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Hoy por hoy: el volcán

Se veía venir incluso antes del balotaje que consagró a Mauricio Macri nuevo presidente de los argentinos: el fin de año llegaría cargado de problemas. La crisis financiera que atraviesan las mayorías de las provincias quedó al desnudo tras el revés electoral. 

Era un secreto a voces que las arcas estaban en rojo, pero el resultado de las urnas sinceró la mala praxis económica en Mendoza y buena parte del país.Hoy el volcán está en su punto de ebullición, con reclamos que suben el volumen y la confirmación de paros en los sectores de la salud, la educación y el transporte.
Tómese nota cuán sensibles son las áreas que alzan la voz debido a la demora del pago salarial. Que no circulen los micros, no haya clases y se posterguen cirugías sin duda producirá un impacto considerable en la provincia. A esta situación se llega por una falta de visión política que excede lo meramente económico, aunque sea ésta la válvula de escape por donde drena lo peor de la gestión de Paco Pérez.El gobernador electo, Alfredo Cornejo, lo advirtió hace meses cuando vio venir el tsunami y lo anunció. Desde el vamos el radical planteó como tema central de la transición el poner en discusión de dónde saldrían los fondos para hacer frente al pago de los empleados públicos.El acuerdo votado por la Legislatura para un endeudamiento de $5.800 millones no impidió el actual desmadre salarial.Cornejo llegará al poder pisando territorio minado. Cada acción suya estará inevitablemente condicionada por esa pesada herencia.   De ahí que su gabinete, el cual presentó ayer oficialmente, será más acotado que el de sus predecesores (pasará de 15 a 5 ministerios). Ese equipo tendrá como misión ajustar las clavijas y contribuir a un ahorro significativo que posibilite un Estado más ágil y operativo.Pero también tendrá como desafío demostrar que esa pretendida austeridad no afectará el funcionamiento esencial de la maquinaria estatal.Las próximas paritarias suponen sincerar los números si es que se pretende cumplir con aquellos que realmente trabajan y no están allí gracias al generoso clientelismo partidario. Editorial

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