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Como todos los años fui a ver y a escuchar el concierto de Valeria Lynch en el Gran Rex. Un clásico y una ocasión que me permiten disfrutar glorias y ángeles de este exigente medio.

Sin Mordaza | Valeria, la mano que canta

Sin Mordaza

Por Luis Ventura

Como todos los años a esta altura de la temporada, fui a ver y a escuchar el concierto de Valeria Lynch en el Gran Rex. Un clásico y una ocasión que me permiten disfrutar glorias y ángeles de este exigente medio. Una vez más sabía qué canciones compondrían casi todo el fecundo repertorio de esta diva de la canción.

Una vez más me encontré con un montón de luminarias que la siguen con inquebrantable fidelidad. Una vez me emocionó. Una vez más el público la amó envuelto en fervor, pasión y admiración. Una vez más la tuvieron hasta cerca de la una de la madrugada porque no la dejaban ir y le exigían el último bis.

“Valeria vale” contó con los mismos ingredientes de los que programa año a año una mujer que conoce como nadie los secretos y los misterios del corazón, del respeto, del amor y de la música como espectáculo. Con todo lo que eso implica.

Todos sabíamos lo que íbamos a buscar y lo encontramos, pero Valeria no deja de sorprenderte. Porque con su orquesta de 9 músicos, con su coro integrado por 4 cantantes que son baluartes como solistas, con un ballet de 4 bailarines fantásticos, con la pequeña Guadalupe que con sólo 7 años, canta como ruiseñor avezado "No llores por mi Argentina" y te pone la piel de gallina, con ese homenaje sentido hasta la lágrima con "Los Latinos" a Estela Raval y con los 4 finalistas tenores del Soñando por cantar", esta genia del espectáculo hizo cantar y bailar a toda la avenida Corrientes. El Obelisco entró en vibración.

Y lo hizo sin golpes bajos, con una gran generosidad, envolviendo al público con atención personalizada, con un criterio de docencia para que la gente participe y entienda cada tramo del show, con un cambio de vestuario excelso de Leo Nocela, con un sonido sublime, una escenografía hermosa, profunda, grandiosa, con iluminación perfecta. Nada que la gente ni nosotros desconociéramos.

Lo mismo que la manera de cantar de Valeria. ¿De qué quiere que le hable? ¿Usted ó vos querés que te hable de la cantante?... Y lo sabemos, Valeria tiene un registro vocal impresionante. La voz le llega allá arriba, pero después baja hasta el centro de la Tierra, bailotea en sus cuerdas vocales, salta, se ríe, se divierte con tus sentidos. Sus pulmones bombean melodía, armonía, claridad, dulzura, furia. Su garganta modula, frena, arranca, arrasa y. ¡Es la señora Valeria Lynch!

Por eso, este rinconcito de "Sin Mordaza" se lo quiero dedicar a la mano izquierda de Valeria. Para mí, la mano que canta. Y muchos se preguntarán, ¿una mano que cante? Y yo les voy a responder que síííí.

Pero lo voy a explicar, para vos que tenés todos los cidís de Valeria Lynch y nunca fuiste a verla sobre un escenario, que te estás perdiendo las canciones de su mano izquierda. ¡Las cosas que hace la Lynch con esa herramienta plástica, maravillosa, expresiva, gestual, transmisora, contagiosa, fervorosa, amorosa!

La mano izquierda de Valeria marca el ritmo todo el tiempo. Como un estilete te atraviesa la emoción. Porque es la que te lleva a vivir la música de Valeria visualmente, palpitante, latente, vivaz, única, impresionante. La mano derecha empuña el micrófono, la voz sube, baja, baila.

Pero la mano izquierda cobra una vida inesperada, vital, fundamental para entender y vivir lo que pasa por el espíritu, el alma y la sensibilidad de esa mujer que se desgrana, deshace y desnuda sobre ese escenario hasta el orgasmo artístico.

Fui a ver a Valeria Lynch y lo disfruté más que ningún otro año, ¿sabés por qué? Muy simple, esta noche descubrí la mano izquierda de esta artista que todo lo puede y todo lo ilumina. Porque la energía que irradia es una usina de colores, esa mano habla, esa mano le va abriendo el camino a la voz que llega y te invade. Es la luz del minero que abre el paso a la mirada. Esa mano es un espectáculo por sí misma y a mí me permitió disfrutar del show desde otro lugar ¡Gracias Valeria por existir!