Por Soledad Segade
Una mujer que estaba de vacaciones con su hija y su yerno en Iquique, Chile, sufrió un accidente cerebro vascular y luego de un coma profundo los médicos declararon su muerte cerebral. Su familia quiere traerla a Mendoza, pero hasta el momento el Consulado Argentino le dijo que hay muy pocas probabilidades por los elevados costos. “Hasta que no deje de respirar su alma está con ella”, señaló su hija.
Liliana Alba Andrioli tiene 52 años y el 25 de febrero se fue de vacaciones con su hija Azucena (32) y su yerno Alejandro a Iquique, Chile. Este lunes los médicos decretaron que tenía muerte cerebral y calcularon entre 24 y 36 horas hasta que deje de respirar por sus propios medios.
El drama se desencadenó el sábado 3, un día antes de regresar a Mendoza. Liliana tuvo un fuerte dolor de cabeza y vómitos, por lo que la llevaron al Hospital Público de la zona pensando que era su hígado. Allí los médicos diagnosticaron que había sufrido un accidente cerebro vascular y que debían trasladarla de urgencia a un nosocomio de Santiago de Chile de mayor complejidad.
“Estaba haciendo todos los papeles para trasladarla cuando me avisaron que tuvo otra descompensación, otro derrame muy importante y que había sufrido un paro cardíaco. Me dijeron que la tuvieron que resucitar y que en esas condiciones no podía ser trasladada a ningún lugar”, contó Azucena a diariouno.com.ar.
Durante la madrugada del domingo, Liliana tuvo una leve mejoría, pero después entró en un coma profundo, según le explicaron los médicos a su hija.
Alrededor de las 2 de la madrugada del lunes, los especialistas le hicieron estudios y determinaron que tenía una mínima respuesta cerebral, y durante la mañana confirmaron la muerte cerebral de Liliana.
En este tipo de diagnósticos en Chile, la política es desconectar al paciente, por lo que Azucena pidió ayuda al Consulado argentino, a cargo del consul Gustavo Sosa, para que trasladaran a su madre a Mendoza.
“Hasta que no deje de respirar su alma está con ella. Si se tiene que morir que sea en Mendoza y que mi papá y mis hermanos se puedan despedir de ella”, dijo Azucena quien, al igual que su madre, es de creencia musulmana.
La hija de Liliana resaltó la preocupación del Consulado por su caso, pero indicó que Gustavo Sosa le dijo que los costos son muy elevados y que no compartía con ella la posibilidad de trasladar a su madre. Este diario intentó obtener la versión del Consulado, sin éxito.
“Mi papá y mi hermano están en Mendoza. Mi hermano más chico está medicado y no quiero que venga acá y le pase algo a él también”, expresó con temor Azucena.
Azucena trabaja en Telefónica y sus compañeros hicieron una colecta para ayudar al traslado, además de haberse comunicado con el Sindicato de Telefónicos para reunir lo restante.

