Alejandro Gameroagamero@diariouno.net.ar
Desde siempre ha existido, en Argentina y buena parte del mundo, la liberación anticipada y progresiva de los delincuentes encarcelados, con el objetivo de favorecer su recuperación y reinserción social. El asesinato de Matías recalentó la discusión
Sólo 130 de los 2.700 presos de Mendoza tienen salidas transitorias

Ahora se las conoce como salidas transitorias y antes se las llamaba régimen extramuros. Desde siempre ha existido, en Argentina y buena parte del mundo, la liberación anticipada y progresiva de los delincuentes encarcelados, con el objetivo de favorecer su recuperación y reinserción social. Incluso, el Código Penal Argentino, sancionado en 1921, establece que el reo tiene la posibilidad de pedir la libertad vigilada al cumplir los dos tercios de su condena.
Sin embargo, la sociedad mendocina, desconocedora de estos menesteres, asistió alarmada esta semana a la “novedad” de que un preso pueda salir unas horas y volver a la cárcel sin haber cumplido la pena y bajo riesgo de delinquir.
Y aunque despotrique contra estos métodos demandando tratos más duros y hasta crueles, lo cierto es que la ley 24.660, que rige la dinámica carcelaria, ya dispone en su artículo primero “procurar una adecuada reinserción social del condenado”, alentando, después de cierto tiempo, a que los internos avancen a sistemas de prisión semiabiertos y autogestionados.
El inexplicable asesinato de Matías Quiroga en el asalto al blindado del viernes 9 ha echado más leña al fuego con relación a este concepto y modalidad de la salida transitoria, tras saberse que dos integrantes de la banda –uno de ellos, el presunto homicida– se fugaron de la cárcel aprovechando ese beneficio para terminar delinquiendo y matando.
Para colmo, también se ha sabido que el juez autorizó el régimen a pesar de un informe psicológico que lo desaconsejaba.
La sensación, tan inmensa como el mar, de que aun tras las rejas los presos tienen más derechos que la gente de bien y que gozan de beneficios de laxitud aberrante se apoderó de la calle. Y con ella, la idea de que la mayoría de los delincuentes no pagan sus crímenes y recuperan la libertad rápidamente.
Beneficios para una minoríaLas cifras carcelarias neutralizan esa sensación, ya que, de los 2.700 presos que hay en la provincia, sólo 130 –una minoría del 4,7%– goza hoy del beneficio de la salida transitoria y otros regímenes similares.
El dato lo confirmó el director del Servicio Penitenciario Provincial, Sebastián Sarmiento, quien dejó en claro que el resto de los presos aún no ha alcanzado esa etapa pero que lo hará conforme vaya cumpliendo su condena.
Sarmiento explicó: “Para llegar a un régimen de este tipo (los condenados) deben cumplir con los requisitos formales que marca la ley, demostrar buena conducta, trabajar o estudiar”.
Contra la creencia popular de que el preso en la cárcel no hace nada, por lo que el funcionario aseguró que “el 70% de los 2.700 internos trabaja o estudia porque si no, nunca logran calificar para estos beneficios”Así, la salida transitoria es un régimen que pretende preparar el regreso a la vida social de quien cumple una condena en la cárcel y está próximo a salir. Un beneficio que recién se otorga cuando se ha transitado la mitad de la pena en prisión.
Castigar o recuperar
Buena parte de la ciudadanía mendocina cree que los delincuentes presos deberían pudrirse en la cárcel hasta morir. Ésa es la mirada del castigo sin fin, como en las mazmorras medievales, donde el único objetivo era encerrar y atormentar.Pero las leyes que nos rigen ordenan a un enfoque conceptualmente opuesto, una visión más civilizada, más noble y alejada de la indignación popular. Es la mirada de la recuperación y la reinserción social, aunque sus resultados estén más bien cerca del fracaso en la práctica, por los altos índices de reincidencia.
Su versión actual está plasmada en la ley 24.660 de ejecución penitenciaria, sancionada en 1996, que reformó la vieja norma que imperaba desde tiempos de Perón.
Establece cómo y cuándo recupera la libertad el condenado luego de pagar su deuda con la sociedad, y cuáles son sus derechos y los tratos que debe recibir tras las rejas, resaltando su condición humana.