El joven de 16 años involucrado en el homicidio de Iván Roco fue abandonado a los cinco años, vivió en la calle y se volvió adicto al alcohol y las drogas. No tiene DNI ni partida de nacimiento  

La dramática historia de cómo “El Pañalín” cayó en la delincuencia

El Pañalín está en boca de la comunidad sanrafaelina por estar involucrado en el asesinato de un tiro en la cabeza del futbolista Iván Roco (25) en la madrugada del miércoles en la entrada del barrio El Molino.

Se podría afirmar que el problema se veía venir. Se podría considerar casi “previsible” que El Pañalín fuera a terminar involucrado en un homicidio o en otro hecho delictivo grave, teniendo en cuenta que tomaba cada vez más protagonismo en las noticias policiales del último año. A Roco le “tocó” ser la víctima, pero podría haber sido otro.

Pero este adolescente, cuyo nombre no se puede revelar por ser menor de edad, no es un extraterrestre que bajó de un plato volador sino que surgió de la parte oculta y violenta de la sociedad local. Su personalidad se fue forjando desde hace 16 años “en la calle”, literalmente, situación que no lo exime de responsabilidad pero explica en parte su forma de actuar. Ha tenido que crecer, al igual que otros menores, donde rige la ley del más fuerte y corre la droga.

Fue abandonado por su madre a los cinco años, junto con sus hermanos, según contó a UNO de San Rafael el padre Fernando Yáñez, director del hogar San Luis Gonzaga, de Monte Comán, donde El Pañalín estuvo alojado dos veces en 2011 derivado por la DINAF y una vez este año por decisión propia. Después salió con permiso para ir al cumpleaños de su madre y no retornó más. Las veces anteriores se había escapado.

“El chico siempre ha estado viviendo de prestado, en una casa y en otra de quien lo recibía o se compadecía de él –añadió el sacerdote–. Su odio es el odio por la sociedad, yo lo he tenido tres veces acá y refleja ese odio contra ese abandono que ha sufrido. Yo a la madre le rogaba que lo viniera a ver al hogar, pero a lo último ya no me atendía el teléfono”.

El religioso dijo que “en la calle es violento cuando está drogado, pero no cuando lo hemos tenido acá, porque no se ha drogado y anduvo bien. Este chico desde pequeño viene emborrachándose y drogándose, por eso me imagino que es muy difícil ayudarlo en ese sentido”.

Por su parte, desde la delegación local de la DINAF, la coordinadora técnica Marcela Yrala comentó que El Pañalín “había tenido delitos menores, pero no de esta envergadura” y coincidió con el padre Yáñez al decir que “se ha criado en la calle, con todo lo que eso implica. Es el menor de cuatro hermanos”.

Su abandono ha sido tan grave que no tiene partida de nacimiento ni DNI. “Ni siquiera estaba documentado, El Pañalín no tenía ni certificado de nacido vivo. Nosotros ahora hemos logrado que la madre se presentara al juzgado, después de ocho meses de intentar que firmara para poder realizarle el documento, era un NN”, reveló la funcionaria.

El Servicio de Protección y Restitución de Derechos de la DINAF comenzó con el trámite el año pasado y con una orden judicial se fue rastreando todo. Actualmente se está a la espera de que le llegue el DNI por primera vez para restituirle legalmente la identidad.

“La madre lo abandona en la crianza, pero aparece y desaparece en forma intermitente en su vida, sin hacerse responsable como progenitora”, comentó Yrala.

Para el padre Yáñez, los jóvenes violentos como El Pañalín, “antes de ser victimarios han sido víctimas de una sociedad hipócrita y mentirosa que esconde debajo de la alfombra toda esta mugre que está produciendo. Esto no quita que estos chicos no sean responsables de sus actos, pero ciertamente es una consecuencia de la destrucción de la familia”.

Entonces, “los chicos sufren el abandono y reaccionan de esta manera. Van a la droga para calmar ese sentimiento muy profundo de abandono o de rechazo de la familia”.

El origen del apodo

Su nombre no puede ser develado en los medios de comunicación porque es menor de edad. Pero en su ámbito es más conocido por su apodo, sobre cuyo origen circulan diversas versiones. Pero el sacerdote Fernando Yáñez tiene la suya: “Lo que me cuentan en El Molino es que a los cinco años andaba con los pañales puestos y borracho, porque lo emborrachaba la gente, por eso le dicen El Pañalín”. Esa situación ya evidenciaba que no iba a andar por el buen camino si no lo ayudaban.

El jueves se entregó por temor a represalias y quedó a disposición del Juzgado Penal de Menores, que lo envió al ex COSE en la capital provincial, debido a que por su edad no puede ser alojado en la cárcel.

Menores y abandono familiar

La historia de El Pañalín es un caso testigo de cómo muchos niños y jóvenes terminan con sus vidas destruidas, convertidos en delincuentes y dañando a otras personas. Para el padre Fernando Yáñez, esta situación “es la consecuencia de la destrucción de la familia tradicional”. Consideró que “esto sucede en todas las clases sociales, pero en las más bajas recurren al delito, porque no han tenido una orientación desde pequeño por dónde tenían que caminar”.

Agregó que “en los diez años que estoy con el hogar, he visto cómo los chicos vienen cada día más heridos psicológicamente por el abandono y porque no se sienten queridos por sus padres. He tenido que escuchar de algunas madres que me digan: ‘Padre, no me lo traiga más porque no lo quiero más, porque me genera problema con mi pareja”.

Recordó que “el año pasado dije en la Comisión de Derechos y Garantías de la Legislatura que esto se va a profundizar. El problema de la inseguridad no se soluciona con más policías y cámaras de seguridad” sino “con el retorno a la familia tradicional, porque es en ese ámbito donde la persona va a desarrollarse física y psicológicamente bien, donde va a recibir los valores; cuando falta esa familia, éstos son los resultados”.

Manifestó que “los chicos que en nuestro hogar hemos sacado adelante es porque de alguna manera encontraron lo que les estaba faltando; de todos modos quedan marcados para el resto de la vida”.

 Embed