Las calles del centro de la ciudad albergaron a los peregrinos y devotos de Santiago Apostol en una jornada que mezcló postales de agradecimiento, pedidos de protección y espíritu mendocino.

Un día de fe y tradición

Por UNO

Por Mariana Gil

El fervor religioso por el santo patrono Santiago, a quien se le encomienda la protección frente a los temblores, congregó este miércoles a muchos católicos de Mendoza.

Pese a la gélida mañana, la concurrencia se fue renovando desde muy temprano cuando la imagen de Santiago Peregrino salió de la parroquia San Nicolás, ubicada en la peatonal Sarmiento, donde comenzaron los espectáculos artísticos.

En la noche del miércoles, una velada artística de gala en honor al santo se había realizado en el teatro Independencia con el humor de Jorge Sosa y el talento musical de Lisandro Berlín.

En el día central de la fiesta patronal, mendocinos y turistas se apostaron en las afueras del templo, donde había un patio de comidas con el tradicional puesto de paella y otras comidas típicas, como locro y empanadas.

 

Tampoco faltaron a la cita los vendedores ambulantes, quienes ofrecían espigas con la imagen y oración al santo patrono de Mendoza. 

Este año, el festejo fue declarado de interés provincial por la Legislatura. 

La música que aportó el coro Arquidiocesano Juan Pablo II junto con el ritmo de las danzas folclóricas dieron un toque de color a la tradicional celebración. 

Ya con la presencia del gobernador Paco Pérez y del vice Carlos Ciurca, junto con otros funcionarios locales, se desarrolló a las 15 la procesión con la imagen de Santiago, tallada por la hermana Marta Moroder, por las calles céntricas de la ciudad, la cual fue presidida por monseñor José María Arancibia. 

Entre la gente que se movilizó en la procesión, una de ellas fue Mercedes Cerdá, quien reflejó el espíritu de los fieles y manifestó que “como todos los años, concurro a pedir y agradecer al santo que protege a los mendocinos de los temblores”. 

Al terminar el recorrido, el santo fue recibido con cantos alegóricos y pañuelos blancos antes de celebrar la misa.

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