Por Jaime Correas
Enviado especial a Whashington
También en Washington es el Día del Padre. Gilberto Torres Vela, Beto, es un mexicano que vive en esta maravillosa ciudad hace quince años y que nos muestra el valor simbólico de una serie de lugares durante la siesta del domingo. Trabaja para Meridian International Center, la agencia que, en colaboración con el gobierno federal estadounidense, nos recibe en el programa que se inicia hoy. Somos un grupo de periodistas y enconomistas argentinos informándonos sobre transparencia y responsabilidad en la gestión fiscal de los Estados Unidos.
El Día del Padre lejos de los hijos es melancólico. Es domingo en la capital de la que todavía es la principal potencia del mundo, a pesar del asedio chino. Y Washington, que cuando estuve hace casi dieciséis años era la ciudad más violenta de los Estados Unidos, hoy es un lugar bastante tranquilo. Ha bajado mucho el nivel de criminalidad desde aquella primera visita. Las calles son amables para caminar y en el metro que nos trae del aeropuerto Ronald Reagan hasta el centro se respira calma. En otros viajes a este país he respirado una tensión y una arrogancia que en estas primeras horas no percibo. Veremos qué pasa en los próximos días.
Beto, que aludió varias veces al 11S, nos llevó primero a la Catedral Nacional de Washington, un templo que sintetiza esta cultura política, pues en él ofician todos los cultos, a pesar de ser controlada por la Iglesia anglicana. A la entrada, para que no se olvide el sentido de ese lugar, en un país que separó el Estado de la religión, están las estatuas de Lincoln y Washington... dentro del edificio.
En el Jefferson Memorial y en el Lincoln Memorial escuchamos todas y cada una de las simbologías asentadas sobre esos dos padres de la Nación. Ambos están en un espacio enorme, de muchos kilómetos, donde se reúnen la Casa Blanca, el Capitolio, el Obelisco y los memoriales, como un modo de dar un sentido simbólico a la historia del país.
En el Lincoln Memorial nos paramos sobre el lugar donde Martín Luther King aseguró que tenía un sueño y no pudimos dejar de recordar Hair y Forrest Gump.
Y desde allí nos sumergimos en los memoriales de las guerras, donde sobresale el de Vietnam. Es una pared negra, donde están escritos los nombres de los más de 58 mil soldados muertos. Fue diseñado por Maya Lin, una estadounidense de origen chino, que tenía veintiún años cuando ganó el concurso. Ayer, el muro, tal como se ve en la foto, estaba tapizado con rosas rojas y amarillas. Eran de los hijos que perdieron a sus padres en una guerra absurda que dejó una herida aún no cicatrizada.
Estados Unidos está en un momento especial. Vale la pena verlo.



