Benditos 15 minutos

“Dígale que me hable”, suplica con desesperación un personaje en la escena final de El secreto de sus ojos. El tipo en cuestión ha sido confinado a un duro encierro y el castigo aplicado es que no puede hablar, no lo dejan comunicarse con nadie. Cero contacto humano.

Ese momento de ficción que el director Juan José Campanella imaginó para su famosa película me reventó la cabeza en estos casi tres días en que el presidente Mauricio Macri y el ganador de las PASO nacionales, Alberto Fernández, estuvieron sin hablarse privilegiando sus egos y despreciando a los argentinos. Y a ellos mismos.

Mientras ambos disfrutaban de su súper yo, la Argentina divagaba en medio del desconcierto. Y miles y miles de personas de carne y hueso pasaban a ser pobres por obra y gracia de otra estampida del dólar y la consiguiente devaluación del peso.

Como niños encaprichados, estos dos políticos de quienes depende casi todo lo bueno o malo que pase en el país hasta diciembre, demoraron casi 70 horas en establecer el contacto oral que el país esperaba.

La voz humana, lo sabe cualquier mortal, puede ser portadora de desastres, pero también de milagros. De curaciones. De sosiego.

¿Por qué creemos más en las encuestas o en Instagram que en las palabras que salen de la garganta, de la mente y el corazón de un ser humano?

Un parto

Bastó una conversación telefónica de 15 minutos para que el país fuera otro. Si esa charla entre dos dirigentes de quienes depende el destino del país se hubiera dado el mismo domingo en la noche nos hubiéramos ahorrado ríos de desazón y de desprecio por el prójimo.

Si hasta los mismísimos y malignos mercados enfilaron hacia el camino de la cordura apenas Macri y Fernández aplacaron sus locuras egoístas y se dignaron a dirigirse la palabra.

¿Cómo no iba a pasarle lo mismo a los 40 millones de argentinos que están hartos de tantos desatinos políticos, económicos y financieros? ¿Era mucho pedir que estos dos dirigentes dieran muestras de gobernabilidad? Ni a Fernández le conviene -si gana la elección general de octubre- asumir en un país en llamas ni a Macri entregarlo con desesperación.

En el exterior siguen sin entender cómo nuestro país aún no ha explotado por los aires. “Allá va la Argentina otra vez a sorprender al mundo”, escribió el Financial Times sobre la nueva crisis local.

Como le ocurría al personaje de Campanella, los argentinos piden diálogo. Y dicen: Hablen entre ustedes. Pacten, dialoguen, tiendan puentes. Hagan servicio. Presenten soluciones.

¿No los hemos elegido para eso?

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