Por Fabián Sevilla[email protected]
La despenalización del consumo de la marihuana fue el motivo de una marcha que ayer en la tarde partió desde los Portones del parque General San Martín y llegó hasta la puerta de la Legislatura, y de la cual participaron unas 250 personas. La movida se realizó a la par de otras similares que hubo en ciudades argentinas, en sintonía con la Global Marijuana March que se hizo en varios países del mundo.
La Global Marijuana March (GMM), también conocida como Marcha Mundial de la Marihuana (MMM), se realiza desde 1999 el primer sábado de mayo de cada año, en simultáneo en ciudades de todo el mundo.
Desde hace cuatro años, la marcha se hace de manera autónoma en distintas ciudades de Argentina y es coordinada por la revista THC, publicación de culto de la comunidad cannabis argentina. En Mendoza recién el año pasado se hizo sentir, cuando unas 150 personas asistieron a un encuentro que tuvo como escenario el Parque Central de Capital.
Ayer fueron veinte las ciudades argentinas donde los usuarios y cultores del cannabis marcharon sosteniendo la consigna: “¡Despenalización ya!”, para que del Código Penal desaparezca la figura de tenencia simple de drogas y el cultivo. Esta impone de un mes a dos años de prisión cuando, por la escasa cantidad de estupefacientes que se le encuentre a alguien, surgiere inequívocamente que es para uso personal.
Según sostienen quienes apoyan esta idea, ese es “el único modo de terminar con la criminalización, discriminación y maltrato a los usuarios”. Pero, además, al pedido abrochan el reclamo de un plan nacional de atención de las adicciones público, universal y gratuito, así como el reconocimiento de los derechos de los usuarios medicinales de marihuana, sobre lo cual en muy pocos países se ha avanzado.
En Mendoza, la convocatoria fue a partir de las 15 en el prado sur del ingreso al parque General San Martín. Poco a poco, ahí se fue desplegando una escena que bien podría pertenecer a fines de la década del ’60: treintañeros en su mayoría, reunidos en círculos, compartían mates y porros mientras charlaban de lo que iba surgiendo.
Había personas más jóvenes y pocos “veteranos”. Sin embargo, era notoria la presencia de mujeres que habían llevado a sus hijos, la mayoría muy pequeños. “Es parte de mi cultura, si intentan verme desde la cultura de otro, seguro me van a criticar por irresponsable”, explicó Ana, que había ido con su nena de tres años.
Como fondo se escuchaba música de murga, pero pronto se sumó el retumbar de tambores mientras artistas callejeros desplegaban su arte. El ambiente asemejó el momento más a un pic-nic que a otra cosa y todo se desarrollaba de una manera muy relajada, sin que se viera presencia policial.
Los participantes llevaban en el pecho una cinta verde, como emblema de este movimiento, y entre ellos se iban pasando calcomanías con leyendas como “Cultivadores no criminales” o “You gotta fight for your rights” (“Tenés que pelear por tus derechos”). Algunos conductores de vehículos que pasaban por el lugar, les manifestaron su apoyo haciendo sonar las bocinas de sus coches.
Cerca de las 18, los convocados se pusieron en movimiento y en caravana avanzaron por Emilio Civit hasta llegar a la Casa de las Leyes, donde luego de sostener carteles con la consigna que los había reunido se fueron desconcentrando. “De algún modo nos hicimos sentir”, comentó Romina a modo de cierre.



