ver más
Pablo Prodoprígora, ya legendario camarógrafo de Canal 7 por más de 40 años, abrió las puertas de su casa y contó anécdotas y experiencias de trabajo que revelan parte de historia de la televisión mendocina.

Testigo de parte de la historia mendocina con la cámara de Canal 7 al hombro

Don Pedro Trufín Prodoprígora era ruso-ruso. Era un bailarín cosaco, de los que bailaban en cuclillas sobre el lomo de los caballos. Se casó con Ernestina Domínguez y tuvieron cinco hijos: Pablo fue el tercero. A los 15 años, Pablo decidió que bailar sobre los caballos, como su padre, no era para él, y entonces buscó un trabajo no menos emocionante: se dedicó a filmar. Al principio lo hizo como aprendiz aficionado a la cámara y después, como su única pasión. Se considera a sí mismo perfeccionista y cuidadoso al extremo de sus preciados elementos de trabajo. Pablo Prodoprígora, ya legendario camarógrafo de Canal 7 por más de 40 años, abrió las puertas de su casa y contó anécdotas y experiencias de trabajo que revelan parte de historia de la televisión mendocina. Tiene 69 años y se jubiló hace un mes.

-¿Cómo era el trabajo cuando empezó?

-Yo trabajaba para una empresa, Telecine, que hacía la producción de lo que emitía Canal 7 y también algunos comerciales. En esa época se trabaja con películas, había que tomar las imágenes en un lugar -filmábamos 15 o 20 segundos- y después íbamos a revelar las películas.

-¿Cómo era el proceso para poder transmitir las imágenes?

-Cuando llegábamos de las notas, había que, tras el revelado, secar las películas. Teníamos un molinete para que se secaran más rápido. Eso lo hacíamos en la calle Rondeau y Rioja, y desde allí corríamos hasta el canal, por entonces ubicado en los pisos 3°, 4° y 5° del tradicional edificio Gómez, en San Martín y Garibaldi.

-¿Empezó siendo muy joven?

-A los 15 años empecé en Telecine. Necesitaban a alguien que limpiara el laboratorio y también que ayudara a los camarógrafos. Yo salía con ellos y les sostenía las luces, que tenían unos focos grandotes y un montón de cables, nada que ver a lo que son ahora.

-¿Cómo pasó de esta etapa a usar la cámara?

-El trabajo me lo consiguió un vecino de mi familia, y a mí me gustó. De a poco empecé a interesarme y aprendí mirando cómo se usaba una cámara.

-Fue un autodidacta...

-Yo veía que había gente que se ponía la cámara al hombro y no tenía ni idea. Yo empecé aprendiendo despacio y con paso firme.

-¿Trabajaba por una necesidad económica de su familia?

-No, es que en esa época era así: o estudiabas o trabajabas, no había otra opción. Y yo elegí trabajar, y así lo hice durante 50 años.

-¿Qué fue lo que más le atrajo del trabajo?

-La cantidad de lugares distintos a los que uno tenía que ir y las notas que tenía que cubrir. Me empezaron a mandar a hacer policiales, deportes -sobre todo fútbol- y notas de política. Iba todo el tiempo cambiando de lugares y de situaciones. Esto me gustó siempre del trabajo.

-¿Hubo épocas difíciles en la profesión?

-En la época de los militares fue difícil. Mandaron un interventor. No podíamos hacer nada sin pedir permiso. Nos mandaban a filmar maniobras a Tupungato y de Picheuta para arriba. Eran seis o siete horas a lomo de mulas. También íbamos a Uspallata.

-¿Tuvo problemas?

-No, pero gente que yo conocía sí los tuvo. Es más, yo había sido secretario gremial del Sindicato de Prensa y tuve que renunciar, porque a compañeros míos los llevaron presos. A mi casa vinieron a revisar. Me revisaron todo, me dieron vuelta todo y no encontraron nada.

-¿Siguió trabajando después de eso?

-Sí, no tuve problemas. Con el tiempo y con la vuelta de la democracia me devolvieron un prontuario que el Ejército tenía sobre mi persona. Me llamó la atención porque sabían todo lo que hacía, mis datos, los de mi familia: todo figuraba en ese papel.

