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Los jóvenes ibéricos han reaccionado empujados por un presente desolador, luego de años de prosperidad, y por el hartazgo de no sentirse representados.

Indignación y paradoja españolas

Por UNO

Carlos HernándezColumnista de UNO

Verlos indignados manifestándose en la emblemática Puerta del Sol de Madrid nos da la pauta de que al fin, sobre todo los jóvenes españoles sin futuro, han reaccionado empujados por un presente desolador, luego de años de prosperidad –y de fiesta–.

Otra vez las redes sociales fueron la herramienta para promover las concentraciones, donde han confluido profesionales desocupados, los llamados “ni ni” (ni estudian ni trabajan) y otros escépticos frente a una clase política a la que ven incapaz de escuchar por las vías institucionales.

Han confluido motivados por el hartazgo de no sentirse representados y se han puesto a la vanguardia de los cinco millones de desempleados, sin tener muy claro cómo seguir.

Es la respuesta al ajuste que ha retroalimentado la recesión, aplicando con obediencia las recetas del organismo que hasta hace unos días condujo Strauss- Kahn.

Son las mismas medicinas que recuerdan el descalabro del caso argentino de hace diez años. Previo al estallido de la convertibilidad, el Fondo se ensañó con el déficit heredado por De la Rúa y que la tijera de Machinea profundizó hasta desembocar en el corralito de Cavallo y las cacerolas. El supuesto socialismo de Rodríguez Zapatero no aprendió de la aventura criolla.

El contexto del 15-M ibérico no es del Mayo francés, que –bajo el lema “la imaginación al poder”– pedía cambios políticos y culturales, mientras la izquierda promovía en el mundo acciones revolucionarias. El movimiento de “los indignados” comprende a grupos atomizados, impulsores de reivindicaciones varias, que están formando un colectivo integrado por descomprometidos en épocas burbujeantes y que ahora sienten la necesidad de incorporarse a la vida pública de alguna manera, ante la orfandad de los políticos tradicionales.

Pero el descontento suele mutar en paradoja. El voto castigo premió al PP, el mismo que fue desalojado de la Moncloa por inmoral después del 11-M de 2004.

El PSOE ha sido zamarreado clamorosamente a causa del ajuste ortodoxo a la usanza del partido conservador, planes que se aplican en otros países de la periferia europea, donde también se están juntando los “indignados”.

Rajoy, el dirigente beneficiario de la paradoja, se frota las manos pidiendo la entrega anticipada del poder que Zapatero, a duras penas, podrá retener. Por ahora, es prematuro aventurar cómo sostendrá su gobierno y hacia dónde irán los movimientos emergentes.

Sería deseable la construcción de alternativas o, al menos, la generación de cambios profundos al interior de las opciones bipartidistas, con una sociedad civil española más participativa. Y, mientras nosotros recibimos a compatriotas que están regresando en busca de nuevas oportunidades, sería triste ver llegar a europeos a esta tierra “sudaca” con la ilusión de salvarse, como en los tiempos aquellos.

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