Después de la firma del pacto minero federal en la que participó Paco Pérez, la edición papel de Diario UNO publicó este editorial este jueves:
Sanseacabó

“Me jacto de mi coherencia”, lanzó ayer el gobernador Paco Pérez, y cualquier mendocino le podría retrucar con aquel viejo refrán que reza: “Dime de qué presumes y te diré de qué adoleces”. En las cercanías del primer mandatario, los que mejor lo quieren, dicen que tiene un problema con sus declaraciones porque suele contestar con rapidez a todo lo que se le pregunta y más de una vez deja estampadas frases que lo entrampan. Y lo peor es que a veces las lanza sin que nadie le pregunte. Es demasiado obvio que cuando uno es coherente está muy bien que lo elogien los otros.
Lo peor que se puede hacer es ponerlo de relieve uno mismo, por las razones que dejan a la luz el refrán mentado. Nada peor para un hombre público que hablar de sí mismo y mucho menos cuando es para elogiarse. Muchas repeticiones de esto pueden generar en los demás una imagen difícil de remontar. Ejemplos sobran. Es muy raro que alguien que realmente es algo tenga que andarlo postulando por ahí. Lo es y sanseacabó. Si para colmo luego Paco dice: “No soy ni anti ni pro minero” es difícil unir coherencia con posiciones tan poco claras. ¿Qué es el Pérez con respecto a la minería? Porque no hay que olvidar que hoy, sentado en el sillón de San Martín, ya no es sólo un hombre de a pie sino que debe velar por los destinos de todos los mendocinos y hacer lo que más convenga, no sólo expresar sus creencias. Esto corre también cuando tiene que opinar sobre el tema del aborto o sobre la independencia de la provincia de las decisiones de la Casa Rosada, o sobre cualquier tema en el que se juegue no sólo su pellejo sino el futuro de su provincia.
Ya lleva un tiempo Pérez en la gobernación y sigue sumando frases para el olvido. Es hora de que se siente con sus muy buenos asesores en estos temas y mida sus dichos. Para no tener que salir a jactarse después de su coherencia ni de nada. Que sean los hechos los que hablen, que sus comprovincianos solos, sin su ayuda, elogien su coherencia o lo que sea, según la ocasión. Un gobernador tiene todos los días para hablar, pero también para callar.