-Imagino que se debe acordar con qué periodistas ha trabajado desde ese momento hasta ahora.

-Sí, en ese momento éramos compañeros con Osvaldo González, Lila Levinson, Juan Carlos Morales, Marcelo Romanello, Alberto Beato, Susana Fontemacchi y muchos otros.

-En esos momentos era sabido que había compañeros que "pasaban información"...

-Claro. Tengo una anécdota con eso: una vez teníamos que ir a cubrir un evento al Ejército y al mismo tiempo se estaba desarrollando un acto de inteligencia. Nos metimos en este acto por equivocación y había como doscientas personas. Y ahí vimos a periodistas, compañeros nuestros y de otros medios, que pasaban información. No lo podíamos creer. Pero esto no me lo contaron, eh, yo lo vi.

-¿Recuerda algún hecho trascendente que le haya tocado cubrir?

-Me acuerdo particularmente del Mendozazo. Yo estuve ahí. Fue impactante. Los motines en la cárcel, también fueron hechos trascendentes, como el levantamiento de la Policía de Mendoza en 1998.

-¿En algún momento se sintió shockeado en una nota?

-Una vez nos tocó cubrir un incendio donde murieron cinco niños, fue en una finca donde un hombre dejaba a sus hijos encerrados con llave para ir a trabajar. Me dejó muy mal esa nota. Las imágenes eran terribles.

-De los políticos con los que tocó interactuar ¿qué experiencia le quedó?

-Que eran muy falsos. Primero tomaban café con leche con nosotros en el canal, pero después nos saludaban "buen día, buenas tardes", como si no nos conocieran.

-¿Qué buenos momentos le dio el trabajo?

-Los viajes fueron de las mejores cosas que viví en mi profesión. Yo trabajaba con Marcelo Romanello, hacíamos Conociendo. Con él fuimos a Italia, a Estados Unidos, también viajé a Brasil y a Chile.

-¿Qué le impactó más de estos lugares?

-Me impactó mucho Estados Unidos: fuimos recorriendo la cadena de hoteles Hilton, en esa época aquí no se veían tragamonedas. Y allá a la gente le quedaban las manos negras de tantas monedas que recogían. No lo podíamos creer. También estuve en Disneylandia, en el Epcot Center.

-¿Con qué sitio se quedaría de todos los que conoció?

-Con Venecia, recuerdo cuando íbamos filmando en una góndola, por esos canales. Hermoso. Nunca me lo voy a olvidar.

-¿Le hubiera gustado hacer otra actividad y no ser camarógrafo?

-No, a mí me gustó siempre andar con la cámara, salir a la calle. Pude tener algún cargo dentro del canal, pero no quise. Lo mío era ser camarógrafo.

-¿Siempre trabajó para Canal 7?

-Siempre, alguna vez tuve la oportunidad de irme, pero finalmente me quedé.

-¿Cree que extrañará trabajar?

-Por ahora estoy bien. Ya estaba muy cansado después de tantos años. Cuando cumplí los 65 años -y estaba en condiciones de jubilarme- me dijeron que me quedara unos cuatro o cinco meses más, pero pasaron cinco años hasta el retiro.

-¿Ahora qué va a hacer?

-Nosotros, con mi familia, tenemos una sanguchería en Las Heras, El Griego se llama. Yo me dedico a hacer las compras ahí, y también me gusta hablar con la gente, tengo otras actividades además de la cámara.

-¿Cuál fue su primera nota? ¿Y la última?

-La primera fue en una escuela técnica (la ENET N°2) que estaba en calle Irigoyen casi San Martín, cerca del casino. No me acuerdo qué fuimos a hacer, pero sí recuerdo el lugar.

El juicio a los "soldaditos de la Yaqui" -la conocida mendocina acusada en causas por narcotráfico-. ¡Me despidieron con insultos! Esa fue mi última nota.

 Embed      
Nicolás Bordón / Diario UNO
 Embed      
Vintage. Un jovencísimo Prodoprígora posa con una histórica filmadora.
 Embed      
El clan. Pablo con su hija Elcira, su esposa Yolanda  y Pablo, el hijo mayor.

MÁS LEÍDAS