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Opinión: Hacer lugar a la autocrítica

Por Juliana Argañaraz

No digo que todos, pero sí estoy segura de que varios de los reclamos más frecuentes que hacemos los usuarios de micros tienen mucho que ver con acciones que nosotros mismos cometemos impunemente, sin miedo a la leve carga de culpa que implica atentar contra lo que es “de todos”.

Nos quejamos por el mal estado de los refugios de las paradas de colectivos, espacios pensados y colocados ahí para que tengamos dónde sentarnos o protegernos de la lluvia y del sol. “No puede ser que la Municipalidad tenga esto así, en este estado. Es un horror”, decimos nosotros, y después sacamos un marcador del bolso e inmortalizamos en el banco de la parada una frase de esa canción tan linda que escuchamos hoy.

La reforma del sistema de transporte de Mendoza (ocupa páginas enteras en los diarios y charlas entre pasajeros que esperan un micro, y horas y horas de agenda de quienes son sus responsables) nunca será posible –si se me permite arriesgar– sin nuestro compromiso de empezar a cuidar como propio lo que también es del otro.

Dejemos y exijamos que los que deben se ocupen de garantizarnos frecuencias convenientes y boletos a precios accesibles, pero sepamos también que los refugios en mejores condiciones, los asientos cómodos y sanos, los pisos limpios, las máquinas en buen estado y los choferes de buen humor también dependen de nosotros.

Para pensar.

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