Por Luciana Morán
Instalado en Mendoza desde hace tres meses, Carlitos Nair Menem, hijo del ex presidente Carlos Menem, confesó que le “encanta” la política y que “estaría bueno hacer algo”.
Detrás del mostrador de la concesionaria de motos Zanella que abrió junto a un amigo a fines de mayo en Godoy Cruz, Carlitos, de 30 años, ceba mate. “Me crié con la política. Creo que la política tiene que utilizarse en beneficio de la gente, dejar de pensar tanto en llenarse los bolsillos, porque además tienen un fondo. Pero hoy en día la mayoría de los políticos no tienen fondo en los bolsillos. Pienso que la política es el arma que la gente te da para defenderla y hoy en día es el arma que están usando los políticos para matar al pueblo”, opinó.
Tranquilo y decidido, Carlitos contó a Diario UNO que aún no tuvo propuestas en Mendoza pero sí en Buenos Aires, Formosa –su tierra natal– y La Rioja. Rechazó esas oportunidades porque, aseguró, “hay que enfocarse bien”.
“Presentarse es fácil, pero hacer las cosas no”, reflexionó.
El partido con el que se identifica es el PJ, pero para él “ahora está perdido, porque creo que el que lo llevó a la ruina fue Eduardo Duhalde. El gran destructor del peronismo fue Duhalde. Así también las está pagando, porque no tiene banca, nadie lo votó y perdió el poder político que tenía. Si domina su casa, ya es mucho”.
Mientras maneja la agencia que instaló junto a Flavio Anello, a quien considera un “hermano”, Carlitos confesó que está estudiando Ciencias Políticas en Córdoba, en la Universidad Siglo XXI, actividad que este año quedó relegada por el negocio, pero que piensa retomar lo más pronto posible.
-¿Qué pensás de tu padre como político?-Mi viejo es un animal político. Vive para la política, vivió para la política y lo único que tendría que criticar de él es quizás el entorno en el que él confió. Mi papá siempre fue de dar la vida y confiar mucho. Como buen amigo que es, se la bancó, se bancó críticas y golpes sin llorar. No como hacen ahora, que mandan al muere a todos. Mi papá, callado la boca, se las bancó todas.
-¿Qué pensás del Gobierno nacional?-Hay cosas que me gustan del gobierno actual y hay cosas que no. Pero Argentina necesita un cambio real a nivel político, no sólo con palabras. No se puede decir que una persona come un día con seis pesos. (Risas.) Si partimos de ahí, estamos perdidos. Estoy de acuerdo con la mayoría de las políticas que se aplicaron en los ’90. Hoy se mejoraron cosas, como todo, y es cierto que hay otras que no mejoraron y en las que fuimos para atrás, como el tema de las relaciones con otros países. Si estuviera al mando de este país, no estaría aliándome con Venezuela, con países que quieren encerrar a la gente e ir a un estilo Cuba. Antes estábamos mejor relacionados con Estados Unidos y Europa. Ahora estamos peleados con la Unión Europea por el tema de España e YPF, criticamos a Estados Unidos, vivimos del rencor y las críticas, y estamos aliados con países que, sin desmerecerlos, van cada vez más para atrás, no avanzan y viven del rencor. No soporto escuchar a Chávez. En Venezuela, la gente se está muriendo de hambre y él habla maravillas del país. Con Bolivia tampoco haría una alianza. Evo Morales (el presidente de ese país) llegó adonde está por el narcotráfico. Sin tapujos lo digo”.
Cambio de vida
Carlitos afirmó que en esta provincia formó una “segunda familia” integrada por sus amigos, entre los que están Flavio Anello –su socio– y Gastón Tonga Castellino, con quien también está desarrollando nuevos proyectos.Con su padre en Buenos Aires, Carlitos reparte el tiempo entre viajes a la Capital Federal y trabajo en Mendoza. “Hablo seguido con él. La relación padre e hijo sigue igual a 10.000 o 20.000 kilómetros de distancia. Además ya tengo 30 años, no soy un niño”, dijo.
El hijo del ex mandatario aseguró que la gente ha sido muy amable con él desde que se mudó. “Venir a Mendoza fue un cambio para bien en mi vida. Aparte de conocer gente buena, uno baja los decibeles y se enfoca más en lo que quiere hacer, en proyectos, o apostar en inversiones acá en la provincia. Bajás unos cambios”.
Como buen mendocino adoptivo, Carlitos ahora duerme siesta. “Mi ritmo es levantarme, tomar unos mates y venir a la agencia. A la siesta, como se corta todo, voy a mi casa, duermo y vuelvo a la tarde. Es raro que salga el fin de semana; es más tranqui acá”, evaluó, mientras atendía algunos llamados en el negocio de la avenida San Martín Sur.
Lejos de los medios y las exposiciones, quien supo ser uno de los personajes más polémicos de Gran Hermano reconoció que ahora es una persona más medida, que toma más precauciones. “No creo que a esta altura me meta otra vez en un reality, pero uno nunca sabe... (Risas.) Ya veo que en un par de meses me ven en televisión”, expresó.



