Gonzalo Ponce
Un proyecto de ley que prevé la instalación obligatoria de máquinas expendedoras de preservativos en edificios públicos y privados promete polémica desde su origen.
La iniciativa es del diputado radical Héctor Quevedo y podría tratarse hoy en la Legislatura. “Si no, se seguirá trabajando en comisiones”, dijo el legislador.
Básicamente, la idea consiste en la instalación de estas máquinas en los baños de damas y caballeros de lugares privados como los shoppings y públicos como hospitales e institutos educativos.
El texto del proyecto enumera claramente los lugares en los que deberían instalarse las máquinas. Entre ellos se descuentan cabarets y locales bailables, pero incluye instituciones públicas como las educativas de nivel superior, aunque en el mismo edificio funcionen escuelas secundarias y primarias. “Sé que va a ser polémico”, anticipó el diputado.
Sin embargo, el proyecto va más allá de la mera expedición de condones.
La iniciativa establece que junto con la posibilidad de acceder a los preservativos tiene que haber información de cómo usarlos, los beneficios de su utilización y aclarar que su uso evita el contagio de enfermedades de transmisión sexual y el VIH.
De prosperar el proyecto de ley, las máquinas deberán estar homologadas por el Ministerio de Salud de la Provincia, al igual que los preservativos que expenda.
Y los dueños de los lugares en los que no se instale rápidamente la máquina deberán asegurar que los condones se vendan en un sitio visible.
Quevedo explicó que la iniciativa se enmarca en las llamativas estadísticas que tiene la provincia de embarazo adolescente y apunta a prevenir enfermedades de transmisión sexual.
“Me parece que hay que buscar la manera de que el preservativo deje de ser un tema tabú. Principalmente con los más jóvenes y adolescentes. No sé si debería estar en los baños de las escuelas secundarias, pero está claro que los chicos, si quieren, van y lo compran en el quiosco que está al lado de la escuela”.
Y agregó: “Lo malo no es que lo compren. Lo malo es que no lo compren o no accedan al preservativo, una de las formas más efectivas de prevención de enfermedades y embarazos no deseados. Los adolescentes se inician sexualmente a edades cada vez más tempranas sin protección y con poca información. Además, tienen que vencer la timidez de ir a comprar el preservativo, cosa que también les pasa a los mayores. Por eso creo que si el proyecto prospera, se dará un paso también en el sentido de vencer la vergüenza”.
Por último el legislador detalló que en los edificios privados las expendedoras deberían cobrar por los preservativos, mientras en los edificios públicos deberían ser gratuitos.
“En el primer caso deberíamos hablar de la obligación de los privados de ofrecerlos a un precio de mercado, comercializarlos normalmente. En el caso de los edificios públicos, de acuerdo con la Ley de Salud Reproductiva, deberían destinarse allí los preservativos que se reparten gratuitamente”, cerró Quevedo.



