Escucha la canción del viento y Pinball 1973, las dos primeras novelas que el japonés Haruki Murakami escribió a los 30 años, de un tirón, en la mesa de la cocina de su casa, y que él mismo tildó de “inmaduras”, fueron traducidas por primera vez al español y ya se consiguen en librerías argentinas.Ambas “nouvelles” –novelas breves–, que durante años sólo se conseguían en japonés o inglés, ya que Murakami se rehusaba a su traducción a otros idiomas, fueron editadas este mes en Argentina por Tusquets, y permiten adivinar, a lo largo de sus páginas, los cimientos, las ideas primigenias, que darían forma luego al gran escritor que cada año candidatean al Nobel de Literatura.
Las primeras novelas del autor japonés no se conseguían en nuestro país, pero ahora fueron editadas por Tusquets Editores.
El origen de Murakami o “las novelas de la mesa de la cocina”
Siempre es un placer leer a Murakami (1949), aun al más inexperto, ése que delinea en su opera prima, Escucha la canción del viento(1979), la vida de un díscolo escritor, que durante unas vacaciones en su ciudad natal pierde el tiempo junto a un amigo llamado “el Rata” y una misteriosa chica a la que le falta el dedo meñique de su mano izquierda.Sus fanáticos de este lado del océano ya saben que –con igual éxito– recibieron las ediciones de los libros de Murakami traducidas al español en el orden exactamente inverso a cómo se fueron publicando en Tokio, allá de manera cronológica.
En obras maestras como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o Tokio blues. Norwegian Wood, Murakami demuestra una fórmula perfecta y potente que combina elementos fantásticos, personajes melancólicos y diálogos improbables de atmósferas espesas y verosímiles, que impiden apartarse de sus novelas hasta el final.En esta nueva publicación de Tusquets, que ha sido traducida del japonés por Lourdes Porta, Murakami incluye un prólogo actual donde relata el momento exacto, epifánico, en que decidió que quería ser novelista, una radiante tarde de abril de 1978 en la que fue a ver un partido de béisbol a un estadio de Tokio, en un encuentro de los Yakult Swallows contra los Hiroshima Carp: el instante en que Dave Hilton –hasta ese entonces un jugador desconocido– fue el primer bateador de un “hermoso y certero golpe”.En el prólogo, además, Murakami se anima a contar sus devaneos mentales previos y posteriores a ambas escrituras, cuando regenteó durante años un club de jazz junto a su esposa, y “no tenía la menor idea de cómo se escribía una novela”, y que creía no tener “el talento necesario para escribir novelas”, hasta que sintió la necesidad de sacudirse de algunos preconceptos.Entonces, Escucha la canción del viento se alzó en Japón con el prestigioso Premio Gunzó para Escritores Noveles y Murakami escribió al año siguiente Pinball 1973, que representa la continuación de la anterior ya que se repiten los personajes, algunos escenarios y en este último, una máquina de pinball o flipper.“También esta novela la escribí mientras llevaba el bar, sentado ante la mesa de la cocina a altas horas de la noche”, cuenta el autor de Sputnik, mi amor, Al sur de la frontera, al oeste del sol y Kafka en la orilla.Y relata: “A estas obras yo las llamo, con afecto y cierto pudor ‘las novelas de la mesa de la cocina’. Poco después de escribir Pinball 1973 tomé la decisión de vender el local, me convertí en novelista de tiempo completo y empecé a escribir una auténtica novela larga, La caza del carnero salvaje. Creo que esta es la obra que marca el verdadero inicio de mi carrera como novelista”.“Pero, al mismo tiempo –prosigue–, las dos ‘novelas de la mesa de la cocina’ son también obras decisivas, difícilmente remplazables, dentro de mi carrera como novelista. Son como las viejas amistades del pasado. Quizás ya no salgamos y charlemos, pero jamás olvido su existencia”.En ellas, Murakami elige un puñado de personajes que viven sin rumbo, escenarios como el lúgubre Jay’s Bar, se permite muchísimos diálogos y algunos breves guiños de humor, y hasta se anima a una sencilla ilustración, la remera (camiseta) que el personaje central gana al adivinar el nombre de la canción California Girls, de los Beach Boys, en un programa de radio.Finalmente, la figura de un escritor suicida e inventado, llamado Derek Heartfield, abre y cierra la primera publicación de este escritor nacido en Kioto, quien lleva vendidos millones de ejemplares en el mundo y quien fuera traductor al japonés de la obra de Salinger, Scott Fitzgerald y Raymond Carver. Fuente: Télam



