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Juan José Martínez vino cuando era niño y quedó con su tía porque su padre volvió a España. Trabajó duro en la viña y repartió vino. Fundó una importante bodega. 

Historia de San Rafael: Un inmigrante que pasó de obrero a bodeguero

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María Elena Izuel

Especial para UNO SR

marializuel@speedy.com.ar

Proveniente de España arribó a nuestra región en 1925, cuando era sólo un niño, Juan José Martínez. Había nacido en 1912, en Almería, en Gergal, un pequeño pueblito minero. Vino con su padre Miguel, quien había trabajado en las minas existentes en la localidad, pero como la situación económica en España era muy mala, decidió viajar a nuestro país para mejorar su condición y lo hizo con su hijo mayor, Juan José, el mayor, dos varones más y una niña.

Se radicaron en San Rafael, donde residían algunos parientes que habían viajado años antes. El padre se ocupó en varios trabajos, entre ellos en la construcción del puente ferroviario que se hizo cruzando el río Diamante en Cuadro Benegas, conocido como "Puente Colorado", y también en varias fincas donde se desempeñó como obrero.

Luego, desde España llegó un llamado, pues había problemas con la familia que se había quedado allá, por lo que el padre decidió dejar a su hijo con una tía, en la zona de La Nora, en Colonia Española. Juan José se sintió muy solo y abandonado, su padre no regresó nunca y sus hijos comentan que eso le dolió toda su vida.

Tuvo que trabajar mucho para poder vivir, lo hizo como obrero agrícola.

Cuando tenía 18 años se casó con Encarnación Vargas, con la que tuvo cuatro hijos, el mayor un varón llamado Miguel y tres niñas de nombres Margarita, Encarnación y Carmen.

Don Juan José trabajó muchos años como contratista y en 1936 pudo adquirir una finquita de cinco hectáreas que ya estaba plantada con viñas y tenía una casita.

Cuando plantó su viña, se dio cuenta que la venta de vinos en botellas era muy ventajosa, entonces decidió fraccionar vinos y venderlos embotellados, para ello compraba la bebida a algunos productores en barricas o bordelesas, y luego lo repartía con un pequeño camioncito por la ciudad y los distritos.

Con el dinero obtenido de estas ventas pudo construir una pequeña bodeguita y elaborar sus propios vinos. En un principio la producción era muy pequeña, sólo 13.000 litros, pero con el tiempo la pudo ampliar y llegó a una producción de 1.000.000 litros. Eso fue en 1940, cuando la transformó en una moderna bodega con piletas de hormigón armado, maquinarias eléctricas, zona de tonelería, fraccionamiento, depósito, báscula, taller, en fin todo lo necesario para su funcionamiento. Registró las marcas “El Cuyano” y “Los Coroneles”.

El vino lo vendía en distintos puntos del país y lo enviaba en bordelesas por medio del ferrocarril, cargándolo en la estación Pedro Vargas.

Unos años después adquirió dos fincas más, una en la zona de Los Coroneles de 20 hectáreas y otra en Las Paredes de 30 hectáreas, ambas plantadas con viñas y frutales.

Estableció dos plantas de fraccionamiento en sociedad con otras personas, una en Villa María y la otra en Alejandro, ambas en Córdoba.

Cuando la modalidad de fraccionamiento cambió, ya que se utilizó sólo la botella o damajuanas, el transporte también cambió y se hizo en camiones.

Un gran dolor sufrió la familia cuando en 1965 falleció doña Encarnación y dos años después, en 1967, Juan José, quien murió trágicamente.

Al frente del establecimiento llamado "Las Violetas" quedó su hijo Miguel, ya que al hacer la sucesión le correspondió la bodega, por consiguiente cambió la razón social que pasó a ser Bodega y Viñedos Miguel Martínez Vargas. En los años 70 logró ampliar la bodega para mayor comodidad en el trabajo y se modernizaron las maquinarias.

Pocos años después, por un problema de salud, quedó imposibilitado de seguir con el trabajo y se hicieron cargo sus hijos Miguel Ángel y Carlos Omar. Los mismos continuaron con el fraccionamiento e incorporaron la producción de vinos finos. No sólo acrecentaron la producción propia, sino que adquirieron vinos de traslado en otras bodegas.

La inestabilidad económica de principios de la década del 80 los llevó a contraer créditos bancarios para poder continuar, pero el bajo precio del vino les impidió cumplir con los compromisos, por lo que en 1990 debieron cerrar la bodega, la que quedó habilitada, pero “sin movimiento”.

Actualmente desean volver a reactivarla, sobre todo en la producción de vinos de calidad y reacondicionarla para ser visitada por los turistas dentro del corredor de los caminos del Vino de Los Reyunos. 

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Sucesión. La bodega de Juan José Martínez cambió de nombre cuando pasó a manos de su hijo Miguel.
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Emprendedor. Juan José Martínez comenzó de abajo como muchos de los inmigrantes que llegaron al Sur.
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El Cuyano. Una de las marcas registradas junto con Los Coroneles

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