Fueron las últimas palabras de Germán Corvalán al vecino que lo auxilió en la mañana del martes, tras haber sido herido de muerte. Los investigadores apuntan a un crimen por venganza o pasional como móviles principales del hecho.

"Estaban encapuchados y eran dos", alcanzó a decir el portero asesinado

Por UNO

Por Rosana Villegas

"Estaban encapuchados y eran dos". Esas fueron las últimas palabras de Germán Corvalán (42), el administrador que fue asesinado a balazos el último martes cuando llegaba a su departamento de calle Olascoaga casi Arístides en la Quinta Sección. Así lo habría asegurado el vecino que lo auxilió cuando el hombre, moribundo, se desplomó en el pasillo interno de ese edificio. Esa parece ser una de las escasas pistas firmes que tienen por ahora los investigadores del caso, que ya pasó a Delitos Complejos. Los pesquisas creen que la víctima pudo conocer a sus asesinos y que por esto ambos actuaron con el rostro cubierto.

El ensañamiento con que fue asesinado Corvalán, quien además resultó ser un coleccionista de armas y un activista en temas de inseguridad, sigue desvelando a los pesquisas.

Es que descartado el móvil del robo –a la víctima se le encontró dinero en los bolsillos y los agresores ni intentaron entrar a su departamento pese a que Corvalán tiró las llaves– los sabuesos piensan en un crimen por venganza o quizás algo de tinte pasional.

Sus allegados habrían señalado que el hombre tenía una pelea constante con los limpiavidrios de la zona y por eso desde la Fiscalía de Ciudad se citó a declarar a dos de ellos que ese día estaban en la cuadra. “De esas declaraciones no surgió nada. Uno de ellos estaba borracho y el otro negó haber tenido ningún enfrentamiento con él y tampoco dijo saber que alguno de sus compañeros mantuvieran un enfrentamiento con Corvalán”, aseguró una fuente de la pesquisa, que pasó a manos de la fiscal Claudia Ríos.

La esperanza de encontrar alguna punta de hilo, está puesta ahora en los tres celulares que Corvalán llevaba al momento de ser asesinado y que quedaron tirados cerca de la puerta de salida. “Hemos pedido peritarlos, para saber con quién se comunicó en las últimas horas”, aportaron los investigadores.

"Tenía sus armas registradas"

"El tenía todas las armas registradas legalmente en el RENAR. A todas las compró acá. Era más un coleccionista, le gustaba tener un arma de cada modelo, que un afecto al tiro porque no iba al Tiro Federal a practicar", confirmó el último miércoles Aldo Chesi, dueño de la armería El Tirolés y amigo de Corvalán desde hace unos años.

El especialista en armas dijo haber conocido a Corvalán desde la época del crimen de Susana Rubino, la esposa de un bodeguero que fue asesinada durante un asalto en la Quinta Sección en el 2005, momento en que el administrador asesinado el último martes comenzó a participar en las reuniones de Víctimas de la Inseguridad.

"Era un activo partícipe, de hecho cada vez que surgía una reunión o una marcha por inseguridad me llamaba e íbamos juntos. Pero ese no era su único compromiso. El era un temerario, descubría una venta de droga y no tenía empacho en ir a la policía y denunciar a tal o cual dando su nombre, su apellido y su dirección”, contó Chesi y agregó: "Tenía un tema con la inseguridad y el flagelo de algunos limpiavidrios que robaban en la zona. Pero la inseguridad se lo llevó", concluyó.