DOS HERMANOS CLÁSICOSLa siguiente historia está basada en hechos reales.
Cristian Minich contó un cuento sobre el Superclásico mendocino, la historia de los hermanos Blanquer, uno de Gimnasia y otro de Independiente Rivadavia.
"Dos hermanos clásicos": una historia basada en hechos reales
Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia-
Los hermanos Blanquer siguieron el ritual de cada previa de muchas ediciones del partido clásico más importante de Mendoza. Cada cual agarró la bandera cosida por la abuela Josefina -una para cada uno-, salieron de casa en la Sexta Sección y subieron al trole en Jorge A. Calle y Olascoaga rumbo al parque General San Martín. Caminaron juntos hacia el estadio hasta donde se los permitieron los controles de seguridad. Allí acordaron el punto de encuentro para regresar también juntos, se despidieron sin desearse suerte y cada cual se dirigió hacia la popular teñida por los colores de su corazón.La de los Blanquer es una de esas historias atípicas que se dan de tanto en tanto. Su padre Buby no puede entender como Héctor, el mayor, se hizo fanático del Lobo y no se explica como Osvaldo heredó la pasión de su padrino Adolfo Sánchez De Simone, alias el Pichón, por La Lepra. Cómo pudo pasar, se pregunta todavía, siendo él hincha de Huracán Las Heras. La madre, Cuca, también debió ceder un poco de su pasión gimnasista y preferir los empates para que sus dos hijos estuvieran contentos.Fue en 1970, cuando Héctor fue llevado por su abuelo Honorio Frías a la cancha de Godoy Cruz para ver a Gimnasia por el Torneo Nacional ante Chacarita Juniors, que llegaba como campeón del Metropolitano del año anterior. “Hoy te voy a hacer el mejor regalo que vas a recibir en tu vida, vas a ver a uno de los mejores equipos de fútbol”, sentenció el abuelo. Comenzaba el tiempo del Toque Lobo Toque al compás de Los Compadres. Ese 6 de septiembre, los Pitucos dieron una lección de fútbol de la mano de Legrotaglie y se despacharon con un 3 a 0 ante el campeón porteño con goles de Gómez, Aceituno y Albarracín. Impactado por aquellas almas alentando y el despliegue de ese equipo de lujo a rayas, el mayor de los hermanos juró fidelidad a los colores blanquinegros.La puja familiar por transmitir a Osvaldo la pasión por uno o por el otro llegó a su fin un 20 de agosto de 1972. Independiente, dirigido por el Cholo Converti, se había consagrado campeón de Liga una fecha antes del final al vencer por 2 a 0 a Atlético Argentino con tantos de Traverso y Eusebio Ibáñez. Fue el Pichón el que llevó a Osvaldo a ver a Los Azules en la última jornada que sería de fiesta ante Beltrán. El chico quedó deslumbrado por el colorido de la multitud que fue en caravana desde Ciudad hasta Beltrán por la Ruta 7 vieja para ver el último encuentro de la temporada del Viejo Campeón, que también dio clase de un fútbol arrollador y se impuso por 6 a 1 para que la fiesta fuera completa. No hicieron falta las palabras, el menor de los hermanos juró fidelidad a los colores de Independiente Rivadavia.Héctor y Osvaldo siempre tuvieron una excelente relación. Compartían una pieza dividida por un banderín con el escudo de Independiente sobre una cama y el de Gimnasia sobre la otra. Compartieron amigos tanto del Lobo como de La Lepra. Se acompañaron a la cancha para ver a su equipo o al rival y hasta desconcertaron a la Virgen de Lourdes, a la que iban a pedir por sus equipos a la iglesia de la plaza de Villa Talleres. Hoy recuerdan un sinfín de anécdotas de los Superclásicos que paralizaban a la provincia.Para Héctor, el momento cumbre fue en 1981, cuando el Lobo y La Lepra se encontraron en la final de la Liga Mendocina un 6 de septiembre en cancha de Andes Talleres: “Minuto 92, el Panza Videla en el banderín del córner retiene la pelota y tiene tres azules atrás, la levanta, la payanea y hace una chilena al centro del área, entra Tucho Méndez y golazo de cabeza, campeones y al Nacional! Después cuatro campeonatos seguidos”. El relato es del propio Héctor, que desborda de emoción como si estuviera en aquel tiempo.Osvaldo se remonta a un encuentro más cercano por el Torneo Argentino A. Fue el 6 de marzo de 2007, La Lepra recibía a Gimnasia en el Bautista Gargantini y con una racha positiva en los partidos clásicos. “Me acuerdo que Cordone había llegado tarde al estadio y como castigo lo mandaron al banco. Cuando entró había una sensación general de que algo podía pasar, de que el Lobo, pero Lobo Azul podía cambiar el partido. Y así fue, cuando promediando el segundo tiempo enganchó dos veces y sacó un zapatazo desde 25 o 30 metros que se metió en el ángulo, uno de esos goles para recordar toda la vida. Me acuerdo que fue a gritarlo al banco y que lo puteó a Trotta, porque el propio entrenador se lo había pedido”. Y también estuvieron las tristezas. Héctor confiesa haber llorado a escondidas las veces que a Gimnasia le tocó descender en partidos contra el rival eterno. Osvaldo recuerda haberse ido sólo sin esperar a su hermano como habían acordado, cuando el Lobo fue campeón dando cuenta de Independiente.Hoy celebran juntos los justos reconocimientos a los ídolos de las épocas doradas, que el estadio mensana lleve el nombre de Víctor Antonio Legrotaglie y la tribuna principal se llame Juan Gilberto Funes. Y que el nombre de Hugo Cirilo Mémoli luzca en letras gigantes en la platea este que da a Boulogne Sur Mer en el Gargantini.Ahora, palpitan y lamentan el clásico que se viene, porque Osvaldo no podrá estar presente ante esa medida que deja afuera a la mitad de la pasión y como vemos, también separa a algunas familias.Buby no emitió opinión respecto del resultado que prefiere. Para Cuca y Josefina es un empate y todos conformes. Honorio pronosticó baile y triunfo mensana con la impronta de los grandes equipos del Lobo del Parque. El Pichón dijo que gana La Lepra transpirando la camiseta, poniendo lo que hay que poner. Dicen que la Virgen de Lourdes se tomó el fin de semana largo. Por Cristian Minich



