Por Enrique Pfaab
"Carlos, pagá lo que debés o siguen tus hijos", amenazaron los asesinos de la mujer, asesinada en una ferretería. Los peritos confirmaron que la letra es del detenido por el caso: Alejandro Alcides Alegre.
El imputado por el crimen de Sondermann fue quien escribió el mensaje mafioso
SAN MARTÍN – “La escritura le pertenece a Alejandro Alcides Alegre”. Así, sin espacio para los supuestos, fue el dictamen de los peritos caligráficos que cotejaron el texto “Carlos, Pagá lo que debés o siguen tus hijos”, que fue escrito en uno de los portones del negocio donde fue brutalmente asesinada Adriana Elena Sóndermann la mañana del 22 de junio pasado, con la letra del único imputado y detenido en la causa, quien es ex novio de una de las hijas de la víctima y con la que tiene un hijo en común.
“Cotejado el texto indubitable (la escritura de Alegre) con la dubitable (la dejada en el portón por el homicida) resulta que ambas son idénticas y le pertenecen a Alejandro Alcides Alegre”, concluye el contundente informe.
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“Con esto hemos situado al imputado en el lugar del hecho”, confió este martes una fuente judicial. Pero todavía falta más. Hay una pequeña mancha de sangre en una zapatilla de Alegre y todavía se espera que se realice un ADN sobre ella y se coteje con el patrón genético de la víctima y también el del propio imputado.
Además todavía se debe hacer el estudio del contenido de la computadora de Alegre y que podría contener alguna otra prueba de interés para la Justicia.
Alejandro Alcides Alegre (25) es oriundo de la localidad santafesina de Cañada de Gómez y allí fue detenido por una comisión policial mendocina. Además estos enviados secuestraron en un taller de informática la computadora de Alegre, quien la había mandado a reparar pero que no le había sido devuelta porque no había cancelado el trabajo.
La fiscal María Mónica Fernández Poblet espera encontrar allí algún Chat, alguna foto o algún correo electrónico que delate al imputado. Alegre utilizaba mucho Internet. Tanto es así que de esta forma conoció a Romina Quiroga, la hija mayor de Adriana Sondermann. Por Chat se pusieron de novios y por Chat mantuvieron una prolongada correspondencia.
Alejandro Alegre y Romina Quiroga, tienen un hijo de 5 meses, fruto de la relación que iniciaron por Internet hace unos dos años y que se fue deteriorando con el tiempo. El joven, domiciliado en la ciudad santafecina de Cañada de Gómez, tenía conocimiento de las costumbres de la familia de su novia y hasta copias de las llaves del negocio de venta de materiales metalúrgicos de la víctima, ya que había trabajado poco tiempo allí.
El 22 de junio pasado Alegre estaba en San Martín, hospedado en un alberge del barrio Córdoba, a poca distancia de la casa de los Sondermann. Así lo confirma el posicionamiento de su teléfono celular. También está confirmado que salió de allí unos minutos antes de las 9 y volvió cerca de las 10, la misma fracción de tiempo en la que fue asesinada Adriana Sondermann. Cerca de las 10.30 golpeó la puerta de la casa de la víctima para ver a Romina y a su hijo, pero la joven no quiso atenderlo ya que tenía miedo: los últimos mensajes de Alejandro habían sido amenazantes y ya había un expediente abierto en un juzgado de Familia.
Luego Alegre regresó a Santa Fe, sin ver a su hijo ni a su ex novia y sin contestarle el mensaje que esta le mandó, después de enterarse del homicidio de su madre, en donde le preguntaba: “¿Tenés algo que ver con esto?”.
El cadáver de Adriana Sondermann fue hallado cerca del mediodía de ese 22 de junio. Estaba tendido boca abajo, detrás del portón de ingreso. Había recibido al menos 8 golpes en la cabeza que le habían hecho estallar el cráneo, otros 6 golpes en el costado izquierdo del tórax, como si hubiera sido pateada, y tenía un fierro clavado en la base del cráneo.
El asesino no dejó huellas pero, en cambio, escribió en el portón de acceso al salón de ventas “Carlos, pagá lo que debés o siguen tus hijos”, supuestamente para confundir a los investigadores y hacer creer que los asesinos eran acreedores del hermano de la víctima.
Otro dato llamativo es que Alegre siempre utilizaba la misma campera y vestía esa prenda la mañana que ocurrió el crimen pero, cuando su casa fue allanada, no fue encontrada.