Por Javier Polvani
Laura Montero (izquierda en la foto) es la única representante de Mendoza que tuvo buen rendimiento según una lista elaborada por un sitio especializado en el Parlamento. Dos quedaron en el podio de los que no presentaron ninguna iniciativa: Patricia F
Salvo una cobista, ninguno de los legisladores mendocinos se destacó por su productividad en el Congreso
Los diputados y senadores nacionales por Mendoza, salvo la radical Laura Montero, no se destacaron entre los legisladores más productivos del Congreso en 2011. Ninguno de los otros 12 comprovincianos electos para legislar en la Nación se destaca entre los 10 integrantes más productivos de cada cámara,
La diputada justicialista Patricia Fadel fue la que demostró peor performance no sólo en comparación con los mendocinos sino con el total de integrantes de la Cámara Baja. No presentó ningún proyecto ni de ley, ni de declaración, ni de resolución, ni de comunicación. El segundo más flojo entre los representantes mendocinos en el Congreso fue el diputado del PJ disidente, Enrique Thomas, quien presentó nada más que un proyecto de declaración. Las iniciativas con pretensiones de convertirse en ley tienen una mayor complejidad tanto en la confección como en el tránsito por las comisiones de las cámaras previo a la puesta a consideración de los plenarios de cada cámara para su aprobación o rechazo. El índice de productividad es proporcional a la cantidad de proyectos que presentó cada legislador durante el año, información que fue publicada por el portal especializado Parlamentario.com. De los mendocinos con banca en el Parlamento (10 diputados y 3 senadores), sólo la senadora Montero se destaca entre los 10 miembros de la Cámara Alta que presentaron más proyectos de ley, de resolución y de comunicación. Con 24 proyectos de ley de su autoria durante el 2011, la ex ministra de Julio Cobos se sitúa en el noveno lugar del ranking. Con siete proyectos de resolución ingresados por Mesa de Entradas del Senado, le alcanzó a Montero para quedar en el cuarto escalón de ese rubro. Y en la grilla de legisladores que plantearon más proyectos de comunicación, ocupa el octavo lugar, con 16 iniciativas presentadas. El año pasado en Mendoza hubo elecciones en agosto y en octubre para todos los ciudadanos, mientras que entre medio se celebraron comicios municipales en San Carlos y Capital. Es un clásico que en los años que hay comicios se presentan menos proyectos y se celebran menos sesiones en el Congreso que los años que no hay elecciones. La mayoría de los parlamentarios mendocinos tuvieron obligaciones en las campañas de sus partidos. Fadel, mientras registraba el pésimo índice de productividad legislativa, integraba la mesa chica de decisiones de la campaña del peronismo provincial y manejaba los hilos del proselitismo de Martín Aveiro para quedarse con la Intendencia de Tunuyán. Distinto fue el caso de Thomas, quien intervino a media máquina en la campaña de la alianza del PD con Rodríguez Saá y Mauricio Macri. El diputado radical Ricardo Mansur fue candidato a intendente de Rivadavia, adonde ganó en las urnas tras un arduo trabajo en el territorio, a mil kilómetros del Congreso. Parecido es el caso del diputado demócrata Omar De Marchi, quien compitió por la jefatura comunal de Luján y perdió a manos del peronista Carlos López Puelles. Mariana Juri, representante radical en Diputados, acompañó al partido en la campaña para la gobernación y también aportó en la carrera a la reelección de Víctor Fayad en Capital. En ninguno de los dos comandos ocupó un rol de conducción. El diputado peronista de extracción sindical Dante González no escatimó recursos ni le restó tiempo a su presencia en la campaña para conseguir la reelección, cosa que finalmente obtuvo. Y su par Omar Félix trabajó en San Rafael para que su hermano Emir conservara el poder municipal, como sucedió. El radical Sergio Pinto apuntaló la campaña de su hermano Gustavo para seguir mandando en la comuna de La Paz. Y los peronistas Jorge Pampa Alvaro y Guillermo Pereyra se entretuvieron en la construcción de un espacio propio que luego fracasó.

