costará a todos los mendocinos alrededor de $15 millones, para devolverle su esplendor a ese edificio patrimonial.
Mejor no sacar cuentas. Y tal vez la sensación inevitable de que un arreglo más caro, hubiera sido más económico al final del cuento.
Claro que hubo buena intención por parte de Diego Gareca y de su equipo, de terminar con el estado de abandono en el que estaba ese edificio de 1918, construido por el genial Carlos Agote. Pero también es necesario ser profesionales para estar a la altura de las responsabilidades.
Lo hecho, hecho está y entre Cultura y el Ministerio de Infraestructura están aún preparando la licitación para reparar la cúpula del ECA, a imagen y semejanza de lo que fue, pero con técnicas de última generación para darle una larga vida útil. Ahora, la discusión que todavía los entretiene a los funcionarios, es si además de eso, harán por fin una restauración total del Espacio para dejarlo sin riesgo de que se pinchen cañerías o se corte la luz por cables pelados. La cúpula sola costaría unos $8 millones. Por supuesto que nadie en el Gobierno quiere hablar abiertamente del tema, porque es un verdadero dolor todo lo que allí pasó, el por qué pasó y las consecuencias que trajo.
Y una de esas consecuencias es el reclamo de los artistas de la Cofradía Simbolista, que fueron los más perjudicados por el fuego, el agua y el polvo que generó la caída de la cúpula.
Ayer, Mario Calvo y Darío Zana viajaron desde Buenos Aires, junto con su representante legal, la abogada Andrea Cirulli, para encontrarse por primera vez desde el siniestro con sus obras. Fue estremecedor para ellos, tanto que no pudieron esconder en sus gestos el shock. A Calvo, que había prestado varias obras para la muestra, le quedaron apenas un pedazo del paño de su cuadro gigante La escalera; otras tres: El perro, La lámpara y El ágape y la campera hechas jirones y directamente a una quinta, se la comió el incendio. Dos se "salvaron" del fuego, pero están impregnadas de agua.
A Zana no le fue mejor. De seis, perdió 4, entre ellas, la famosa y bella pintura de El Gigante dormido, que ya le pertenecía a un coleccionista privado y la había pedido para la exposición. Por suerte, el resto de la muestra que era integrada por los otros 3 artistas, alrededor de 30 cuadros, están bien y saldrán para Buenos Aires en estos días.
El encuentro fue ríspido, y además de los afectados, estaban presenten la titular del ECA María Laura Tinte, la abogada de Cultura María José Moreno y el equipo de restauradores que habían evaluado los daños desde un principio. Acusaciones cruzadas no faltaron sobre quiénes habían informado que los artistas llegaban ayer, ya que en la escuela Mitre donde se guardaron las obras desde el siniestro, nadie los esperaba. O por ejemplo, que la doctora Cirulli había hecho todo lo posible para que los artistas no vinieran a la provincia. Así transcurrió la reunión de más de 8 horas donde fueron revisadas cada una de las obras, describiendo el original y el estado tras el daño sufrido, ante dos escribanas públicas.
Por ahora, la causa penal y civil continuará, por lo que si la provincia es encontrada responsable de la pérdida de los cuadros, deberá abonar los 4 millones de pesos que demandan los artistas como resarcimiento de su trabajo perdido.
Mejor no sacar cuentas.
