Un hábito muy extendido entre quienes conviven con gatos puede terminar desencadenando episodios de agresividad imprevistos y difíciles de revertir. Muchas personas suelen utilizar sus propias manos o pies para jugar con el felino cuando es apenas un cachorro, una práctica que parece inofensiva en sus primeros meses de vida pero que guarda consecuencias negativas.
Veterinarios y especialistas en comportamiento animal coinciden en que este comportamiento enseña erróneamente a la mascota a asociar el cuerpo humano con un estímulo de caza o un juguete de ataque.
Por qué nunca debés usar tus manos como juguete de tus gatos
El instinto cazador en los gatos es una conducta natural e innata. Durante las primeras semanas de vida, los gatitos aprenden a canalizar esa energía persiguiendo pequeños objetos en movimiento.
Según un informe especializado de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de California en Davis (UC Davis), el juego brusco y el uso de partes del cuerpo humano como presas provocan que el felino no desarrolle la inhibición adecuada de la mordida ni aprenda a retraer las garras.
Sin embargo, cuando el dueño acostumbra a mover los dedos o pies para llamar su atención, el animal procesa esas extremidades como presas.
Lo que resulta tierno o gracioso con un cachorro de pocos gramos se transforma en un problema serio cuando el felino alcanza la madurez física. Al crecer, la fuerza de la mordida y el filo de sus garras aumentan considerablemente, pudiendo causar heridas dolorosas a los integrantes del hogar.
Además, esta conducta genera confusión en la mascota. Si durante meses se le permitió morder las manos de manera lúdica y repentinamente se lo regaña o castiga por hacerlo, el felino no logra comprender el cambio de reglas, lo que deriva en cuadros de estrés, frustración y respuestas defensivas aún más agresivas.
Cómo corregir este hábito en los gatos
Para solucionar esta costumbre o evitar que se desarrolle, los expertos en conducta felina aconsejan implementar las siguientes pautas de manera constante:
- Introducir el juguete adecuado: toda interacción de juego debe canalizarse mediante un juguete intermediario, como cañas con plumas, pelotas de goma o ratones de tela. Esto permite que el animal descargue su instinto de caza a una distancia segura de la piel del tutor.
- Detener la interacción ante la mordida: si el gato intenta morder o arañar las manos, se debe pausar la sesión inmediatamente, emitir un sonido neutro de desaprobación y retirarse. La falta de atención le indicará que ese comportamiento finaliza la diversión.
- Evitar el castigo físico o los gritos: sancionar de forma violenta a la mascota solo incrementará sus niveles de miedo y ansiedad, empeorando el cuadro de agresividad.
- Enriquecimiento ambiental: brindarle rascadores, túneles o espacios en altura ayuda a que el felino consuma energía acumulada de forma saludable dentro de la vivienda.
En pocas palabras
- Jugar con manos y pies: incorrecto uso de manos para jugar con gatitos genera problemas de conducta.
- Instinto cazador: el felino asocia partes del cuerpo humano con presas, sin inhibición de mordida.
- Corrección: utilizar juguetes, detener el juego ante mordidas y evitar castigos físicos.


