Antonio Martínez es un especialista en reproducción e infertilidad y se perfeccionó con Robert Edwards, galardonado por desarrollar la técnica de la fertilización in vitro.

Un médico mendocino contó a UNO cómo fue estudiar con el Premio Nobel

Por UNO

"Que el premio Nobel de Medicina en 2010 haya sido para un científico que estudió la genéticareproductiva y abogó con sus descubrimientos por aportar soluciones a la lucha de las parejas

imposibilitadas de tener hijos es un hecho significativo. Sobre todo para países como el nuestro,

donde la infertilidad no es considerada una patología y, por tanto, los tratamientos no son

accesibles para la sociedad", dijo Antonio Martínez, un médico mendocino doctorado en medicina y

especialista en reproducción e infertilidad que se formó con el biólogo británico Robert Edwards,

galardonado ayer con el premio Nobel de Medicina por su descubrimiento de la técnica de fecundación

in vitro.

Después de graduarse en la Universidad Nacional de Cuyo, en 1982, y de concretar su

residencia en ginecología, con 29 años Martínez viajó a Amsterdam (Holanda), a perfeccionarse en

una rama de la medicina poco estudiada hasta ese momento, si bien en 1978 ya se había concretado el

primer bebé de probeta, Louise Brown. "Cuando realizaba mi doctorado en la Facultad de Medicina de

la Universidad Libre de Amsterdam, donde después presté servicios como especialista en el hospital

académico, concurrí en Cambridge (Inglaterra) al congreso de la Sociedad Europea de Reproducción

Humana y Embriología, que entonces presidía Edwards, y allí lo conocí. Quienes fuimos al encuentro,

que entonces reunía sólo a 200 especialistas del mundo (hoy la cifra asciende a 8.000), formamos

parte del jardín de infantes de la técnica que en aquélla época perfeccionaba el científico", sumó

Martínez.

Según explicó el mendocino, "de la mano de Patrick Steptoe, experto en laparoscopía, Edwards

logró acceder al interior del vientre de las pacientes y pudo extraer los óvulos, algo necesario

para lograr la fecundación en el laboratorio, fuera del cuerpo de la mujer".

Durante los seis años que Antonio Martínez vivió y trabajó en la Universidad Libre de

Amsterdam, fueron distintos los encuentros en los que profesionales intercambiaron experiencias con

Edwards. "Así es como la especialidad empezó a tomar forma", reconoció.

"La última vez que vi a Robert Edwards fue el año pasado, para el aniversario número 25 de la

Sociedad Europea, en Holanda. Vino a Argentina, pero no a Mendoza, creo que en 2001, para un

congreso mundial de fecundación in vitro. Lo recuerdo como un maestro, el padre de muchos de los

avances que en reproducción tuvieron lugar durante los últimos 50 años. Si bien ahora está retirado

por algunos problemas de salud (tiene 85 años), siempre se mostró sencillo y accesible a compartir

sus conocimientos, lo cual es muy valorable para la comunidad científica del mundo", remarcó el

médico mendocino.