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Fue una bodega que se transformó en cooperativa aprovechando los beneficios que en la época promocionaba el gobierno para quienes lo hicieran. Historia de sus hacedores. 

Historia de San Rafael: La Rafaelense, primera bodega en pasar a ser una cooperativa

María Elena Izuel

Especial para UNO SR

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En Rama Caída, sobre la ruta 143, frente a la calle Gutiérrez, se encuentra ubicada una bodega con una historia muy particular, ya que fue la primera en transformarse en cooperativa, tal como lo pedía el gobierno en 1928.

Originalmente las tierras pertenecieron a Melitón Arroyo, importante propietario de Rama Caída, quien las entregó a Francisco Lodi, suizo- italiano, para que las trabajara. Las tierras eran incultas y éste las desmontó, aró y niveló, para luego dividirlas en parcelas que se fueron vendiendo.

Francisco adquirió una parte de esas tierras, plantó viñedos y cuando estos comenzaron a producir, levantó una importante bodega, donde elaboró durante varios años. En un principio trabajó solo y posteriormente se asoció con Rodolfo Castro Toro, quien era enólogo e ingeniero agrónomo.

Después de unos años terminó vendiéndola para comprar una propiedad más cercana al centro, ya que tenía hijos a los que deseaba enviar a la escuela. El edificio fue entonces adquirido por la Cooperativa La Rafaelense.

Esta cooperativa vitivinifrutícola-agrícola de San Rafael Ltda. llamada La Rafaelense, fue fundada a fines del año 1928, obedeciendo a la propaganda que hacía el Gobierno a favor del cooperativismo y que ofrecía también facilidades para su instalación.

La consigna era fusionarse en cooperativas para poder elaborar, lo que favorecía especialmente a los pequeños productores, la propaganda decía: “Una institución al servicio de los pequeños vitifruticultores”.

En un primer momento tuvieron muchas dificultades a causa de la falta de capacidad de la bodega para la totalidad de la producción de los asociados, pero, desde un principio, habían previsto ampliaciones indispensables que aseguraran buenos resultados para el futuro, lo que fueron haciendo con el paso de los años.

Fue fundada por un grupo de pequeños viñateros y bodegueros, miembros de la Federación Agraria Argentina, entre los cuales se encontraban Santiago Mandrilli, Armando Mexandeau, Isidro Perdigués, Rodolfo Castro Toro y otros, de acuerdo a la ley de Cooperativas N° 11.388.

El objeto de la agrupación en cooperativa fue el de defender sus intereses de la absorción de los grandes elaboradores y obtener, mediante la elaboración en común, beneficios que en otra forma no alcanzarían.

Al servicio de los pequeños

"Con una elocuencia que excluye toda duda al respecto, el desenvolvimiento de la Cooperativa La Rafaelense es una demostración de las ventajas que este sistema reporta a la industria y muy especialmente a los pequeños productores de los distintos ramos”.

Este comentario extraído de La Voz del Sur de julio de 1930, nos indica la importancia que le daban a las cooperativas.

Registraron la marca de vino “Felicitas” y lo vendieron en el interior del país.

El Consejo Administrativo estuvo integrado en la época de su fundación por las personas que se observan en la fotografía del medio: de izquierda a derecha: José Camiletti, Efre Delboni, Santiago Mandrilli, Armando Mexandeau, Arturo Schedegge, Rodolfo Castro Toro (Presidente), Luis Moscardo, Ramón Balmaceda, Atilio Sardi y Joaquín Malanctzky.

En un diario de Los Andes de 1932 salió el siguiente texto.

"Pese a las circunstancias de los años en que le ha tocado actuar, su actividad ha sido de gran provecho para los asociados y el porvenir que espera a esta entidad.

La forma en que actúa es sencilla, pues sus asociados entregan a las bodegas que posee la cooperativa su uva, la que es elaborada en conjunto y una vez vendido el vino se hace a cada uno la liquidación de acuerdo a la graduación y cantidad de producto aportado.

La entidad tiene una bodega propia en Rama Caída, con capacidad para 8.000 hl y tiene además 13 pequeñas bodegas de sus asociados en distintos distritos.

Cuenta con un capital accionario que fue suscripto para su fundación, habiendo posteriormente obtenido la personería jurídica nacional y provincial.

La clientela conseguida está en Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, San Luis, Entre Ríos, Santiago del Estero, La Pampa, etc. La base de un producto puro y sano, asegura a la cooperativa la colocación de su producto, que expende bajo la marca “Felicitas”, a la que se agregaba vino especial para mesa elaborado con pura uva.

El número de asociados ahora es reducido y se espera que al terminar los contratos de la vitivinícola, este aumentará considerablemente, pues muchos han recabado datos al respecto". 

Actualidad

Hace ya muchos años que dejó de trabajar la cooperativa, aunque el edificio se mantiene en muy buen estado y su actual dueño, Domingo Rodríguez, quiere reactivarla.

Aún se lee en la pared del frente de la propiedad el letrero “Cooperativa La Rafaelense”.

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Equipo. El consejo administrativo de la cooperativa (ver nombres en la nota).
Equipo. El consejo administrativo de la cooperativa (ver nombres en la nota).
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Etiqueta. Imagen de una de las etiquetas que hacían para los vinos que produjo la cooperativa, fruto de la unión de muchas voluntades y cuyo producto se vendió en todo el país.
Etiqueta. Imagen de una de las etiquetas que hacían para los vinos que produjo la cooperativa, fruto de la unión de muchas voluntades y cuyo producto se vendió en todo el país.
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Interior. Imagen de un sector del edificio de la cooperativa.
Interior. Imagen de un sector del edificio de la cooperativa.