La abundancia llevó a EE.UU. al descuido de los gastos, lo que trajo aparejado déficits presupuestarios monstruosos. Todavía no saben cómo salir de la crisis.

De paso por Minnesota, surgió el derroche como palabra clave

Por UNO

Jaime CorreasEnviado especial a EE.UU.

Al fin, en la segunda semana del Programa de Transparencia y Responsabilidad Fiscal en Estados Unidos, promovido por el Departamento de Estado, apareció la palabra clave: derroche. En la charla con Jeanine Kuwik, de la oficina de Administración y Presupuesto de Minnesota, que funciona en Saint Paul, una ciudad melliza que está enfrente a Minneapolis apenas cruzando un río, surgió que los programas de trabajo de estos organismos están para evitar el fraude y el abuso, pero también el derroche (waste). Es claro que la abundancia ha llevado en este país al poco cuidado en los gastos y por eso ahora están con unos déficits presupuestarios monstruosos y de los cuales no saben cómo salir. Barack Obama propone cobrarles más impuestos a los ricos y los republicanos dicen que eso va a detener aún más la economía.

El panorama de ayer se repitió en todos los organismos visitados: la crisis del 2008 dejó a la luz los tremendos déficits presupuestarios de los estados. Minnesota está a punto de no aprobar sus números futuros y el viernes se pararía la administración pública si eso sucede. Nos aclaran que se detiene todo, salvo los servicios esenciales, pero la administración central cierra sus puertas hasta que haya aprobación de la pauta de gastos. Además de la señora Kuwik, visitamos otro organismo en el mismo edificio que el anterior, donde Gary Goldsmith nos explicó los financiamientos de campaña (hoy ellos están casi en receso e igual el viernes detendrán hasta los próximos comicios, salvo un mínimo funcionamiento).

Luego marchamos a la Coalición de Información Gubernamental, que tiene sede en la biblioteca pública de Minneapolis, donde por un dólar se pueden comprar libros –incluso en español– que la institución saca de uso. El criterio para desecharlos está dado por los libros que no han sido pedidos en el último tiempo, y no son pocas las ofertas en diversos idiomas. Allí nos recibe Helen Burke, bibliotecaria, junto a un grupo de periodistas, abogados y ciudadanos comunes que velan porque la información de interés sea pública y el gobierno o los fucionarios policiales, por ejemplo, no escondan o se nieguen a dar lo que es de interés para las personas de a pie. Sobre todo, los medios están junto a ellos en esa tarea.

Las visitas del día se cierran con el profesor chino Zhirong (Jerry) Zhao, quien explica todo lo que tiene que ver con la estructura impositiva del país, que él está estudiando y enseñando hace varios años. Para este académico, la base del déficit fiscal está en la estructura de impuestos, y se lo ve muy preocupado porque los problemas en Minnesota están llevando incluso al despido de docentes. Sin embargo, y a pesar de que lo suyo es la especulación académica, dice no tener la menor idea de cómo se sale de esta difícil situación. Agrega, con ironía, que de saberlo se lo haría saber al presidente Obama.

La conclusión del día es tajante. Durante años hubo costumbre de gastar sin mayores controles y con criterios de opulencia. Ahora, con presupuestos acotados, no saben cómo hacer para recortar porque sólo conocen la palabra confort y los números ya no dan para financiar todo. En Minnesota, el gobernador demócrata tiene un parlamento republicano. Uno quiere cobrarles más impuestos a los que más tienen y los otros quieren que se recorte y se bajen impuestos para alentar la economía. Un panorama clásico, que en este país tiene el ingrediente letal del que no sabe lo que es vivir con lo que hay. Están demasiado acostumbrados a que de algún lugar sale el dinero, y hoy ese dinero no está. Los programas del gobierno central ya inyectaron lo que tenían y esa plata también se gastó. Ahora hay que ver cómo se enfrenta el futuro. Pero el temor es grande, porque detrás de todas las recetas está el fantasma mayor: la suba de la desocupación.