Con el correr de las horas el gobernador y sus funcionarios fueron quitándole fuerza a esa hipótesis, pero admiten un clima hostil desde algunos sectores internos contra el director del Servicio Penitenciario, quien fue ratificado.

Una presunta conspiración en la fuga de tres presos del Penal Almafuerte causó preocupación en el Gobierno

Por Javier Polvani

La posibilidad de que la fuga de Almafuerte del sábado fuera una operación para golpear a Sebastián Sarmiento, director del Servicio Penitenciario Provincial, causó preocupación en el Gobierno de Paco Pérez; aunque con el correr de las horas esa hipótesis fue quedando relegada frente a otras que analizan los funcionarios políticos al margen de la investigación judicial que encabeza la fiscal especial Claudia Ríos.

De inmediato, el gobierno pasó a disponibilidad a nueve penitenciarios tras chequear que pudieron ser responsables de la fuga de los tres presos con distintas fuentes, entre las que se cuenta el sistema de grabación de video que por seguridad está instalado en la cárcel de Campo Cacheuta. Antes de conocer el abanico de pericias que se incorporarán al expediente judicial, en la Casa de Gobierno concluyeron que los penitenciarios o actuaron con negligencia o tuvieron algún interés para que los presos se fugaran.

Un día y medio después de conocerse la noticia del escape en Almafuerte, un funcionario le dijo a este portal que “todos los elementos que tenemos indican que hubo una distracción del personal penitenciario que estaba de guardia”. Esa línea bajó desde la cúspide del poder provincial pasado el remezón causado por las primeras especulaciones conspirativas que rondaron la mesa chica del gobernador.

En limpio: la primera especulación que hicieron los hombres del gobernador vinculados a la política carcelaria fue que la fuga fue parte de una conspiración contra el director Sarmiento, pero el domingo en la noche esta hipótesis era relativizada en el entorno de Pérez, quien se encontraba en Malargüe participando de la Fiesta Nacional del Chivo. Después de relevar los primeros elementos de prueba, en el Gobierno consideraron que lo más probable es que el escape de presos se debió a la negligencia de los guardias, a quiénes -argumentan- se les pasó la fuga porque nunca creyeron posible una situación como la sucedida con las medidas de seguridad que tiene Almafuerte.

El déficit político

El ministro de Gobierno Félix González advirtió que se revisarán los protocolos de seguridad del penal de Luján con la premisa de incrementar las medidas tendientes a evitar situaciones como la del sábado en la madrugada.

La gestión Pérez no consiguió aún un subsecretario de Justicia, de quien depende el Servicio Penitenciario local. Y en los últimos 35 días ya se produjeron dos incidentes en las cárceles mendocinas que pusieron a Sarmiento contra la pared, a dar explicaciones por “errores” cometidos por personal bajo su mando.

Primero se alzó en protesta en Boulogne Sur Mer, Ricardo Ferreyra Ervidia, uno de los acusados de ejecutar crímenes a nombre del Gato, Marcelo Araya, enemigo declarado del jefe de la barra de Godoy Cruz, Daniel Rengo Aguilera. Y en la madrugada del sábado se fugaron de forma inexplicable de Almafuerte los presos Ángel Alberto Espinosa Tello, de 21, Alberto Oscar Sevilla Gómez, de 42, y Miguel Ángel Moreno Salinas, de 27.

Tras el traspaso del mando por parte de Celso Jaque, Sarmiento fue confirmado en su cargo, un puesto de altísima sensibilidad, por el ministro de Gobierno Félix González, a pesar de no haber quedado resuelto aún quién comandará la Subsecretaría de Justicia. Pérez y su ministro político eligieron para ocupar ese lugar al juez Horacio Báez, camarista en lo Penal, pero una interna en el entorno del mandatario provincial lo volteó antes de asumir.

González aseguró que en no más de 15 días estará designado el hombre que reemplazará a Báez, el funcionario que nunca asumió. El juez era auspiciado por Omar Palermo, fiscal general de la Cámara Federal de Mendoza, y Alejandro Cazabán, secretario general de la Gobernación de Jaque. Y era resistido por Mario Adaro, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia.

Ratificación y poder para el director

Sebastián Sarmiento, quien trabajó en el Servicio Penitenciario bajo el ala de Adaro cuando éste fue ministro de Gobierno de Jaque, logró zafar de la interna que se devoró a Báez y permanecer al frente del Servicio Penitenciario. El director impulsó la educación y las actividades de recreación de los presos desde su cargo y endureció la reacción oficial frente a los abusos de los penitenciarios, entre los antecedentes que sus jefes políticos ven como posibles causantes de odios internos para el funcionario.

En el gobierno admiten que hay un clima hostil desde algunos sectores de los penitenciarios de carrera contra Sarmiento, como consecuencia de una denuncia que éste radicó, hace más de una semana, contra dos agentes que le dieron una golpiza a un interno del penal San Felipe. En ese escenario, el ministro González le ratificó la confianza al director del Servicio Penitenciario y lo dejó a cargo de las acciones para desactivar el malestar interno al mismo tiempo que se investiga cómo se fugaron los tres presos el sábado en la madrugada.