A sólo diez cuadras del centro de Luján vive Dante José Petinatti (46), quien a causa de un incendio –ocurrido el 11 de agosto– perdió su casa y todas sus pertenencias, quedando prácticamente en la calle él, su esposa y sus once hijos, cuatro varones y siete mujeres (cuyas edades van desde un año hasta los 25).Hoy, en el terreno que ocupaba su vivienda, su residencia pasó a ser un nailon negro y una carpa, en la que duerme junto con algunos de sus descendientes. Luego de la ardua tarea de remover los escombros que dejó el siniestro, se encuentra tratando de reconstruir su morada. Mientras, su mujer, junto con siete de sus hijos, están viviendo en un habitación en la casa de la suegra de Dante, quien la mayor parte del tiempo está en la carpa que instaló en el loteo ubicado en Donado al 671.“Los vecinos, por suerte, nos ayudan mucho, como así también las escuelas de Luján y el Municipio, que me entregó ripio, arena y piedras para poder construir nuevamente mi casa, y se comprometió a darme más materiales. Pero la verdad es que me gustaría destacar a todas las personas que donaron diferentes elementos, así como comida, porque el fuego se llevó todo y no nos dejó nada”, contó Petinatti.En la carpa que dispuso en el terreno duermen él y algunos de sus hijos mayores, que lo acompañan en colchones que tiran en el piso, ya que el fuego no les dejó ni las camas.“Hace 20 años que vivo acá, ésta era la casa de los abuelos de mi señora, y estaba viejita ya; por eso yo en su momento intenté que el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) me adjudicara una casa, pero nunca lo conseguí”, cuenta Petinatti, que se desempeña durante la mañana como obrero de la Municipalidad de Luján y por las tardes hace changas en un corralón de ese departamento.Cuando uno llega a la casa se observa ya la fachada de lo que fue la vivienda con importantes daños y sin techos. Al entrar están algunos de los hijos de la familia Petinatti trabajando duro para levantar nuevamente su vivienda, así como muchos amigos de Dante, quienes van religiosamente todas las tardes a darle una mano en la obra.“Por donaciones voy consiguiendo fierros; la municipalidad nos dio ripio, arena y piedras, pero aún nos faltan materiales, y eso de verdad me desespera mucho, porque me gustaría poder terminarla lo antes posible”, manifestó Dante, quien destacó que, por miedo a los robos, se quedan durmiendo en la carpa. “Siempre hay quienes se aprovechan de las desgracias ajenas, y sí o sí nos tenemos que quedar acá para proteger lo poco que tenemos y nos han dado las personas, más que nada por el tema de los robos. Igualmente, no pienso irme hasta que no termine”.


