Por Cecilia Amadeo
Son comerciantes mendocinos que viajan en grupos a comprar más barato en el complejo de Lomas de Zamora. Denunciaron que es habitual que les cobren "peaje" en la ruta y en la entrada a la feria.
Robos y aprietes desvelan a los vendedores de ropa mendocinos que van a La Salada

Tienen miedo y por esta razón evitan dar sus nombres y mucho más mostrar su cara. Comerciantes de indumentaria ubicados en las inmediaciones de la calle General Paz, de Ciudad, están preocupados por los robos que sufren cuando viajan a La Salada, la megaferia de ropa ubicada en Lomas de Zamora, al sur del Gran Buenos Aires. Dicen que los asaltos no son nuevos, que son más frecuentes de lo que salen en los diarios y que cada vez se organizan más para ir acompañados.
Dos robos ocurridos en los últimos 20 días pusieron al descubierto una situación vieja. El 2 de este mes un micro con 38 pasajeros fue asaltado en Buen Orden, San Martín, cuando viajaba a la feria. Uno de los viajeros encañonó al chofer, hizo detener el colectivo para que otros tres maleantes subieran y desvalijaran al resto. Se alzaron con un botín de $70.000. El domingo pasado, otros tres delincuentes, con la modalidad de piratas del asfalto, asaltaron en Santa Rosa una tráfic que iba por la ruta 7 y trasladaba a ocho pasajeros. Se llevaron $124.000 y varios celulares.
“Son huevadas. Deben haber viajado con el doble o el triple de dinero, porque con eso no hacés nada, pero si decís que llevás 30 lucas, ¿cómo las justificás?”, confió un comerciante de la General Paz.
Roberto (nombre ficticio) asegura haber hecho decenas de viajes al complejo que nació en 1991 con unos pocos locales en manos de ciudadanos bolivianos afincados en Buenos Aires, con la promesa de progresar en talleres de ropa, y que hoy agrupa más de 15.000 puestos en las ferias Punta Mogote, Urkupiña, La Ocean y la de la ribera (puestos sueltos a la orilla del Riachuelo).
En carne propia
Este hombre, que tendrá unos 30 años pero aparenta un poco más, dice que la primera vez que viajó lo “cagaron a palos” en plena ruta 7, en San Luis, pero que no le robaron nada.
Muy rápido comprendió que el ataque fue a modo de aviso y entendió que el código que se maneja es otro: se paga por seguridad tanto para ir como para volver. En cada viaje a la feria lleva entre $40.000 y $50.000 para hacer las compras y parte de ese dinero está destinado a la seguridad, aunque no supo precisar cuánto.
Tanto el camino de ida como el de vuelta están “tarifados”. Se paga por salir de Mendoza, por viajar hasta Buenos Aires, para entrar a La Salada, para salir de ella y sobre todo, para llegar con el dinero y volver a casa con la mercadería intacta.
A veces se paga en dinero y en otras oportunidades con bultos, pero eso depende “de la cara del buchón”, dice Roberto. Muchos ya saben que deben hacer alguna “comprita” extra para pagar el tributo de la protección. Incluso, hasta reciben pedidos puntuales de prendas. Las acusaciones van para todos lados: policías, gendarmes, inspectores.
El negociante sabe que todo es ilegal, en especial porque el dinero con que compra suele no estar declarado, pero argumenta que es la única manera de mantener su local y a los seis empleados que tiene. “Al cliente no le importa si tiene etiqueta o es de marca. Acá lo que vale es que sea barato y lindo. Lo demás le importa sólo al Gobierno que nos exprime con Rentas y con la AFIP”, declara el comerciante.
En la vereda de enfrente, María (otro nombre ficticio) ordena un pilón de remeras. Ella compra en Flores que es, junto con Once, otro de los puntos favoritos de los comerciantes porque se consiguen buenos precios, es un poco más seguro y nadie hace muchas preguntas.
Es nueva en el rubro porque hace apenas cuatro meses que abrió su local. Por eso está asustada, a diferencia de Roberto que ya conoce el circuito a la perfección. “Con estos robos más otros que nos vamos enterando, nos hemos organizado con otras vecinas para ir juntas y cuidarnos entre nosotras. Esperemos que no nos pase nada”, cierra mientras mira al cielo como pidiendo ayuda divina.