María Elena Izuel
Especial para UNO SR
Rodolfo Castro Toro nació en Buenos Aires y arribó a San Rafael en 1906. Se había recibido de enólogo y también era ingeniero agrónomo, lo que hizo que rápidamente fuera contratado por los agricultores y bodegueros de la zona.
Melitón Arroyo, vecino de Rama Caída, fue el primero que se interesó en él y le pidió que se hiciera cargo de su bodega “La Primavera”. Estaba ubicada en la intersección de las actuales calles Ejército de Los Andes y La Bodega. Por muchos años a esa zona se la denominó como La Primavera.
El sitio donde estaba la bodega hoy es donde está el Club Rincón del Atuel, y aún pueden verse las marcas de las antiguas piletas.
Para Castro Toro la zona era totalmente desconocida, por lo que significaba un gran riesgo. Había contraído matrimonio con Doraliza Atencio Rosas, quien era maestra y juntos decidieron asumir el riesgo que significaba trasladarse a esta nueva región, que comenzaba a perfilarse como muy productiva.
Era un hombre dinámico, capaz y de iniciativa, por lo que se hizo cargo de la bodega La Primavera y la llevó adelante, ya que Melitón, quien era cuñado y socio de Abelardo Tabanera, había comprado muchas propiedades en Rama Caída, pero vivía casi siempre en Mendoza.
Arroyo fue un personaje de destacada actuación en la política mendocina y hacía esporádicas visitas a su propiedad.
Hasta 1912 vivieron en “La Primavera”, la bodega de don Arroyo.
Doraliza ejercía como maestra en la escuela que había creado Arroyo, que era un ranchito, pero ella quería tener una escuela en su misma casa, con un salón apto para los educandos.
Entre 1909 y 1912 adquirieron tierras en la misma zona, compraron varias hectáreas en las que construyeron una casa de campo con habitaciones amplias y las comodidades precisas para albergar a una gran familia. Así surgió la finca “Villa Dora”.
Un gran parque rodeaba a la casa. También había galpones, corrales, viñas, frutales, era una hermosa finca. Ahí pasaban sus vacaciones los familiares y amigos de ambos, a quienes les encantaba la vida sana que se disfrutaba en ella. A ella trasladó su “escuela”, la que años después se transformó en la actual Escuela Pedro Molina.
Cuentan antiguos pobladores que en la caída de la ceniza en 1932, los vecinos, al no saber qué pasaba, estaban muy angustiados y Dora los invitó a quedarse en su casa, que era más amplia y donde cabían todos; cada uno se llevó comida y ahí esperaron, rezando para que pasara el peligro, que al no saber qué era lo que ocurría, era mucho más tenebroso.
Una vez que terminó de caer ceniza y apareció el sol, cada uno regresó a su hogar.
Progreso
Rodolfo Castro Toro se asoció con Rodolfo Labbé, propietario de la zona, y compraron ganado vacuno y lanar.
Castro Toro trabajó incansablemente por el desarrollo de la agricultura y la industria sureña, fue una persona de gran trayectoria en el departamento y fue designado como Agrónomo Regional de San Rafael.
Se lo consideró el pionero del agro sureño y el Gobierno Nacional lo distinguió con el cargo de Consejero del Ministerio de Agricultura de la Nación.
En ocasión de la visita de una exposición del Ministerio de Agricultura de la Nación, en un tren del Ferrocarril que en la década del '40 circuló por todo el país, donde se exponía una colección de plagas de la agricultura, Castro Toro tuvo a su cargo, junto con el ingeniero Federico Guevara, la tarea de invitar a los agricultores y entidades del medio para visitar la muestra.
Junto con Francisco Lodi se inició como propietario de bodega, pero luego su socio lo dejó para trasladarse a San Rafael y fue cuando Castro Toro, convencido de los beneficios de las cooperativas, inició La Rafaelense, donde fue elegido presidente (historia que se contó en la edición pasada de este diario).
Fue tío del gran pianista Elio Atencio y éste contaba que cuando se diseñó el Parque Mariano Moreno, uno de los pulmones de la ciudad, Castro Toro tuvo gran participación, ya que fue colaborador del proyecto inicial.
Trabajó incansablemente y se jubiló como agrónomo regional.
El Gobierno Nacional, en reconocimiento a su amplia labor, lo designó Consejero del Ministerio de Agricultura de la Nación, tarea que desarrolló hasta sus últimos años.
Falleció en San Rafael durante la década del 50.



