El nacimiento del árbol de Navidad habría que situarlo en Alemania y en la primera mitad del siglo VIII. Cuenta la leyenda que un evangelizador inglés, San Bonifacio, estaba discutiendo con unos druidas sobre el valor sagrado del roble. San Bonifacio defendía que no, y hasta aquí es donde coinciden todas las versiones conocidas. Luego hay variaciones.Una primera versión dice que San Bonifacio cortó un fresno perenne (el Yggdrasil o árbol de la vida) y plantó en su lugar un pino. Otra versión, algo más brusca, dice que San Bonifacio cortó un roble e hizo desaparecer todos los de su alrededor a excepción de un abeto. Ese árbol superviviente comenzó a ser venerado como el abeto del niño Jesús. Y así comenzó una tradición que no llegó a España hasta bien entrado el siglo XIX.Otra leyenda, esta más contemporánea, calcula que el primer árbol de Navidad tal y como lo conocemos nació en Tallín (Estonia) en torno al año 1441. La leyenda en cuestión, una de las muchas que adornan la historia de la ciudad, cuenta que había un árbol en la plaza principal de la localidad. Al parecer, un comerciante soltero comenzó a bailar alrededor del árbol en compañía de varias mujeres y acabaron quemando el árbol. El suceso, lejos de provocar consternación, desató la costumbre de iluminar abetos coincidiendo con la Navidad.


