Es por falta de pasturas para alimentar a los animales, que estarán muy débiles para enfrentar el invierno si la situación no cambia.

Por la sequía, murió el 30% del ganado de Lavalle

Por UNO

Decir Lavalle suele remitirnos a chivos asados, tradición huarpe y médanos donde disfrutar delturismo rural. Pero por estas horas, la realidad es muy distinta. Los pobladores del secano están

muy angustiados por la falta de pasturas como la algarroba o el chañar debido a una intensa sequía

de la zona que ha provocado la muerte de cientos de vacas y cabras.

"Se nos mueren los animales de flacos porque no llueve y no tienen pasturas. No es que falta

agua para tomar, sino en el campo para que se críe la hierba", explica Laura Guardia en su puesto

de Asunción, señalando algunas de las vacas a las que intenta salvar de la hambruna.

Algo que será muy difícil porque el animal yace postrado en el corral, claro signo de que

pronto fallecerá.

Lo mismo sucede con las cabras, cuyo escaso peso les provoca el aborto de sus crías o su

propia muerte.

De todos modos los puesteros de Asunción, San José, El Retiro, El Cavadito, Los Médanos hasta

Laguna del Rosario le porfían a la suerte y están comprando afrechillo y alfalfa para darles de

comer y así contra restar las pérdidas de la sequía.

Sin embargo, el esfuerzo no alcanza porque el dinero disponible no compensa la cantidad de

alimentos que suelen necesitar estos animales en esta época del año.

Cada uno come por lo menos 3 kilos de alimento por día, más la pastura. En este momento le

están dando al menos un kilo y le acercan hasta los corrales el agua de los pozos para surtirlos lo

mejor que se pueda.

Los motivos

Entre las razones que enumeran para explicar esta falta de pasturas cuentan la siembra

innecesaria de cohetes antigranizo en el secano, la ausencia de impermeabilización de los arroyos

que alimentaba el río Mendoza antes de la construcción del dique Potrerillos y, por supuesto, la

crisis hídrica de la provincia por las pocas nevadas.

Como consecuencia, calculan que han perdido alrededor del 30% del ganado vacuno y caprino.

Pero lo más grave es que de no llegar las ansiadas lluvias para recuperar las pasturas, u obtener

más recursos para comprar alimentos, muchos más animales morirán durante el invierno.

"Yo no sé que va a pasar cuando lleguen los fríos, porque si el invierno los pilla flacos, se

mueren seguro", pronostica Santiago Traslaviña, un vecino de Laura.

El hombre sabe de desgracias naturales porque el año pasado se le murieron más de 100 cabras

y en la última parición de mayo, otras 30.

Esto significa que debe empezar prácticamente de nuevo su actividad ganadera, porque esas

cabras que murieron deberían haber quedado preñadas para ir recomponiendo la manada.

Ahora tendrá que esperar por lo menos 3 o 4 años.