“El baño sangriento de Melbourne”. Así se le llamó a un partido de waterpolo que se ha convertido a través de los años en el encuentro más famoso de la historia de ese deporte acuático.
Fue durante los Juegos Olímpicos de Melbourne, que se desarrollaron del 22 de noviembre al 8 de diciembre, en meses posteriores que otros Juegos debido a que eran en el Hemisferio Sur. Pero 1956 estuvo tocado por dos situaciones internacionales que llevaron a algunos boicots.
Uno, porque Gran Bretaña y Francia estuvieron con la Crisis de Suez, lo que llevó a que Egipto, Líbano e Irak no participaran.
Otro, por la revolución húngara y la intervención de la Unión Soviética, que suscitó la ausencia de España, Holanda y Suiza. Pero participaron Hungría y la Unión Soviética. Después de los Juegos, un total 45 húngaros pidieron asilo político en Occidente.
También hubo otro boicot de la República Popular China, en protesta por la presencia de la República de China (Taiwán).
Dice la historia que el 23 de octubre de 1956 una manifestación de estudiantes se había convertido en un auténtico levantamiento contra el gobierno de Budapest, gobierno controlado por la URSS. En esos días pareció que Hungría podía librarse del control soviético. Pero el 1 de noviembre los tanques “rusos” comenzaron a moverse en Hungría, y del 4 al 10 de noviembre las fuerzas militares dominaron a los sublevados con ataques aéreos y bombardeos de artillería.
En esos días el equipo de waterpolo húngaro (el más ganador olímpico de la especialidad, con 9 medallas de oro) se entrenaba cerca de Budapest. Los deportistas escuchaban los sonidos de la artillería.
Para tranquilidad del plantel los trasladaron cerca de la frontera con Checoslovaquia, para evitar que se involucraran en la revolución.
La represión de los soviéticos controló el levantamiento húngaro en momentos en que daban comienzo los Juegos. El mejor de ese equipo fue Elvin Zador, que recordaba: “Sentíamos que estábamos jugando no sólo por nosotros, sino por todo nuestro país”.
El equipo olímpico húngaro era uno de los más alentados en cada competencia. Y el deporte en donde más repercutió el tema contra los soviéticos fue el waterpolo.
En una jornada que definía a uno de los finalistas jugaron el 6 de noviembre de 1956 y los húngaros querían defender el liderazgo en ese deporte. El partido tuvo muchos roces, con intercambio de golpes con los pies y las manos.
El jugador estrella Ervin Zador marcó dos goles de los cuatro que consiguió Hugría. Pero la anécdota se produjo cuando Valentin Prokopov le pegó una trompada a Zador. Cuando le manaba sangre de su pómulo derecho lo obligaron a salir de la piscina. La gente estaba volcada para los húngaros, y para evitar el descontrol popular el partido se suspendió restando un minuto. Ganó Hungría 4 a 0 y en la final superó a Yugoslavia 2 a 1 para quedarse con la medalla de oro.
Ese momento olímpico quedó como el “baño sangriento” (“blood in the water”)... La exageración a través de los años dice que “el agua se volvió roja”.
En 2006, cuando se cumplió el 50º aniversario de la Revolución Húngara, se realizó un documental llamado Freedom’s fury, donde se contó esta secuencia olímpica y todo lo que había detrás. La película fue producida por Lucy Liu y el gran director Quentin Tarantino, quien la describió como “la mejor historia que jamás me han contado”.
La narración la hizo el nadador Mark Spitz (que ganó 7 oros en Munich ’72) y que fue entrenado por el húngaro Zador. Cuando pidió asilo político en EE.UU. comenzó a entrenar a ese pibe de 11 años llamado Mark, que se transformaría en el mejor del mundo.
4ª medalla de oro
Para Hungría en 1956 fue la 4ª medalla de oro (antes ganó en el ’32, ’36 y ’52) y después ganaría en ’64, ’76, y en las últimas tres (Sydney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008). Tiene 9 oros.



