Por Enrique Pfaab
Mientras algunos vecinos del terreno usurpado se agolpaban en la Municipalidad intentando una solución a su vida nómade, un niño buscaba escombros: “Vine con mi hermano a ver si podíamos encontrar unos ladrillos pa´ llevarlos a la cas
Sólo montículos de cenizas quedaron en el predio de Palmira tras el desalojo
SAN MARTÍN – Atrás solo queda tierra removida, montículos de cenizas. Veinte hectáreas de nada. El chico tiene unos 14 años y está sentado sobre una pila de 30 ladrillos, que consiguió juntar mientras revolvía los escombros, vestigios de una usurpación que duró casi dos meses. Hace 24 horas había allí 500 policías y 200 familias, tomadoras y helicóptero. Hoy solo está el muchachito, que dice “vine con mi hermano a ver si podíamos encontrar unos ladrillos pa´ llevarlos a la casa”.
Mientras el pibe espera, ahí en la variante de Palmira, que venga su hermano con una carretilla, en la Comisaría 12 Carlos Hugo García, alias el Flecha, hace uso de su derecho de negarse a declarar. Tampoco hablan con la fiscal María Mónica Fernández Poblet los otros 10 que están detenidos, acusados del delito de resistencia a la autoridad. Seguirán demorados hasta tanto la Justicia confirme quienes son realmente, si tienen causas penales en trámite y cuáles son sus domicilios reales, porque ninguno de ellos fue usurpador, solo promotor de ese acto.
A tres cuadras, en la Municipalidad, unas 30 personas tratan de hablar con el secretario de Gobierno Oscar González. El funcionario recibe a algunos representantes. La reunión comienza áspera pero luego los vecinos ven posible la oferta de conformar una mutual de ayuda mutua, de que les den un lote y poder construir sus casas. Dicen que en total son 150 familias y que las otras 100 que los acompañaban en la toma eran gente venida de otros departamentos (Junín; Maipú; Las Heras; Luján)
El chico que esperaba este viernes cargar los ladrillos en la carretilla es el epílogo de una historia que tuvo su prólogo en 2009 en el barrio Ramonot, sobre el carril Barriales y a 30 metros de la escuela Colombia.
Allí hay un terreno de unas 2 hectáreas de una familia Morcos, con algún conflicto sucesorio y de deudas impositivas. Ese lugar fue ocupado por Hugo Carlos Flecha García que parceló el lugar, se quedó con tres lotes y entregó los otros a algunos allegados suyos.
El Juzgado de Instrucción ordenó el desalojo pero luego la medida perdió sustento legal por la situación irregular que tenía el lote. Entonces García volvió a ocuparlo junto al resto del grupo. Hasta ese momento Flecha García había integrado la Unión Vecinal del Ramonot, pero fue suspendido por esta conducta. Curiosamente días atrás García quiso denunciar en la Comisaría 28 que sus terrenos usurpados le habían sido, irónicamente, usurpados. Como no pudo certificar su derecho legítimo sobre la propiedad, no se le recibió la denuncia.
La historia salta a febrero de 2012. Yoana Martín, una mujer joven, recientemente en pareja, con un bebé y con necesidades habitacionales urgentes, detecta que hay posibilidad de meterse en un predio de los 15.000 metros cuadrados que tiene la fundación Crecer, de seguidores de Sai Baba. La mujer ocupa una parcela y se suman con ellas otras dos o tres familias. Valentín Quiroz, apoderado informar de la fundación, hace la denuncia pero la Justicia le pide que esa denuncia sea confirmada por un apoderado legal, que está en Buenos Aires. Flecha García se entera de esta situación y junta unas 30 familias y las envía a ocupar el resto de la parcela de la fundación.
Al principio no hay inconvenientes entre los nuevos ocupantes y Yoana. Pero luego la cantidad de familias es tanta que ya supera la capacidad de ese predio y Martín se niega a que se instale más gente, ya que ella insiste además que ella tiene voluntad de negociar con los dueños legítimos.
Para la segunda semana de abril las familias que usurpar el lugar ya son más de 100 y ocupan también las tierras de la sucesión de la familia Castro y de la Unión Vecinal José Hernández. Hay un grupo de personas que las impulsa a ocupar. Algunos le adjudican esta incitación a Hugo Flecha García. “En realidad el Flecha aparece formalmente ayer, en medio del desalojo. Antes siempre había sido su hijo mayor el que se mostraba entre la gente y en las reuniones”, dijo el secretario de Gobierno de la Comuna, Oscar González.
A fines de abril se radican las denuncias de la familia Castro y de la Unión Vecinal y comienzan las audiencias de conciliación. Yoana Martín y los ocupantes originales de la Fundación Sai Baba aceptan ofertas municipales de planes habitacionales. El resto se mantiene intransigente.
El grupo de Flecha García instala luz eléctrica y agua potable y los vecinos pagan por estos servicios.
Este viernes Edeste reconoció que la Fiscalía le pidió que constate la condición de esas líneas eléctricas y confirmaron que eran ilegales “pero hechas por gente capacitada” y que “El costo de ese hurto de energía lo afronta la empresa”, según el titular local de la compañía Raúl Stasi.
En los relevamientos socio ambientales se tomaron registro de que había gente que no había pagado nada por asentarse en ese lugar y otros que habían abonado desde $50 a $320. “En un momento apareció un hombre de apellido Fredes, acompañado por abogados, que dijo ser dueño de parte de la tierra de los Castro y ofreció venderles los lotes en cuotas a los ocupantes. Posiblemente sea esta persona la que cobró”, dijo ayer una fuente muy ligada al caso. Los que pagaron no quisieron identificar quienes fueron los cobradores.
La Municipalidad negociaba soluciones para los ex usurpadores que son oriundos del departamento. Los 11 detenidos continuaban en esa condición. Las familias con necesidades ciertas continuaban en esa condición. Y el muchachito esperaba poder llevarse 30 ladrillos de un terreno arrasado por máquinas, mezquindades y ambición.