Por Javier Cusimanocusimano.javier@diariouno.net.ar
Una obra del revolucionario espectáculo fue presentada en el auditorio de OSDE. El público quedó atrapado por efectos que permitieron imaginar escenarios y acciones como si las estuviese viendo.
El teatro ciego, invento argentino, sorprendió con ruidos y olores

Una nueva experiencia artística desembarcó con éxito en Mendoza: el teatro ciego. Es un invento argentino a través del cual los oyentes se sumergen en una revolucionaria forma de representación, cuya principal característica es la ausencia de estímulos visuales, para dar espacio a los demás sentidos.
Un viaje a ciegas es el nombre de la obra que en el auditorio de OSDE disfrutó ayer un centenar de mendocinos con entrada libre y gratuita. La representación, a cargo del elenco Argentino de Teatro Ciego, ya recorrió todo el país con esta historia que se desarrolla en un antiguo cafetín de Buenos Aires.
La propuesta –realmente sorprendente por su audacia y novedad– cuenta el relato de las penas amorosas de un conjunto muy divertido de personajes integrantes de uno de los viejos bares de la ciudad porteña.
Utilizando sólo efectos sonoros, música en vivo, olores y hasta estimulando el tacto a través del agua, los actores crean un mundo de ilusión que le permite a cada oyente entrar de lleno en lo que va sucediendo en la obra.Así, por ejemplo, la experiencia moviliza a cada uno de los participantes a creer que está en una playa de Brasil, remando sobre un bote o cazando un jabalí en el África, vivir una sorprendente tormenta o formar parte de un baile o una kermese.
Los efectos están pensados para que el público crea estar viviendo –como un personaje más– parte de lo que se está contando. De este modo se busca un acercamiento total entre el intérprete y el oyente, que por momentos cree estar solo en la sala con la obra representada únicamente para él.
Así, el contenido de la puesta se multiplica dependiendo de la imaginación de sus participantes, que es ayudada a través de estímulos diversos, como el perfume de naranja cuando una de las actrices entona –casi susurrándole a cada uno en el oído– el conmovedor tango Naranjo en flor. O el olor a nafta luego de que una moto pasa por el escenario soñado haciendo sonar fuertemente el motor a medida que se aleja de la sala.
De escena en escena y con un dinamismo similar al de una película, los siete actores –algunos de ellos no videntes– van formando una sintonía que se acopla a las reacciones del público, que tiene derecho, si así lo siente, a contribuir con lo que está sucediendo en cada momento.
El humor, los aplausos y los coros en grupo van generando una interacción que no tiene más límites que los de la oscuridad de la sal y una ausencia de luz que precipita la mente a procesar la realidad de otro modo. Una obra imperdible en tiempos del dominio de la imagen.
Una idea original nacida en Córdoba
Martín Bondone, director general de la obra Un viaje a ciegas, contó en la previa al espectáculo que el concepto de teatro con el que trabaja el Centro Argentino de Teatro Ciego es “teletransportar a los oyentes con la imaginación hacia distintos lugares. Se trata de un a idea que nació en Córdoba allá por 1991, en el 2002 continuó a través de un elenco que se armó con la Biblioteca Argentina para Ciegos y a partir del 2008 abrió sus puertas a actores con discapacidad visual”.
Actualmente tienen nueve espectáculos en cartel y shows musicales en los que combinan drama, comedia, improvisación y nuevas propuestas que van surgiendo a partir de una investigación permanente. “Empezamos hace años con esta idea original y ahora esta corriente tiene réplicas en otras partes del mundo, como en Chile, Brasil, México y Europa. A la gente le gusta la experiencia”, señaló.